Home»Rutas»Virtus Probata Florescit»El comercio de vino con Londres, origen del gentilicio “conejero”

El comercio de vino con Londres, origen del gentilicio “conejero”

"Hay veces en que uno se sorprende con el origen de ciertos términos que, por habituales, a veces no reparamos en el porqué de su origen. Eso me sucedió...

6
Compartido
Pinterest Google+

“Hay veces en que uno se sorprende con el origen de ciertos términos que, por habituales, a veces no reparamos en el porqué de su origen. Eso me sucedió cuando leí unas viejas cartas de un archivo de comercio del siglo XVIII”, escribe Carlos Cólogan en su tercera entrega de Virtus Probata Florescit, su columna en PELLAGOFIO. [En PELLAGOFIO nº 57 (2ª época, octubre 2017)].

columnista-carlos-cologan-3bPor CARLOS CÓLOGAN SORIANO
Escritor e investigador

Hay veces en que uno se sorprende con el origen de ciertos términos que, por habituales, a veces no reparamos en el porqué de su origen. Eso me sucedió con el gentilicio “conejero”, en el cual no había reparado hasta hace un año cuando leí unas viejas cartas de un archivo de comercio del siglo XVIII.

Estas misivas las intercambiaba un comerciante del Puerto de la Cruz, llamado Tomás Cólogan Valois en Tenerife con la empresa londinense Cologan, Pollard & Cooper [Juan Cólogan Valois, William Pollard y James Cooper]. Esta segunda empresa operaba desde la calle Swithin’s Lane de Londres, muy cerca del actual London Bridge y en ella participaba como socio un hermano menor del anterior, llamado Juan.

La compañía londinense había sido fundada en 1778 y operaba en la City como un captador de contratos de suministro de vinos en Londres y, gracias a ésta, en los años anteriores había firmado varios contratos con la mismísima Royal Navy por varios miles de pipas. Estos contratos permitían que recalaran en la isla de Tenerife numerosos navíos militares para cargar vino y que luego complementaron con agua y carne fresca. El contrato lo firmaba en Londres Cologan, Pollard & Cooper y en Tenerife era otra compañía llamada Juan Cólogan e Hijos la que los subía a bordo. La compañía hispano inglesa fue una verdadera precursora en el comercio internacional, pues al firmar esos contratos Tenerife pudo cargar vinos en la Bounty o en la First Fleet [la flota de guerra británica] de camino a Botany Bay, Australia.

La compañía hispano inglesa fue una verdadera precursora en el comercio internacional, pues al firmar esos contratos Tenerife pudo cargar vinos en la ‘Bounty’ o en la flota de guerra británica

La compañía tinerfeña tenía como vocación fundamental la exportación de vinos pero también exportaba otros productos complementarios como la orchilla y la barrilla para la fabricación de jabones y la cochinilla para tintar los textiles de rojo. Los dos primeros eran de naturaleza vegetal y el último extraído de un insecto.

‘Rabbit skins’
Todos estos productos ya hacía varias décadas que se abrían paso en el creciente mercado textil inglés, que crecía al albur de un proceso de industrialización inédito en Europa. En una carta del 1 de mayo de 1792, la compañía londinense decía:

Con respecto a la Orchilla, empezamos a sentirnos algo incómodos porque los fabricantes no han venido a recibirnos y tememos que, por unanimidad, hayan decidido mantener los precios bajos a pesar de nuestros esfuerzos por incrementarlos. Ellos utilizan diariamente cada vez más sustitutos que, mezclados con hierbas canarias, disminuyen sobremanera el consumo de su Orchilla, por estos métodos y los pocos suministros que ellos obtienen de vez en cuando, podrán aguantar muchos meses. Por ello tendremos una reunión con los titulares y trataremos de ver cuál es el mejor modo de satisfacer nuestros mutuos intereses… Mantendremos una nueva conversación con los Comisarios en relación al Contrato de carne de res, aunque no vemos qué cambio se podría hacer en la redacción del mismo, sin hacerlo todo de nuevo. Al pie encontrará, para su buen gobierno, las medidas de todos los vinos en el navío Diana, en nuestros almacenes donde le prestaremos toda nuestra atención. Desearíamos que hubiera aumentado el número de pieles de conejo ya que están muy demandados.

