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Una visita mágica: el bosque de Agua García

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El bosque de Agua García y las curiosidades del sendero que lo atraviesa, en Tenerife, inspiran la columna de David Bramwell, que se centra, naturalmente, en la flora que este botánico vio y disfrutó en 1969 durante su primera visita al lugar. [En PELLAGOFIO nº 39 (1ª época, marzo 2008)].

Por DAVID BRAMWELL
Director del Jardín Botánico Canario “Viera y Clavijo” de 1974 a 2012.

El invierno de 1968-1969 se caracterizó por unas lluvias intensas,
especialmente en el norte de Tenerife, y la primavera se presentó a continuación con una floración espléndida. Tuve la gran suerte y la oportunidad de pasar toda esa época, entre octubre y julio, en el archipiélago, explorando y estudiando su flora y sus bosques. Había leído las palabras del botánico escandinavo Borgesen sobre los magníficos viñátigos del bosque de Agua García en sus Contributions to the Knowledge of the Vegetation of the Canary Islands (1924), así que le preguntamos a don Enrique Sventenius por tan famoso lugar.

Él nos habló de su historia más reciente, de la tala de muchos árboles, de cómo se destruyó su vegetación y no quería volver allí. Nuestra insistencia consiguió convencerlo y un domingo nos dirigimos a visitarlo. Durante todo el camino don Enrique nos habló de otros bosques: Las Mercedes, El Cedro en La Gomera (su favorito), Los Tiles de Moya, todos ellos, decía, muy castigados por el hacha. Así que, después de una parada para almorzar y “probar –dijo– los excepcionales vinos de Tacoronte”, llegamos a Agua García y entramos en el barranco de Toledo, con su arroyo de agua cristalina rodeado por laurisilva.

Fue una maravilla ver aquellos enormes viñátigos , con la base del tronco de más de cuatro metros de diámetro, y la riqueza del sotobosque cubierto de bicácaros y crestas de gallo

Fue una maravilla ver aquellos enormes viñátigos (Persea indica), con la base del tronco de más de cuatro metros de diámetro, y la riqueza del sotobosque cubierto de grandes extensiones de bicácaro (Canarina canariensis) y la cresta de gallo (Isoplexis canariensis). Don Enrique empezó a entusiasmarse, contándonos que hace muchos años él había encontrado una de las especies mas raras de Tenerife, la flor de mayo leñoso (Pericallis multiflora), en esta zona. Pasamos la tarde explorando el barranco de Toledo y el Salto Blanco. Encontramos joyas de la flora como el delfino (Pleiomeris canariensis), el mocán (Visnea mocanera)y el naranjero salvaje (Ilex platyphylla), pero ni rastro de la flor de mayo, así que, entrando ya la noche, abandonamos el lugar para volver a la Orotava. En casa de don Enrique, en el Botánico, tomamos nuestra tradicional copa de coñac mientras escuchamos un poco de música clásica, el concierto de trompeta de Haydn. De madrugada, Zoë y yo salimos para nuestra casa de San Juan de la Rambla, reflexionando por el camino sobre la auténtica magia de los viñátigos de Agua García.

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