Cita con Canarias

José de León Hernández, arqueólogo de pueblos sepultados

«Las cabalgadas de los señores de Lanzarote y Fuerteventura eran piratería cruel y rapiña»

«El cultivo en gavias o en jable son influencias culturales moriscas que no se han estudiado», dice José de León Hernández durante la entrevista en la que habla de sus investigaciones en el paisaje del jable de Lanzarote, lugar de asentamiento de la población morisca de la isla en los siglos posteriores a la conquista castellano-normanda. [Versión extensa de la entrevista publicada en la edición impresa de PELLAGOFIO nº123 (2ª época, noviembre 2023)].

«El mundo de la brujería estaría ligado a la pervivencia cultural aborigen y, sobre todo, morisca; incluso, subsahariana» JOSÉ DE LEÓN (PEPE EL URUGUAYO)

Por YURI MILLARES

Doctor en Historia con su tesis sobre los pueblos que el volcán sepultó en Lanzarote en siglos pasados, el arqueólogo José de León (Pepe El Uruguayo) profundiza en la misma línea de trabajo. Aunque recién jubilado (era inspector de Patrimonio Histórico del Cabildo de Gran Canaria), su afán investigador no cesa. Ahora centrado en los pueblos sepultados por el jable en la isla y en la importante presencia morisca en ellos.

■ OJO DE PEZ / Conejeros, moriscos, emigrantes

La cita tuvo lugar en la Plaza del Pueblo, en el corazón del barrio portuario de La Isleta (Las Palmas de Gran Canaria) al que tantos emigrantes de Lanzarote y Fuerteventura dieron identidad. Allí desgranó sus inquietudes investigadoras ahora que está jubilado, pero sigue buscando respuestas. Sobre todo a cómo vivía en el jable la numerosa población morisca de Lanzarote, de donde es oriunda su familia, que también tiene, como la mayoría de conejeros, orígenes moriscos ●

—Canarias ha sido durante siglos emisora y receptora de población migrante. Tú mismo eres hijo de emigrantes de Lanzarote que se fueron a Uruguay, donde naciste. ¿Qué llevó a tus padres a tomar la decisión de emigrar?

—Imagínate, mi abuela tuvo catorce hijos (vivos, nueve) en Tiagua. Que es en el jable, la zona más pobre de la isla de Lanzarote, de tradición morisca. En la posguerra había una situación insostenible y mi padre se va a Gran Canaria.

“Está un tiempo aquí pero un tío de él, tío abuelo mío, que ya estaba en Uruguay (Esteban de León Guerra) lo manda buscar. Y no sé si mi tío abuelo también fue porque alguien lo llamó, porque la emigración, sobre todo de Lanzarote y Fuerteventura al Río de la Plata, fue una constante en el siglo XIX. En el primer tercio de ese siglo emigran diez mil conejeros y majoreros.

—Es lo que se llaman las «cadenas migratorias». Con la crisis de la barrilla en 1810 empiezan a ir para allá muchos. Y en 1830, cuando se hunde el comercio de ese producto, un tercio de la población de esas islas se fue allí. Y viajando en condiciones muy duras…

«Hay gente en Fuerteventura que lo vende todo y se va a la orilla de la playa en Puerto de Cabras para embarcar los dejan tirados»

—Entre todas las migraciones que hubo, una famosa porque se pasaron meses por ahí tirados, fue la de los Morales. Embarca muchísima más gente en Lanzarote de la que cabía. Y a la gente en Fuerteventura que lo vende todo y se va a la orilla de la playa en Puerto de Cabras para embarcar los dejan tirados.

“Y luego, no sé si esa exactamente o es otra, se habla de que tuvieron que realizar prácticas de antropofagia porque se quedan sin nada en alta mar. Luego, los que llegan, ¡en qué condiciones viven! En semiesclavitud. Y a los niños los mandan a la Guerra Grande [guerra civil con bandos de Argentina y Uruguay, que tuvo lugar entre los años 1839-1851 con la participación de países europeos y Brasil].

“Esas llamadas eran permanentes. Mi padre va para allá en el año 1952. Después va mi madre. Se casaron por poderes, pero cuando ella va para allá a su vez tiene un tío que era de La Isleta y va con él. Mi madre era de La Isleta, pero mi abuela también era de Lanzarote.

—Sí, vinieron muchos conejeros a Las Palmas a trabajar en el Puerto de La Luz.

—Conejeros y majoreros, para la construcción del muelle.

«Se sabe de 1.500 moriscos en el siglo XVII, pero había muchos más con los ya libertos o cristianizados, entre otras cosas, por relaciones extramatrimoniales»

—Estamos viviendo, precisamente en estas fechas, una crisis migratoria con la llegada de miles de personas que también arriesgan sus vidas en busca de un futuro que no tienen en sus países de origen. En este caso vienen por propia voluntad, aunque no por gusto, sino por necesidad. Hace cinco siglos la necesidad de los conquistadores de mano de obra esclava hizo que realizaran las «cabalgadas» y trajeran, sobre todo a unas islas escasamente pobladas como Fuerteventura y Lanzarote, a miles de moriscos. ¿De qué cifras podemos estar hablando?

—No se sabe exactamente. Sí se sabe de 1.500 moriscos entre las dos islas en el siglo XVII. Pero había muchos más con los ya libertos o cristianizados, entre otras cosas, por relaciones extramatrimoniales. Era una práctica común de las moriscas con los señores y sus hijos eran considerados libres. Había varios canales que hicieron que muchos no computados como moriscos sí lo eran.

“En Fuerteventura hay otro dato que señala a trece pueblos de la isla como moriscos. En Lanzarote ocurría igual en el jable y gran parte de la isla. También había en otras islas, en Gran Canaria lo vemos mucho en la toponimia. Incluso, en el caso de Fuerteventura y Lanzarote, las milicias de los señores llegan a ser de moriscos. Pedro Berrugo era un morisco que a su vez tenía esclavos. Había moriscos incluso en la élite de la sociedad.

—¿Que otra población había en estas islas? Aborígenes quedarían pocos…

—Aborígenes quedaban. Aunque la descripción que se hace cuando llega Jean de Béthencourt es que prácticamente se entregan, asustados por las razias que ya habían hecho Avendaño o Martel y habían dejado la isla de Lanzarote diezmada. Población queda porque ahí tenemos la toponimia y muchas prácticas culturales (como las casas hondas).

«Majos quedaban y se mezclan con la población morisca, que también procede de zonas amazigh y hablarían la misma lengua»

“Durante la pesquisa de Esteban Pérez de Cabitos por el levantamiento de la isla contra los abusos de los señores, que pedía quedar bajo la jurisdicción directa de la Corona de Castilla, Juan Mayor y Juan de Armas (que son los que capitanean el conflicto y luego los ahorcan) es probable que fueran majos.

“Es decir, que ya a mediados del siglo XV la mayoría de los aborígenes estarían apellidados [con nombres cristianos]. Majos, pues, quedaban y se mezclan con la población morisca, que también procede de zonas amazigh y hablarían la misma lengua. De todas maneras hay población normanda, mucho portugués y castellanos y andaluces.

—Las cabalgadas para capturar esclavos en lo que entonces se llamaba Berbería provocó, a su vez, ataques a estas islas de piratas berberiscos. ¿Aprovechaban los moriscos esclavos esas ocasiones para irse con ellos?

—Sí. Esa es una etapa enormemente convulsa. He estudiado algunos textos de Argel y Salé, los grandes centros de cautiverio. Se habla de hasta un millón de cautivos de los berberiscos. Eso era un drama en el Mediterráneo; en la Península, en Francia. Había una situación de psicosis generalizada, porque arrasaban con cualquier embarcación que se encontraran y atacaban la costa.

“Subyace también una situación de venganza de los moriscos que fueron expulsados por la Corona. Canarias estaba en ese contexto y lo que llamamos «cabalgadas» también eran piratería de los señores de Lanzarote y Fuerteventura, con la misma crueldad, rapiña y captura de gente para esclavizarla. Eran razias con un formato similar al de los piratas berberiscos. Después se prohíbe y se hacían clandestinamente.

—En cualquier caso, aquellas cabalgadas dejaron de realizarse y los esclavos moriscos terminaron por integrarse y mezclarse con el resto de la población.

—Una de las vías era esa de las relaciones extramatrimoniales. Hay personajes femeninos muy famosos, como Ana Viciosa, en Lanzarote. Es hija de una morisca y del Señor de la Isla. Adquiere la condición de liberta, se casa con Juan de León Munguía (que lo matan los franceses cuando entraron por el sur de la isla) y queda viuda joven. En el siglo XVII era dueña de medio Tinajo, de Juan Perdomo, de la zona de Los Islotes. Todavía hay una cueva en Tinajo, una fortificación colgada en un risco a la que hay que subir con escalera, que lleva su nombre.

«Hay muchos elementos culturales que, seguramente, son de los moriscos. Incluso en la arquitectura, pienso en las tortas de paja y barro que hacía mi abuela»

“Los moriscos se dedican al ganado y al pastoreo, mezclados con el resto de la población. También en la agricultura y sirviendo. Son cosas que no se han investigado mucho y se dan por hecho. Por ejemplo, el cultivo en gavias. O el sistema de cultivo en jable. También lo había enfrente.

“Y, por supuesto, el camello. Hay muchos elementos culturales que, seguramente, son de los moriscos. Incluso en la arquitectura, pienso en las tortas de paja y barro que hacía mi abuela. Son muchos los elementos que llegan con esas pautas culturales y no se han estudiado.

—Los moriscos no conservaron sus nombres. Obviamente, tampoco su religión en tiempos de una Inquisición vigilante. ¿Cómo se ejercía ese control sobre ellos?

—Eran vigilados. Pero hay elementos contradictorios. Por un lado están reprimidos, pero al mismo tiempo se sabe que los hay que viven en jaimas en el jable. Hay un texto muy interesante de Alberto Anaya que lo recoge: «Otra temprana información es la que nos proporciona don Luis de Padilla en la primera visita que un inquisidor realiza a las islas de Lanzarote y Fuerteventura en 1532.

“En carta a la Suprema, escribe que el principal problema para su integración radica en que viven, al igual que en Berbería, en tiendas en el jable, es decir, en los arenales, sin contacto con los cristianos viejos y, por tanto, sin posibilidades de control o de educación religiosa». Hay muchas formas de control y represión. En las Actas del Cabildo se prohíbe que vivan solos en descampados.

«Un tema curioso es el caso de los adalides, moriscos como Juan Camacho o Pedro Berrugo, que se cristianizan y van de intérpretes a Berbería. Pero cuando llegan allí se pasan al otro lado»

“Un tema curioso es el caso de los adalides, moriscos como Juan Camacho o Pedro Berrugo, que se cristianizan y van de intérpretes a Berbería. Pero cuando llegan allí se pasan al otro lado y se islamizan de nuevo. Los vuelven a capturar y se vuelven a cristianizar. Así hay varios casos. Yo me he preguntado si esa relativa facilidad que tenían para cambiarse, por interés y por supervivencia, tiene que ver con que todavía estaban poco islamizados en esa época. Era población amazig, fundamentalmente. Los Camacho, Cabrera, Negrines o, sobre todo, Machines, son moriscos apellidados.

“Por eso es difícil saber cuántos son los moriscos cristianizados. Pero tuvieron que ser muchísimos. Un camellero, aunque se llame, como mi abuelo, Francisco de León, es morisco. No le van a poner el camello a un extremeño, que se lo come. Tiene que ser a alguien ligado a esa cultura.

—¿Las leyendas de brujería en estas islas se sitúan en este contexto? Hasta no hace mucho, me contaba un amigo de Fuerteventura, se creía que los pueblos que empiezan por la letra «T» eran pueblos de brujas. ¡Y hay unos cuantos!

—Son topónimos aborígenes: Tenicosquey, Triquivijate… Igual que en Lanzarote, Tinache, Timbaiba… Hay más de seis mil topónimos vivos que son amazig. Otro tema es que el mundo de la brujería estaría ligado a la pervivencia cultural aborigen y, sobre todo, morisca; incluso, subsahariana.

“Hay un santiguado muy bonito en el libro de Juan Bethencourt Afonso Costumbres populares canarias de nacimiento, matrimonio y muerte, de una mujer en Pájara, de 1840: «Qué tienes en la cabeza, los cabellos, los diablos se te enreden en ellos, en esos recondenadísimos cabellos, la sandunga, la mandunga, en el culo te escalabres y en la boca te caguen todos y yo también. Amén».

«El problema de la brujería es que es como un saco en el que caben muchas cosas, pero la brujería en estas islas es de “brujas buenas” que hacen perrerías»

“El problema de la brujería es que es como un saco en el que caben muchas cosas. Hay prácticas rituales, adivinatorias… Están los bailaderos o revolcaderos de brujas: hay uno en Muñique, otro en Soo, otro por Mozaga… Se sabe por la tradición oral y son sitios moriscos. Yo he recogido de mi familia una academia de brujas en Soo.

“Pero la brujería en estas islas es de «brujas buenas» que hacen perrerías. Falta estudiar el ritual (por qué derraman leche con un gánigo, por qué le cortan la oreja a un cochino), eso te puede dar pistas de su procedencia.

“Mi tía Josefa (murió con 94 años, soltera, la típica viejita con su gorrito) me contaba que la vara de la Inquisición estaba guardada en la Vegueta y la tenían para cazar brujas. Una vez un niño la robó y se fue a costa de la Caleta del Caballo. Había un grupo de mujeres bañándose en un charco, la agitó, y una de ellas era su madre y salió corriendo.

“También me habló de los duendes de los niños que morían sin cristianar y los enterraban en las paredes de las casas. Y hacían como los perinquenes por la noche, ruiditos en el techo. Cuentos así hay muchos.

—¿Qué queda hoy de esa cultura? ¿Podemos rastrear su huella?

«Ese conocimiento adquirido de plantas, de animales, hay que estudiarlo, sobre todo como reacción a la negación, a la aculturación y a los prejuicios raciales que han hecho que neguemos algo de lo que formamos parte»

—Tenemos que estudiar las prácticas en la ganadería con el camello, donde todavía hablamos de majalulo o guelfo. O en la agricultura: ahí está el trigo morisquillo, o el sistema de bardo para plantar en el jable y que fertilice lo sembrado cambiando la dirección en que se mueve la arena. Todo ese conocimiento adquirido de las plantas, de las hierbas, de los animales hay que estudiarlo, sobre todo como reacción a la negación, a la aculturación y a los prejuicios raciales que han hecho que neguemos algo de lo que formamos parte.

“Es curioso como dos islas con población mayoritaria morisca pierden, en pocos siglos, la conciencia de ser y nos han distanciado enormemente de nosotros mismos. Ha habido unos mecanismos de represión y de aculturación para ser distintos a los que están ahí enfrente a 100 kilómetros y son los mismos.

“Por eso me interesa estudiar también los periodos de paz, cuando no hay ni cabalgadas ni piratería. Porque siempre ha habido contacto. Ahí están la pesca o los camellos. A la casa de mi abuelo venían saharauis con camellos.

«Con el tema morisco me interesa estudiar la aproximación a conceptos como el dolor y el desarraigo, cómo reconstruyen sus vidas»

“La historia no son sólo guerras y desgracias. La historia es también paz, alegría o resistencia, sin eso no estaríamos aquí. Con el tema morisco no quiero sólo estudiar las estadísticas, «vienen tantos o cuantos y cambia la historia», sino qué pasó con cada uno.

“Me interesa la aproximación a conceptos como el dolor y el desarraigo, cómo reconstruyen sus vidas. Como estos chicos que están llegando ahora en cayucos y aparentemente vienen porque quieren, pero no es así. En Lanzarote hay un terreno en el jable que se llama La Cautiva y la gente pregunta por qué se llama así. Porque ese terreno nunca más se plantó después de que la cautivaron en mil seiscientos y pico. En las Actas del Cabildo de 1618 se cita a mucha gente cautiva: por unos pagan rescate los que tienen dinero, pero otros miles no aparecen.

—Terminamos, un recuerdo dulce.

—Para mí, el jable de Lanzarote y sentir la energía de los antepasados. Aunque soy uruguayo y mantengo tres identidades: isletero, uruguayo y canario (la gente me dice que cómo es posible), Lanzarote me tira. Yo estuve aquí con un año y medio, que no me acuerdo (una putada). Me trajo mi madre en barco y estuve tres meses.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba