Cita con Canarias

Águedo Marrero, incansable explorador y taxónomo

«Como planta invasora el rabo de gato es la primera amenaza para la flora canaria»

«La recuperación del sabinar de Gran Canaria en algunos lugares es asombrosa», dice Águedo Marrero Rodríguez en esta entrevista en la que hace un repaso por su vida de biólogo en el Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo, las historias de algunos de sus descubrimientos y el estado de la flora autóctona en Canarias. [Versión extensa de la entrevista publicada en la edición impresa de PELLAGOFIO nº147 (2ª época, febrero 2026)].

«El drago canario y el drago de gran canaria se parecen como un huevo a una castaña»ÁGUEDO MARRERO


Por YURI MILLARES

Nada menos que 38 taxones de plantas nuevas identificadas para la ciencia se deben a este biólogo: 2 géneros, 26 especies, 9 subespecies, 1 variedad. Entre ellos están la identificación del drago exclusivo de Gran Canaria, o el descubrimiento de la no menos exclusiva yerba de plata arminda en una curiosa excursión en solitario repleta de anécdotas que aquí relata.

El biólogo Águedo Marrero con el edificio central del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo. | FOTO Y. MILLARES
■ OJO DE PEZ / Clase magistral de flora exclusiva
Escuchar a Águedo supone siempre disfrutar de una clase magistral, por el tono didáctico y la cantidad de información que comunica para el interesado por la botánica de las Islas. La cita tuvo lugar en el edificio que acoge el herbario del Jardín Botánico Canario, la sesión de fotos posterior fue en la plaza Viera y Clavijo del propio jardín, un imponente mirador con vistas a la flora macaronésica que distingue al Archipiélago ●

—Antes de comenzar me decías que te gusta mucho la geología, pero estudiaste biología. ¿Cómo arrancó tu vocación por las plantas?

—Es curiosidad. Me recuerdo como un niño motivado, muy motivado, interesado por cualquier cosa, aunque muy formal. Un niño bueno para mi familia, pero curioso. Cuando hacía el bachiller superior, yo quería hacer Arquitectura, pero mis posibilidades de mantener la beca eran muy complicadas, con lo cual terminé metiéndome en Magisterio. Me gustaba, sacaba buenas notas en las didácticas y casi me llegué a enamorar de la enseñanza, pero el sueño de llegar a la universidad seguía ahí.

“Opté por hacer el curso puente y me fui a hacer Biología, aunque sin ningún tipo de entusiasmo especial y menos de vocación. Pero al final, como pasó con magisterio, o me hubiera pasado con cualquier otra cosa, me enamoré de la biología. Me lo tomo en serio, pero salía muchas veces de excursión con la gente del departamento de Botánica, incluyendo a veces el profesor Wolfredo Wildpret de la Torre. El coche partía de delante de la fachada de la Universidad y si había hueco les podía acompañar. Así pude salir con ellos a distintos sitios unas cuantas veces en distintas campañas. Me gustaba.

—¿Influyó Wolfredo Wildpret en tu afición (o vocación) por la botánica?

—No. Al contrario, él había diseñado un curso puente orientado a las disciplinas modernas de la biología celular, la bioquímica y la genética, dando por válida la botánica de Magisterio, según me contó en una de las excursiones. Un día me ofreció la posibilidad de probar en su departamento, pero yo en aquel momento tenía otras ilusiones. Conocía a profesores y alumnos de botánica por las excursiones, por los encuentros.

«Les llamaba mucho la atención mientras ellos estaban con las fichas yo les decía de lejos “eso es un laurel, un barbusano, un palo blanco o un mocán”»

“Les llamaba mucho la atención, cuando íbamos a en las Mercedes o a Anaga, que mientras ellos estaban con las fichas y las claves para ver las diferencias entre el laurel y el barbusano, cogiendo una hojita para mirarla bien, yo les decía de lejos «eso es un laurel, un barbusano, un palo blanco o un mocán». Lo había aprendido con mi padre en el campo, una persona curiosa e interesada por un montón de cosas y las transmitía. Era agricultor, encargado de una finca, alguien tremendamente motivado y un manos hábiles de entonces. Lo mismo arreglaba un arado que una puerta o un banco, una bisagra o una cerradura, era el practicante del barrio y sin ser curandero conocía infinidad de plantas que aplicaba con esmero para distintos males tanto en las gentes como en los animales. Algo de sus genes le tengo que agradecer.

«Antes se compraba el millo ‘chavetudo’ (argentino) y traía muchas impurezas y semillas de cultivos de allá»

“Una vez se encontró una planta, que no había visto en su vida, en medio de los surcos del millo. Le puso un corralete de piedra para protegerla porque quería saber en qué terminaba aquello. ¡A saber cómo llegó la semilla!, probablemente porque antes se compraba mucho el millo chavetudo que le llamaban, el millo argentino que se compraba cuando no había millo de la tierra y traía muchas impurezas y semillas de cultivos de allá. Recuerdo que cuando preparábamos el millo para tostar (a mí me tocaba tostarlo a veces) antes lo teníamos que mondar, como se mondaban las lentejas, el arroz o lo que fuera, y quitarle las piedritas, palitos o cualquier otra impureza. Cavilo que lo que mi padre se encontró en aquel surco, que le llamaba tanto la atención, era alguna de estas semillas escapadas de las mondas del millo para el tostado.