Para canalizar la exportación de estos productos alternativos, la compañía Juan Cólogan e Hijos tenía numerosos contactos en Lanzarote que les proveían de todos esos productos. Entre los más frecuentes en el carteo con Lanzarote de 1792 se encontraban; José González Rancel, Julián Rocío, José Felipe Rodríguez de Medina, Bernarda de Orihuela, Juan Bernardo Cabrera, Marcelo Carrillo [también productor de aguardientes], Mariano José de Paz, el notario Nicolás de Currás y Ginés de Castro. Todos ellos en mayor o menor medida canalizaban sus exportaciones hacia Tenerife para luego seguir hacia Europa y, fundamentalmente, Londres.

El motivo real del “compromiso” de los capitanes no era ni el vino ni las pieles de conejo, sino el oro y la plata de contrabando que llevaban a Londres procedentes de las Indias españolas

Compromiso… con el oro
Además de los productos antes mencionados, figura en las cartas la exportación de pieles de conejos o skin rabbits. Muchas de esas pieles eran exportadas por el puerto de La Tiñosa, al sur de Arrecife (en Lanzarote), desde donde también partía ensacada la cochinilla. Entonces las pieles eran trasladadas al Puerto de la Cruz y desde allí hacían la ruta a Londres compartiendo espacio en las bodegas con los vinos. Los navíos que hacían esa ruta son de sobras conocidos. Eran el Earl of Sandwich del capitán John Cochran, el Scipio de capitán Samuel Kirkman y el Emerald del capitán Ogiluce, todos ellos con punto de partida en el Puerto de la Cruz y haciendo tres o cuatro viajes al año.

Grabado del río Támesis de Londres de finales del siglo XVIII.| FOTO ARCHIVO CARLOS CÓLOGAN
El comercio de Tenerife con Londres era atendido específicamente con estos barcos cuyos capitanes tenían un elevado grado de “compromiso” con las islas. El motivo real de ese compromiso no era ni el vino, ni la orchilla, ni las pieles de conejo. Eran el oro y la plata de contrabando que llevaban a Londres procedentes de las Indias españolas. Así pues, el comercio isleño era mucho más complejo y variado de lo que pudiera parecer y la plaza londinense era un destino mimado en extremo, que hacía que la dependencia de las islas Canarias con esa ciudad fuera casi mayor que con cualquier otro puerto peninsular o europeo.

Queda para una investigación más exhaustiva el saber por qué la población de conejos en Lanzarote era tan cuantiosa como para permitir tan masiva exportación. Tal vez pudiera ser que la población inglesa de estos animales estuviera esquilmada u ambas cosas a la vez, pero lo cierto es que es muy habitual ver las referencias a los rabbit skins en las cartas de aquellos años.

Con un poco de esfuerzo, tal vez se pueda indagar quienes fueron los que primero acuñaron este curioso gentilicio que desde finales del siglo XVIII acompaña a Lanzarote

Desconozco dónde se acuñó el término conejero, si bien fue puesto en Londres como otros conocidos anglicismos o bien fue puesto por los comerciantes del vino, lo cierto es que ese comercio duró lo bastante para que comenzara a denominarse como conejeros a todos los que venían de Lanzarote.

La investigación por supuesto está inconclusa, pero solo basta echar un vistazo al archivo de la Casa de Comercio de Juan Cólogan e Hijos depositado en el Archivo Histórico Provincial de Santa Cruz de Tenerife para ahondar en el comercio de Lanzarote del siglo XVIII. Con un poco de esfuerzo, tal vez se pueda indagar quienes fueron los que primero acuñaron este curioso gentilicio que desde finales del siglo XVIII acompaña a Lanzarote.

Anterior

Cabrillas con galleta de tinta de calamar

Siguiente artículo

Tercera oportunidad para la cabra canaria dos veces extinta

1 Comentario

  1. Joaquín González Guerra
    octubre 12, 2017 at 1:25 pm — Responder

    excelente aportación histórica. Profano agradecido

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *