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El cardón que desapareció de Lanzarote

David Bramwell recorre en esta ocasión el norte de esta isla, recordando varios viajes desde finales de los años 60 del siglo XX...

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David Bramwell recorre en esta ocasión el norte de Lanzarote, recordando varios viajes desde finales de los años 60 del siglo XX, ya fuera con Enrique Sventenius o con Zoë Bramwell (su esposa), con la anécdota de haber visto y luego no encontrar más a la ‘Euphorbia canariensis’. [En PELLAGOFIO nº 35 (1ª época, noviembre 2007).]

Por DAVID BRAMWELL
Director del Jardín Botánico Canario “Viera y Clavijo”

Hace muchos años, en 1969, tuve la suerte de explorar los riscos de Famara con don Enrique Sventenius pero, por razones de tiempo, nos quedamos sin la oportunidad de visitar el malpaís de la Corona. Aquello quedó como una asignatura pendiente hasta 1978, cuando Zoë y yo hicimos una excursión por el norte de la isla. Bajamos desde Haría, con sus espléndidos palmerales y vistas hacia la montaña de los Helechos. Pasamos por las áreas de picón [ceniza volcánica] con sus cultivos de vid y vimos las grandes extensiones amarillas que ocupa el corazoncillo (Lotus lancerottensis) y, en algunas zonas más rocosas, la ocasional cerraja leñosa (Sonchus pinnatifidus) y el tajinaste de Famara (Echium famarae). En los malpaíses de Máguez observamos una vegetación interesante, con la tabaiba dulce (Euphorbia balsamifera) y algún ejemplo de tabaiba amarga (E. regis-jubae), junto al abundante tasaigo (Rubia fruticosa).

Me corté un dedo con mi cuchillo, intentando coger una muestra para el herbario de alguna planta y Sventenius, inmediatamente, preparó una maceración del tallo de un verode, diciéndome que la savia de esta planta detenía la hemorragia

Una curiosidad de esta excursión, que anotamos en el cuaderno de campo, fue la presencia de un cardón (Euphorbia canariensis) en el malpaís, pero todos los intentos posteriores de reencontrarlo han sido en vano y los últimos estudios de Lanzarote destacan la ausencia del cardón en la isla. La abundancia de matos del verode en este recorrido me hizo recordar una pequeña anécdota de la visita a la isla con don Enrique, cuando en uno de los andenes, debajo de las Peñas del Chache, me corté un dedo con mi cuchillo, intentando coger una muestra para el herbario de alguna planta y Sventenius, inmediatamente, preparó una maceración del tallo de un verode, diciéndome que la savia de esta planta detenía la hemorragia y actuaba como antibiótico. Y la verdad es que la herida se curó muy rápidamente.

Don Enrique me contó que el truco se lo había enseñado su fiel ayudante de campo del Jardín de Aclimatación de Tenerife, don Israel Bello. En fin, al atardecer llegamos al pequeño pueblo de Máguez y después de tomar una cerveza allí tuvimos que volver a Haría, por la ruta mas rápida de la carretera, para recoger el coche y volver a Arrecife.

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