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Mil y un nombres de los pinos canarios (1)

En esta primera parte, aquellos con nombres históricos y religiosos...

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Desde la conquista hay referencias a ‘Pinus canariensis’ con nombre propio. En la primera parte de este artículo, aquellos con nombres históricos y religiosos (como el de la imagen sobre estas líneas: el Pino de la Virgen en el camino de Las Vueltas cuando atraviesa El Paso, fotografiado a finales del s.XIX). Décimoséptima entrega de la serie “Árboles de Canarias” de Juan Guzmán. [En PELLAGOFIO nº 29 (2ª época, marzo 2015)].

Por JUAN GUZMÁN OJEDA
Ingeniero técnico forestal

Tenemos el convencimiento de no errar al afirmar que Pinus y Phoenix, seguido del gentilicio canariensis, nuestro pino y nuestra palmera, han dado lugar a buena parte de la toponimia regional. Sin embargo, existen y existieron muchos pinos con nombre o historia propia, aunque no así es el caso la palmera. Y es que aunque ambas especies son señas de identidad, lo cierto es que la longevidad es la marca la diferencia, permitiendo al pino canario un mayor grado de polimorfismo y singularidad.

Los pinares, hoy tranquilos y solitarios, presentaron un aspecto muy diferente hasta la primera mitad del pasado siglo. Antaño sirvieron de rutas de intercambio entre poblaciones, de peregrinación hacia el santuario, de mudanzas de los enseres e incluso de traslado de los difuntos hasta el camposanto. Pero sobre todo los pinares fueron muy transitados por ser fuente de sustento a través de diversos usos, desde el constructivo al energético, pasando también por el agrícola y el medicinal. Todavía hoy tras los incendios, cuando asoma la desnudez del suelo, sorprenden las múltiples sendas que de repente emergen, caminos que aparentemente no llevan a ninguna parte, salvo a los rincones del propio pinar.

Y es así que a través de los años, en todas las islas de pinar, fueron surgiendo mil y un nombres específicos para designar y relacionar diversos pinos padre con las vicisitudes, imaginación y opiniones de errantes, trabajadores y moradores locales. En el presente artículo queremos recopilar y rescatar algunos de estos apodos, en la certeza de que muchos ya se han extinguido o pudiera que no resulten del todo ciertos.

La mayor parte de los ejemplares concernientes al culto religioso destacan por sus grandes portes y es que el carácter sagrado fue un factor que, más allá de la protección divina, ayudó a su respeto general

Comenzando por los pinos relacionados históricamente, conviene citar al menos dos: el Pino de Tanausú junto al sendero que lleva desde la Cumbrecita hasta El Riachuelo, en El Paso (La Palma) y el Pino de la Victoria en La Victoria de Acentejo (Tenerife). Del primero se cree que en ese lugar fue capturado el bravo líder benahorita, mientras que junto al segundo se celebró una misa el día de Navidad de 1495, para conmemorar la definitiva conquista castellana.

Por su parte, son muchos los pinos concernientes al culto religioso, en especial por encontrarse junto a las ermitas o basílicas, o en los caminos marianos hacia las mismas. La mayor parte de estos ejemplares destacan por sus grandes portes y es que, no en vano, el carácter sagrado fue un factor que, más allá de la protección divina, ayudó a su respeto general.

Tan solo en La Palma se cuentan hasta tres con el nombre de Pino de la Virgen: en El Paso, Puntagorda y Fuencaliente, aunque el del municipio sureño también es conocido como Pino de Santo Domingo. Hace mucho tiempo ya que desapareció el Pino Santo de Teror (Gran Canaria), donde el topónimo invertido releva a la patrona canariense, más conocida como Virgen del Pino.

De costumbre hispánica, asimismo, era instalar una campana sobre el pino antes de construir la ermita, de ahí el Pino Campanario en Las Vegas

De costumbre hispánica, asimismo, era instalar una campana sobre el pino antes de construir la ermita, de ahí el Pino Campanario en Las Vegas, en Granadilla de Abona (Tenerife), sobre cuyas ramas oscila una campana verde y mimetizada, aún en uso.

La construcción de templos católicos, también estuvo precedida por la colocación de imágenes, marcos y ornatos en los huecos del propio pino, espacios que había que mantener a golpe de hacha para que la madera no engullera estos objetos. Aun así no sería extraño que alguna imagen, colocada sobre algún pie alejado y olvidado, acabara por integrarse definitivamente en la madera. Otros pinos, como el enorme Pino de la Cruz en El Pinar (El Hierro) o el Pino del Buen Paso en Icod de Los Vinos (Tenerife) presentan el hito de la cruz cristiana junto a sus bases.

Mención aparte lo constituye el denominado Pino del Señor en el antiguo cementerio de Arafo (Tenerife), singular ejemplar que es el centro de su propia capilla.

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