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Paraíso de flora en unos pocos metros

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David Bramwell hace su propio recorrido de la conocida como ruta del tajinaste azul y escribe cómo fue su exploración por el sendero que va de Tenteniguada a la caldera de Los Marteles en busca de plantas como el cabezón de Gran Canaria o la pata de conejo, concluyendo su columna de “Cuaderno de campo” con un buen bocadillo, vino y ron. [En PELLAGOFIO nº 32 (1ª época, mayo 2007).]

Por DAVID BRAMWELL
Director del Jardín Botánico Canario “Viera y Clavijo”

El chófer del Cabildo, don Roque, nos dejó a Pepito Alonso y mí en El Rincón de Tenteniguada con instrucciones precisas de recogernos arriba por la tarde, en las cercanías de la caldera de Los Marteles. Fue un día espléndido y, mientras subíamos hacia el roque Grande, empezamos a encontrarnos un paraíso de la flora canaria. Nos llamó la atención la presencia de tajinastes de todos los colores, la pequeña población de Bencomia caudata y la gran cantidad de veroles diferentes (en especial la importante población de Aeonium spathulatum [en la imagen de cabecera], que aquí tiene su mayor presencia en Gran Canaria). Si recuerdo bien, sólo nos faltaba encontrar el bejeque Aeonium virgineum para tener todos los miembros del género Aeonium nativos de Gran Canaria en unos metros cuadrados de los riscos de Tenteniguada.

Sólo nos faltaba encontrar el bejeque Aeonium virgineum para tener todos los miembros del género

Aeonium nativos de Gran Canaria en unos metros cuadrados de los riscos de Tenteniguada
Estuvimos buscando algunas plantas muy especiales, como la flor de mayo leñoso, en este caso sin éxito. Pero unos meses antes un botánico francés nos dijo que había encontrado unos pocos ejemplares del cabezón de Gran Canaria (Cheirolophus arbutifolius) cerca del roque Grande y, después de media hora de búsqueda, las localizamos. Un hecho curioso, porque la principal distribución de esta especie es en el lado occidental de la isla, principalmente en los riscos de Guayedra, Los Berrazales, etc.

Seguimos subiendo durante toda la mañana, parando de vez en cuando simplemente para admirar la naturaleza en todo su esplendor, hasta llegar a la salida del camino en los altos de los riscos. Caminamos entonces en dirección a la caldera de Los Marteles. Tuvimos todavía tiempo para meternos un poco por las laderas de la caldera, donde encontramos otras especies de gran interés, como la población de pata de conejo (Silene tamaranae) todavía por estudiar en detalle como posible especie nueva. Alrededor de las cuatro de la tarde apareció don Roque con los bocadillos, una botella de vino y un poco de ron para “reponer las fuerzas después de tanta subida”.

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