—Este año estamos viviendo un invierno muy potente que ha cambiado el paisaje. Lo verde que está toda la isla no lo hemos visto en años. Me lleva a preguntarte, ¿cuánto ha cambiado la vegetación del Archipiélago desde que las islas están habitadas? Quiero decir, ha habido un impacto tanto con los aborígenes como en los siglos posteriores de colonización del territorio. ¿Cómo ha sido ese impacto?

—Ha sido en ambos sentidos, es decir, ha sido un vaivén. Es obvio que cuando el hombre ocupa el territorio, da lo mismo que sea en la época prehispánica o posterior al siglo XV: hay un cambio por la necesidad del uso, la necesidad de la tierra, el pastoreo o la roturación. Lo conocemos bien aquí en Gran Canaria por las datas (reparto de tierras) tras la conquista. Cuando el territorio se reparte es para que se explote y si no se explota, puede dar lugar a las desamortizaciones.

“Ocurrió en el barranco de la Virgen, con una data concedida a la Virgen del Pino para ayudas económicas a la Iglesia. Pasado el tiempo, los obispos no habían hecho nada en el barranco y el Gobierno, con el ministro Madoz (ya había empezado la desamortización con Mendizábal), expropia en una segunda tanda, le quita esa propiedad a la Iglesia y la pone en venta. De tal manera que se divide en fincas y pasa a familias pudientes, a los Barbosa, a la Marquesa, a la Heredad de Agua de Arucas y Firgas, a los Sarmiento, a los Del Toro, a los Naranjo y otras familias que inmediatamente talan las laderas y roturan por todo el barranco de la Virgen.

«Hay un retorno a lo verde que es importantísimo, y no solo por las reforestaciones, también por la propia voluntad de las plantas»

—Hay un impacto con los nuevos usos del suelo.

—Claro, todo eso va transformando el paisaje. A veces se dice que los aborígenes también, pero ellos eran pocos miles. De donde viene realmente el uso de los montes públicos es cuando se usurpan o se entregan como datas para su explotación. Y después también para el uso de su madera como combustible, que llega a un extremo tal que entre finales del siglo XIX y principios del XX la isla de Gran Canaria (y otras también) está completamente pelada. De tal manera que hay gente, por ejemplo mis propios abuelos, mis tíos o mis padres, que no recordaban en la cumbre un solo árbol. Cuando iban caminando a Las Tirajanas, subiendo por las cumbres, se les hacía realmente duro en julio o agosto, iban de madrugada porque no tenían una sombra donde descansar.

“Pero desde esa fecha hasta la actualidad ha cambiado muchísimo. Hay un retorno a lo verde que es importantísimo, y no solo por los esfuerzos que se hicieron con las reforestaciones (que ahora, no sé por qué, están un poco menguadas, cuando todavía queda mucho espacio por reforestar), sino también por la propia voluntad de las plantas, que cuando tú les dejas el espacio libre (pasa sobre todo en medianías en terrenos abandonados), terminan siendo bosques. Y a veces nos sorprende (también ha sucedido en Tenerife y otras islas), que bosques que creíamos primigenios, que nunca habían sido talados, los grandes incendios han dejado al descubierto bancales ocultos en medio de la vegetación. Con lo cual vemos que hay una recuperación.

«Creo que ahora abusan de la limpieza, porque mantienen el pinar, pero arrasan con el sotobosque y no lo dejan crecer»

“Tenemos que decir que actualmente no tenemos el ambiente de principios ni de la mitad del siglo XX, sino uno muchísimo más forestado. Eso nos trae un poco de cabeza, sobre todo a los equipos de contraincendios y a las propias administraciones, aunque creo que ahora abusan de la limpieza, porque mantienen el pinar, pero arrasan con el sotobosque y no lo dejan crecer, en detrimento de la biodiversidad. Y se justifican las quemas prescritas y la gestión forestal con los incendios.

«Obviamente, si no hay nada que quemar, no hay incendios. En esa época de mitad del siglo XX hacia atrás, ¿qué incendios iba a haber? No había nada que quemar, porque las propias ovejas o las cabras y el hombre tenían las montañas completamente peladas. Y se nos olvida las consecuencias que esa situación tenía con unos años de sequías, de plagas y de hambre, forzando la migración que muchas veces resultaba dramática. Otra cosa es lo que está pasando en todas las islas con el desarrollo urbanístico turístico, el incremento de la población, la proliferación de paseos marítimos sin contemplaciones, etc., que afecta principalmente a las zonas bajas.

«Mis padres tenían que salir una vez a la semana por los caminos a buscar leña y a veces con lo que llegaban era con pencas de pita secas»

—Aparte de por la necesidad de leña, que la gente recogía para los hogares.

—Anécdota familiar. Mis padres tenían que salir una vez a la semana por los caminos a buscar lo que pudieran encontrar, para hacer un pequeño fajo de leña o de lo que fuera. Y a veces con lo que llegaban a casa era con unas pocas pencas de pita secas de las del lado del camino —subraya en la entonación—, no las del otro lado porque esas pertenecían a las propiedades ajenas.

—Has participado en investigaciones que han dado lugar al descubrimiento de especies nuevas para la ciencia, algunas incluso extintas (como la ‘Ruta museocanariensis’), otras todavía vivas. ¿Cuáles destacarías por ser más curiosas o más interesantes? ¿Son especies que están en extinción o se mantienen con buenas poblaciones?

—Ese campo de trabajo, por decirlo de alguna manera, se agota. Cuando vienen los primeros, todo está por hacer. Cuando van viniendo los segundos ya van con la lista de los primeros y añaden algunas más. Si son más entusiastas y son más pateadores y exploradores, pues añaden bastante más.

«Mientras otros investigadores estaban en otras tareas o les faltaban motivaciones, Sventenius era un trotamundos, no lo parabas ni de broma»

“Entre los primeros está Webb, que con Berthelot publica Historia Natural de las Islas Canarias, un monumento literario de la fauna, pero especialmente de la flora, recogida en el apartado de Phytographia canariensis, por la cantidad de especies que añaden. Son exploradores y si no lo son, pagan a exploradores. Webb, por ejemplo, no era tan explorador como acaudalado: pagaba a la gente para que le trajeran todas las plantas de campo que encontraran y fue confeccionando un herbario muy completo.

“Entre los segundos está Sventenius, por todos conocido. Mientras otros investigadores estaban en otras tareas o les faltaban motivaciones y se empeñaban más en conseguir títulos, doctorados y nombramientos, Sventenius era un trotamundos, no lo parabas ni de broma. Como tuviese un rato libre, al campo. Hay que pensar en todo lo que este hombre escribió e hizo para preguntarse de dónde sacaba el tiempo, aportando el descubrimiento de más de un centenar de taxones nuevos de plantas.

«La Universidad de La Laguna, desde su departamento de Botánica, se fue dedicando más a la florística y menos a la taxonomía»

“El tiempo sigue pasando y la Universidad de La Laguna, desde su departamento de Botánica, se fue dedicando más a la florística, a la vegetación, según la escuela Fitosociológica, que en España estaba comandada por el profesor Rivas Martínez [que fue director del Real Jardín Botánico de Madrid entre los años 1974 y 1978], dedicándose menos a la taxonomía. Salvo algunas investigaciones iniciales en familias como Leguminosas o Labiadas, como la tesis de Pedro Luis Pérez de Paz sobre los tomillos canarios, las Micromeria, prácticamente no aportaron en este campo. No estaban en sus metas.

“David Bramwell, cuando viene al Jardín Canario, lo hace como botánico. En su tesis doctoral, por ejemplo, tiene un apartado dedicado a los tajinastes con un estudio bastante profundo en el que describe especies nuevas y casi dejó el tema cerrado. Sin embargo, aquí se dedica más a las tareas propias de la dirección del centro que a la botánica, aunque se va dando cuenta de que hay cosas por resolver y poco a poco las va solventando, pero no genera escuela. La mayoría de los biólogos del Jardín Canario tienen sus tareas propias, biología reproductiva, palinología, citogenética, el banco de semillas, planta viva, pero no hay taxónomos vocacionales. Víctor Montelongo empezó a hacer algo, pero enseguida dejó el Jardín cuando pasó al Cabildo y se dedicó a la administración.

«El panel sobre los cromosomas de las salviablancas, que presenté en Londres en un congreso mundial, le resultó tan interesante al Comité Científico que fue publicado en las actas del congreso»

“Y yo que hice biología molecular en La Laguna (y por eso no pasé por el departamento de Botánica), empecé aquí en cromosomas y llegué a algunos resultados muy novedosos para aquel momento: el panel sobre los cromosomas de las salviablancas, las Sideritis de Canarias —género que en Canarias cuenta con unas 30 especies— que presenté en Londres en el Congreso mundial sobre «Advances in Labiatae Science», en el Jodrell Laboratory de Kew,  le resultó tan interesante al Comité Científico que fue seleccionado, entre cientos, y fue publicado en las actas del congreso. Por primera vez se exponía de forma explícita la evolución en Dicotiledóneas por mecanismos de cambios robertsonianos o fisiones céntricas, es decir división de los cromosomas por el centrómero.

«Fui entrando en la dinámica de la biología de campo y cuando nos cambiamos al nuevo edificio del Jardín Canario que acoge el herbario, David Bramwell me propuso que me hiciera cargo: empecé y me entusiasmé»

“En el Jardín los consejeros llamaban, pedían informes y los biólogos que estaban ya tenían sus quehaceres establecidos, por lo que los que éramos nuevos teníamos que hacer esos trabajos. Tenía que ir a un barranco después de un incendio, ir a una carretera nueva, a las futuras áreas recreativas, y así fui entrando en la dinámica de la biología de campo, de los informes, los inventarios, aprenderme las especies, clasificarlas, determinarlas e ir conformando pliegos de herbario. De tal manera que cuando nos cambiamos en los años 90 al nuevo edificio del Jardín que acoge el herbario, David [Bramwell] me propuso que me hiciera cargo del mismo.

«Cuando descubrí y publiqué en solitario la segunda especie, la cardoyesca de la cumbre de Gran Canaria, los comentarios eran, «pero, ¿y este chico a dónde va?»

“Empecé y me entusiasmé. Yo ya había descubierto algunas cosas pero no me atrevía a publicarlas… La primera especie que publiqué fue Tanacetum oshanahanii [pequeño arbusto endémico en peligro crítico de extinción, exclusivo de los Riscos de Guayedra en Gran Canaria], publicado conjuntamente con Rosa Febles y Carlos Suárez, cuyo nombre quedó pronto consensuado. Se la dedicamos a Jaime O’Shanahan. Pero cuando ya publiqué en solitario la segunda especie, que era Carlina texedae de la cumbre de Gran Canaria [la cardoyesca, un arbusto], los comentarios eran, «pero, ¿y este chico cómo se atreve, a dónde va?». ¿Y por qué no?, todos empezaron como yo, siendo estudiantes, terminando una carrera, dedicándose, poniéndole empeño. De tal forma que cuando llegó la casualidad de descubrir el drago de Gran Canaria, yo ya estaba preparado.

—Eso fue en 1998, hasta entonces sólo se conocía en las Islas el drago canario (‘Dracaena draco’). El nuevo drago, exclusivo de Gran Canaria, fue bautizado como ‘Dracaena tamaranae’. 

—Fue darnos cuenta y sabía ya lo que había que hacer. Se lo planteé a los compañeros que colaboraron, entre ellos a quien me había dejado las semillas aquí en 1995, Rafael Almeida. Lo llamo y le digo, Lito, esto es diferente, hay que sacarlo y tenemos que hacerlo ya, pero necesitamos material, tenemos que buscar una planta fructificada o en flor. Y eso fue ya una tarea muy programada de salidas de campo, visitar todos los dragos uno a uno, hasta que dimos con el de Barranquillo Andrés, el único que floreció ese año. Ahora teníamos que contactar con algún montañero para preparar los rápeles.

«Desde el punto de vista morfológico y taxonómico, los dos dragos que hay aquí, como diría un hombre de campo, “se parecen como un huevo y una castaña”»

“En una segunda fase el plan era visitar herbarios, sobre todo de Londres, sabedores de que las zonas del mundo donde crecían los dragos, sobre todo en el entorno del Cuerno de África, pero también en Arabia, Yemen y Omán, eran territorios que habían sido en algún momento protectorado inglés y los ingleses eran exploradores y recolectores de material como nadie. Estuvimos una semana compartida entre el Museo de Historia Natural de Londres y el herbario del Real Jardín Botánico de Kew y nos resolvió muchísimas de las dudas que teníamos. Desde el punto de vista de los caracteres morfológicos y taxonómicos, los dos dragos que hay aquí, como diría un hombre de campo, «se parecen como un huevo y una castaña».

“En cuanto a la curiosidad o interés las plantas no son importantes porque tienen una forma bonita o porque la encontraste mientras estabas con tu novia o cosas así. Todas las especies son igualmente importantes, son eslabones en la diversidad biológica, pero unas causan más impacto que otras, depende de la importancia que les dé el mundo científico y la sociedad, y el drago tenía las dos partidas.

“Nos escribían de todo el mundo. Y hubo un alemán que se plantó en Canarias porque ya conocía los de Socotora, los de Omán y los del Cuerno de África y el drago de Canarias que se conocía hasta ese momento. Y quería conocer «qué es eso que ustedes han descrito». Le enseñamos plantas que ya teníamos más o menos crecidas en el vivero y algunas del campo y el hombre se convence. «Efectivamente, esto es un drago distinto». Y se va conforme. Fue como la historia del Apóstol Santo Tomás, el que pone el dedo en la llaga, «porque, si no, no me lo creo».

«A Kunkel le pasó lo que nos pasaba a todos, que veíamos el drago de Gran Canaria en los riscos, y pensaba que era un drago más. Nosotros lo publicamos como especie nueva en 1998»

“Al cabo de pocas semanas nos escribe Günther Kunkel, que vivía entonces en Almería. «Me acaba de comunicar mi amigo Beyhl [Friedrich E. Beyhl] —el alemán—, que ha estado por ahí y ha visto los dragos, que efectivamente es una buena especie. ¡Enhorabuena!».

“Hasta ese momento no se lo creía, porque quien había tenido la posibilidad de describirlo había sido él que, con la colaboración de los grupos montañeros, los citó por primera vez como especie silvestre en los riscos de Gran Canaria. Pero le pasó lo que nos pasaba a todos, que los veíamos en los riscos de Tasarte, los que crecían en Los Vicentillos, o el que crece en el Peñón del Pinillo, en Arguineguín, y pensaba que era un drago más. Nosotros lo publicamos como especie nueva en 1998.

«Otro descubrimiento curioso fue después de perder la guagua de La Aldea en Gáldar ¿Qué hago yo dos horas aquí sentado esperando…?

—Y fue por casualidad.

—Hablando de casualidades, porque también tiene su anécdota, tengo otro descubrimiento curioso. Salí a hacer unos inventarios para el proyecto AFA [Atlas de Flora Vascular Amenazada de España] de una planta que habíamos descubierto y descrito, el Limonium benmageci que vive en la Punta de La Aldea, la llamada cola del dragón y en ese momento no tengo quien me acompañe. Cojo la guagua de Utinsa en Las Palmas y me voy para La Aldea.

“Tenía que llegar a Gáldar a las nueve de la mañana y allí trasbordar para coger el coche de La Aldea, pero nosotros entrando a la estación en Gáldar y el coche de La Aldea saliendo. La guagua siguiente salía a las once. ¿Qué hago yo dos horas aquí sentado esperando? Me planteo ver cómo está la población de una planta que habíamos descrito para la montaña de Amagro: la Sideritis amagroi.

«¿…Qué es lo que acabo de coger? Lo saco de la bolsa y digo: ¡uf…! Así fue el descubrimiento del ‘Argyrolobium armindae’, especie endémica de Gran Canaria y la primera vez que se nombra su género para toda Macaronesia»

“Todavía no había llegado a donde estaba la planta, cuando ya llevaba una hora de camino. Tenía justo el tiempo para regresar y que no se me escapara por un minuto la guagua de La Aldea. Vuelvo otra vez en línea recta para abajo cruzando barraquillos y como la costumbre mía en esa época, en que herborizaba bastante, era llevar una bolsa de plástico y recoger todo el material que veía interesante. De repente me viene la chispa… ¿Qué es lo que acabo de coger? No me suena. Rebusco y lo saco de la bolsa y digo: ¡uf…! Así fue el descubrimiento del Argyrolobium armindae, especie endémica de la Isla y la primera vez que se nombra el género Argyrolobium para toda Macaronesia.

“A esta planta le tengo un cariño especial por esa anécdota. En aquel momento me olvidé del coche de La Aldea y estuve allí hasta las cuatro de la tarde pateando toda la zona para ver hasta dónde llegaba la población, contar más o menos el número de individuos que podía haber, hacer inventario y situar la planta, porque ya tenía la certeza de que aquello era, como mínimo, interesante. Y terminó siendo una nueva especie para Gran Canaria.

«El padre don Manuel Laínz, hombre severo, catedrático y sacerdote de sotana, rechazó que pusiera al ‘Argyrolobium’ el gentilicio ‘agaldense’, en vez de ‘agaldarense’, y la publiqué como ‘armindae'»

“Pero es que ese Argyrolobium tiene otra anécdota. El descubrimiento lo envié a publicar a la revista del Jardín Botánico de Madrid. Aunque ahora se hacen en inglés, en esa época las descripciones científicas había que hacerlas en latín y en aquel momento el corrector de latín que tenía el Jardín Botánico era, nada más y nada menos, que el padre don Manuel Laínz: un hombre severo, catedrático, profesor y sacerdote de sotana, a veces incluso cuando estaba con sus alumnos en el campo recogiendo plantas.

“Yo le había puesto a la planta el nombre de Argyrolobium agaldense y este hombre dice que no, que si es de Gáldar tiene que ser galdarense. Yo le intento explicar (todo mediante cartas) que el gentilicio de Gáldar es galdense, pero un día me llama la editora de la revista: «Mira, tenemos un problema, a don Manuel no hay quien lo convenza y debemos tener tu consentimiento para ponerle ‘agaldarense’, que es “como debe ser”, según don Manuel». Yo me quedo pensando y le digo: ¿Y si en vez de entrar en ese debate, con el que yo no estoy de acuerdo, por qué no le ponemos ‘armindae’, por la princesa aborigen Arminda que también es de Gáldar? «¡Ay, que bonito!, me gusta más que el otro», me dice. Y así se quedó.

—Sorprende que en unas islas como éstas, un territorio pequeño donde no queda (casi) un rincón sin pisar, todavía se descubran plantas nuevas. En una ocasión le pregunté a David Bramwell y calculaba que «todavía hay 50 especies de plantas por descubrir en Canarias».

«En los 40 años, entre el material que hemos aportado, más el de investigadores de otros sitios sobre flora de Gran Canaria, la isla ha pasado de 80 a más de 100 endemismos exclusivos»

—Eso debió ser mucho después de cuando la pregunta se le planteara tomándonos un café en el Jardín Canario… En aquella época, entre la ingenuidad, el desconocimiento y el respeto a la dirección, yo llegaba del campo con cosas raras y el lunes estaba en su despacho para enseñarle el material que había encontrado. Ese día nos dice que cree que en Canarias todavía podemos encontrar «por lo menos unas cuatro especies nuevas». Desde entonces se han descubierto cerca de un centenar de especies en Canarias; en Gran Canaria más de 25.

“En el Mes de la Ciencia, cuando recibimos visitas escolares y les enseñamos los laboratorios y les explicamos qué hacemos y por qué, les doy datos concretos y fáciles de entender, así que les digo: cuando yo llegué al Jardín, Gran Canaria tenía unos 80 endemismos exclusivos. En los 40 años que han pasado, entre el material que nosotros hemos aportado, más el de investigadores de otros sitios sobre flora de Gran Canaria, la isla tiene ya más de 100 endemismos exclusivos. Ese es nuestro trabajo, esa es nuestra aportación a la flora canaria, les digo.

«Muchos botánicos vienen a estudiar la flora de Canarias pero no todos son exploradores, sólo unos pocos como Philip Webb o Carl Bolle vinieron a describir especies nuevas…»

“¿Cómo es posible que después de tantos estudios se sigan descubriendo nuevas especies? Por lo que comentaba antes: muchos botánicos vienen a estudiar la flora de Canarias pero no todos son exploradores. Tienen la oportunidad y vienen, pero hacen estudios de vegetación. Kornelius Lems, por ejemplo. Le preocupaba más los tipos de vegetación y las formas de vida, no vino a estudiar la flora ni a buscar cosas nuevas. Y desde hace unas décadas los investigadores vienen a recoger muestras de lo que ya se conoce para estudios moleculares, aunque es una herramienta poderosa para poner en aviso sobre especies dudosas o crípticas.

«…Después saltamos a Sventenius y después de 40 años de historia del Jardín Canario yo también me he dedicado a la exploración»

“Sólo unos pocos, como Philip Webb o Carl Bolle, también fueron exploradores que vinieron a describir especies nuevas. Después saltamos a Sventenius y después de 40 años de historia del Jardín Canario que conozco: yo mismo, por la cantidad de tiempo que le he dedicado a la exploración; me encanta… Porque David Bramwell ya no se dedicaba. Salía, se daba cuenta de que había cosas nuevas, a veces nos pedía que le trajéramos material de apoyo para poder trabajar cosas que ya tenía en mente y poder dar una descripción adecuada con los taxones relacionados, así surgen Lotus arinagensis o Silene tamaranae, por ejemplo. Pero eran muy a goteo, están ahí, no llega a 20 especies nuevas, y la mayoría ya descritas cuando llegó al Jardín.

“Yo me paso 15 días en mi casa sin salir y siento una especie de mono, necesito salir a ver algo, ir al campo, escudriñar, recoger alguna planta de la que no tengo buenos representantes en el herbario para irlo completando. Obviamente, en los últimos años hay un bajón bastante fuerte en esa tarea, tengo que ir cerrando ese capítulo y trabajar el material que ya está recogido. Pero cuando vas cerrando una carpeta, surgen nuevos temas y abres carpetas nuevas. Y así sucesivamente el tiempo que me toque estar aquí.

«Soy incapaz de correr los 100 metros lisos, pero puedo estar caminando tres días hasta que me quedo sin espacio en la mochila»

—Ese trabajo de campo en unas islas montañosas como estas, con muchos riscos, requiere del investigador-explorador que tenga ciertas cualidades: para empezar, no sufrir de vértigo, me imagino.

—Obviamente. No puedes ir con vértigo, yo pocas veces lo he sentido. Alguna vez, pero muy pocas, y además tengo los recursos mentales para que, si en algún momento me viene el vértigo, a los dos o tres minutos ya lo tengo superado. ¿Capacidades físicas? Resistencia. Soy incapaz de correr los 100 metros lisos, pero me tienes caminando todo el día durante tres días y podría continuar. Tampoco puedes estar muchos días, te quedas sin espacio en la mochila, sin periódicos, sin bolsas, y lo más importante, tienes que poner el material a prensar y secar porque si no se pudre.

—Con unas islas tan antropizadas, con unos problemas de sobrepoblación y crecimiento urbanístico como los que tenemos, además de las consecuencias del cambio climático, ¿cuál es el estado de salud actual de la flora canaria? ¿Y cuáles son sus amenazas?

«La mayoría de las especies canarias, salvo las que son muy frecuentes, muy abundantes o arbóreas, están en refugios, están en los riscos. ¿Porque todas son rupícolas? No»

—El estado de salud en general es bueno. Como decía antes, por la recuperación de los espacios, por la recuperación de los terrenos que antes estaban agotados hasta el pie de los riscos, hasta lo accesible. La mayoría de las especies canarias, salvo las que son muy frecuentes, muy abundantes o arbóreas, están en refugios, están en los riscos. ¿Porque todas son rupícolas? No. Hay unas que son rupícolas estrictas, como las del género Aeonium, bejeques, pasteles de risco, etc. Pero hay otras que no, están en el risco porque como nazcan abajo el ganado que pasa se las come.

“Eso está sucediendo con un montón de especies actualmente. Es una de las amenazas que existe, por ejemplo, para los últimos ejemplares de Helianthemum tibiabinae en los riscos de Jandía, en Fuerteventura. El problema que tiene no es que viva en una repisa donde la población apenas llega a los 20 o 30 individuos como máximo. El problema es que echan muchísimas semillas, que no pueden nacer en el mismo sitio donde están las plantas madre, que inhiben la germinación. Sólo cuando estas mueren las semillas brotan y restablecen la población.

“En los espacios donde no hay competencia y donde no hay inhibición, nacen, pero el ganado lo pisa, o lo muerde, o lo arranca, de tal manera que no hay forma de ver que prospere en los sitios accesibles al ganado. En muchos de estos casos el debate entre la conservación y los usos tradicionales no son más que pura demagogia o propaganda política.

«En buenas partes del sur de Gran Canaria, taxones que en los años de Sventenius había que ir a buscarlos a los riscos, ahora están creciendo en las laderas»

“Y eso es un problema muy fuerte que sigue teniendo la mayoría de los taxones canarios. Es verdad que ahora mismo en Gran Canaria, en buenas partes del sur, taxones que en los años de Sventenius había que ir a buscarlos a los riscos, ahora no necesitamos subir a ellos porque están creciendo en las laderas.

“Incluso se está llegando a la propia recuperación, que en algunos lugares es asombroso, del sabinar de Gran Canaria: donde prácticamente no había sino una sabina colgada en el risco, ahora están naciendo aquí y allá. Si se mantienen y no hay una vuelta atrás, podríamos ver sabinares tan extensos o más que los que puede haber en La Gomera o en El Hierro.

—¿Tenemos amenazas vegetales que están entrando?

«El risco de gato es un factor limitante para bastantes especies, por ejemplo, el ‘Anagyris latifolia’ (oro risco, que en Gran Canaria es muy raro), que cuenta con muy escasos individuos»

—¿Te refieres a las invasoras? Sí. El rabo de gato (Cenchrus setaceus) es la primera. Está acabando con los nichos donde crecen plantas de esos hábitats por debajo de los 500 metros. Se mete en las poyatas, en los riscos, en las grietas, con unas macollas tan densas que no dejan espacio a las especies del lugar. Si las pudiéramos arrancar nos llevaríamos parte de la tierra y además dejaría ese mismo espacio plagado de semillas que van a nacer antes que cualquiera de las otras.

“Ese ahora mismo es un factor limitante para bastantes especies, por ejemplo, la Anagyris latifolia (el oro risco, que en Gran Canaria es muy raro). La población abarca un área amplia, pero con uno o muy escasos individuos por población. Es el caso de la población de Los Cernícalos (Telde), de La Colmenilla (Santa María de Guía), del Barranco del Furel (La Aldea de San Nicolás) o los tres individuos que ya encontrara Sventenius dentro del propio terreno del Jardín Canario. Y ya está, no hay más. Pero el de La Aldea, por ejemplo, está cada vez más ahogado por el rabo de gato.

«Curiosamente, el risco de gato no germina donde está bien el tabaibal. Es probable que las tabaibas sean de esas plantas que tienen lo que llaman sustancias químicas alelopáticas, un inhibidor de semillas»

“No es la única planta invasora, pero el rabo de gato está alcanzando un dominio total en zonas bajas. Sólo necesita un poco de alteración del medio para prosperar: un poco de orilla de carretera, un sendero, el paso continuo de una cabra. Curiosamente, no entra donde el tabaibal está más o menos bien conformado. Ahí las semillas no germinan. Las plantas tienen sus recursos para acotar el terreno, para decir «esto es mío y aquí no entra nadie». Probablemente las tabaibas sean de esas plantas que tienen lo que llaman sustancias químicas alelopáticas.

“Como comentaba antes, pueden funcionar de plantas madre a hijos, pero también como factores de competitividad entre diferentes especies. Cuando los adultos mueren, una lluvia lava el suelo, desaparece el inhibidor y brotan las semillas. Con las jarillas ocurre eso, son poblaciones de altibajo. En un altibajo de esos, o por un incendio o una planta agresiva como el rabo gato, la pones a punto de desaparecer de ese lugar… y las plantas agresivas aprovechan la oportunidad.

“Pero, como decíamos, no es la única, hay muchas más que silenciosamente van acaparando espacio. Por poner sólo dos ejemplos, están los casos de la progresión que están manifestando en las últimas décadas una especie de azarero, el Pittosporum undulatum, con una capacidad desbordante de propagación en los relictos que quedan de la laurisilva en Gran Canaria, o del palmito o palmera abanico mexicana, la Washingtonia robusta, que desde hace no mucho tiempo se ha vuelto muy productiva y cuyas semillas se propagan por todos los barrancos, laderas con niveles freáticos y resumaderos (ya se encargan los pájaros), donde en poco tiempo van emergiendo palmitales. Y no parece que se esté haciendo algo para frenar esto o, como hemos podido observar en algunos barrancos del sur de la isla, cuando se limpian los barrancos como medidas preventivas frente a los incendios, la únicas plantas que dejan, y bien podadas, son los palmitos.

—¿Hay alguna forma de combatir al rabo de gato?

—No se ha encontrado. Yo no la conozco. Y el uso de productos químicos genéticos poco les afecta. El problema de los herbicidas es muy serio, infectando todo sin darnos cuenta. Empezamos por los bordes de las carreteras, por las orillas de los cultivos y se extiende y llegan a las raíces de los propios árboles, de los frutales y las hortalizas. Vemos que elimina la hierba pero no vemos que esas sustancias se quedan ahí. Nos estamos envenenando…

—Hace un par de años me comentabas el problema que había con los dragos, que estaban muriendo o enfermando. ¿Cómo va ese tema?

«La ‘epidemia’ explosiva que afectó a los dragos en Canarias [hace unos sños] se ha ido yendo, pero han quedado tocados»

—Es un tema que yo no he seguido actualmente. Fue una epidemia que atacaba a los dragos y se ha parado, por decirlo de alguna manera. En el Jardín Canario comenzó en 2009, lo tengo registrado y constatado. En estado normal los dragos no producen raíces aéreas. Cuando surgen es por una emergencia de la planta, por necesidad de hidratación, ventilación o fotosintética, frente a alguna anomalía. Además no sirven para esquejar. Mi intuición es que era una virosis, que no puedo confirmar porque las pruebas no se llegaron a hacer. Eso quedaba fuera de mi alcance. Incluso llegué a comprobar que la epidemia que tenía el drago no siempre provocaba raíces aéreas, el drago se puede morir igualmente. Se va debilitando y termina muriendo.

“Esa epidemia explosiva que hubo en ese momento se ha ido yendo, pero los dragos han quedado tocados. Yo pensé que era sólo en Gran Canaria, que del Jardín Canario fue propagándose a otros dragos de fuera. Pero no. Un día hablando con Arnoldo Santos me dice «tú no has visto lo que está pasando en Tenerife, otro tanto igual; en La Palma igual»; o en Fuerteventura, con los pocos que hay, como me comentaba Stephan Scholz del Oasis Park.

—¿Es en los dragos cultivados o también en los silvestres?

—Es en los cultivados Aunque también tengo que decir: ¿dónde están los dragos silvestres?, aislados y muy escasos. En Gran Canaria ya no existen, el último el de Pino Gordo.

—Casi no quedan.

—Claro. Tienes que irte al Roque de Anaga a verlos, (donde nunca he estado), a las laderas de Anaga, o a los riscos de Interián, entre el Tanque y Los Silos, o al Barranco del Infierno. Y como no lleves unos prismáticos y sepas dónde están no los localizas. Ahora mismo no puedo decir nada a ese respecto de los dragos naturales y aunque se puedan observar algunas raíces aéreas estas son muy ocasionales y no sé si tienen relación con alguna epidemia.

En la plaza Viera y Clavijo, dentro del Jardín Canario, una pared con los escudos esculpidos en piedra de la siete islas mayores del Archipiélago, incluye otra inscripción en piedra con las islas menores. | FOTO Y. MILLARES

—Terminamos, un recuerdo dulce.

— Para mí es la propia vida, el día a día, la obra que queda. Me voy con la satisfacción enorme de lo conseguido con la taxonomía en el hueco que me han dejado. Lo he aprovechado a tope en lo que yo sé hacer como explorador, por ese entusiasmo que tengo. A mí salir al campo y meterme en los riscos de Tamadaba o de Guayedra me revitaliza.

“Esa aceptación, tanto social como científica, de descubrimientos como el drago de Gran Canaria, es una satisfacción, porque cuando iba al barranco de Arguineguín tenía la conciencia de que allí había dragos, de los pocos en Gran Canaria silvestres. Y desde 1989 ya no son dragos normales, es el drago de Gran Canaria. Y junto al drago están la retamilla y la salviablanca de Amagro, la siempreviva de Vigaroy, las jarillas de La Gomera o de Lanzarote, las salviablancas de Teno y de Tamadaba o del Cedro, el drago de Cabo Verde, etc., a las que añado ahora el pajón de Inagua, Inaguochloa pajonalensis o Tamaranychia aldeae.

«Haber contribuido, de alguna forma, a ir modelando la cosmogonía que la gente tiene de los paisajes de biodiversidad de Canarias, para mí también es una satisfacción»

“Haber contribuido, de alguna forma, a ir cambiando en la sociedad la percepción de lo que tenemos en Guayedra, en los riscos de Las Tirajanas, en el barranco de Arguineguín o en la Montaña de Amagro, de ir modelando la cosmogonía que la gente tiene de esos paisajes y de los paisajes de biodiversidad de Canarias, para mí también es una satisfacción. El final de ese camino que ya ves próximo a cerrarse me hace sentir que he aprovechado la oportunidad, que de alguna manera me impusieron, pero de la que luego me he sabido enamorar.

“Yo le digo a mis hijos que no se trata de tener la suerte de poder hacer lo que te gusta, sino de conseguir que te guste aquello que te ha tocado hacer. La biología y la biología molecular fue mi oportunidad que pronto fue tornando hacia las plantas y la taxonomía, el camino no ha sido fácil, pero con el tiempo conseguí convertirlo en pasión.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba