Luisa García, veterinaria cirujana de animales grandes y pequeños
«Sin relevo generacional, ni la vaca canaria ni nada tiene futuro»

«La vaca canaria no puede competir con otras razas pero es parte esencial de nuestra cultura», dice Luisa García Jiménez, durante la entrevista en la que habla de su experiencia como veterinaria de campo recorriendo rincones de la isla de Gran Canaria que nadie conoce, impulsando la celebración de concursos de arrastre y trabajando por que el vacuno de raza canaria tenga un futuro y no se extinga. [Versión extensa de la entrevista publicada en la edición impresa de PELLAGOFIO nº137 (2ª época, febrero 2025)].
Por YURI MILLARES
Ahora con su propia clínica veterinaria para pequeños animales en Guía de Gran Canaria, durante muchos años ejerció como veterinaria de campo, recorriendo pistas y caminos allá donde un ganadero la requiriera. Enamorada de su trabajo, participa activamente en las exhibiciones y concursos de arrastre, deporte autóctono canario. De hecho, fue presidenta de ACA durante muchos años, la asociación de arrastre y de criadores de bovino de la raza canaria de la que sigue formando parte.
«Las ferias y concursos de arrastre ayudan a la economía del ganadero para que pueda implicarse en la cría» LUISA GARCÍA
| ■ OJO DE PEZ / Una vaca en la puerta de clínica La entrevista transcurrió una fresca mañana en su clínica veterinaria antes de que empezara a pasar consulta a sus pequeños pacientes. Aunque a veces se lleva alguna sorpresa, ya que por su vinculación de décadas al mundo ganadero y a la vaca de la tierra, alguna vez se ha encontrado a su paciente no en la salita de espera, sino subida a un camión aparcado a la entrada de la clínica: ¡se trataba de una vaca! ● |

—Sí, sí. Esta clínica es de pequeños animales y también de animales exóticos: aquí me han traído tortugas y hasta iguanas. Serpientes no trato. Y como estuve muchísimos años trabajando en ganadería me han llegado a traer alguna cabra, alguna oveja e incluso alguna vaca que trajeron en camión hasta la puerta —ríe.
—¿Canarios, periquitos?
—Claro, también tienen enfermedades. Los periquitos tienen muchos problemas con la puesta de huevos cuando las hembras están solas; los huevos se atascan. Y los canarios están muy predispuestos a tener enfermedades respiratorias. Así que vienen animales pequeños de todo tipo.
—Ejerces de veterinaria para pequeños animales domésticos o mascotas, pero además estás vinculada a ACA, la asociación de arrastre y de criadores de bovino de la raza canaria… Que tiene unas siglas cortas pero un nombre larguísimo, por cierto.
—Asociación Canaria de Arrastre Fomento y Crianza del Ganado Basto y Nacional de Criadores de Vacuno Selecto de la Raza Canaria. Había que hacer una asociación con un título para que de forma legal pudieran entrar todos los animales de la raza basta canaria de todo el mundo. Era la única manera de hacerlo para que una vaca en Islandia (es un decir) que fuera de raza canaria pudiera entrar en el libro genealógico e incluso recibir alguna subvención.
—¿Y esperaban encontrar vacas canarias fuera de las Islas?
—Hay mucha gente fuera, por ejemplo en Península, a la que le gusta tener determinadas razas de vaca (y de otros animales, como cabras). O que si cambia de residencia quiere llevarse sus animales. Ha pasado, por ejemplo, irse alguien de Canarias a Andalucía y llevarse sus vacas de la tierra. Esa es la razón por la que el nombre de la asociación es tan largo.
—¿Dónde está tu conexión de veterinaria de mascotas con veterinaria de animales de abasto?, porque hablamos de dos ámbitos completamente diferentes en el ejercicio de la profesión.
—Mi primera ocupación fue como veterinaria de ganadería y ejercí muchos años. Llevé grandes explotaciones, sobre todo de vacuno de leche, pero también vacuno de producción. Hace muchos años, además, todavía había muchas pequeñas explotaciones (personas con dos, tres o cinco vacas). Me dedicaba a reproducción y hacía mucha inseminación y muchas cesáreas y eso es estar las 24 horas del día los 365 días del año disponible. El tiempo pasa, los años pesan y no es posible seguir como veterinaria de ganadería a ese ritmo.
“Mis abuelos siempre tuvieron vacas de la tierra, tuvieron cabras, se dedicaron al campo y eran agricultores. Y a mí siempre me ha gustado ese mundo. Así que cuando empecé a trabajar, hubo un ganadero con el que me impliqué mucho que estaba metido en el arrastre de ganado y en la Asociación de la Vaca Canaria. Hablando un día, al poco tiempo de empezar (llevándole su cuadra que luego amplió hasta tener cien vacas de leche y quince vacas de la tierra), «ah, ¿te gusta el tema este?, nos hace falta gente», me dijo. Porque entonces era una época en la que este tema estaba de capa caída, no había un reglamento ni unos estatutos y me pilló. «Pues vamos a formar un club, legalizado, en Gran Canaria», que es el Club de Arrastre La Caldera (el primero que se creó en la isla), «para hacer más visible el arrastre y la promoción de la vaca de la tierra». Con él fue con quien conocí más el mundo del arrastre de ganado.
—¿Fue tu primer cliente después de acabar los estudios?
—Sí. Digamos que fue uno de los primeros clientes que tuve con vacuno, con una granja más grande, y el más implicado con la conservación de la vaca del país. Es una vaca que está en proceso de recuperación (ya no está en peligro de extinción, como estuvo unos años) gracias a los concursos de arrastre y a los ganaderos implicados en todas estas cosas.
—¿Cómo te recibían los ganaderos cuando llegabas a sus explotaciones al principio? ¿Quién tenía más nervios, tú como novata, la vaca o el ganadero?
—¿Sabes lo que pasa? Que yo llevaba ya unos años trabajando con una veterinaria (Ana María Hernández) y desde los 18 estaba yo implicada e iba a hacer las visitas con ella por muchos sitios. Por eso muchos de los ganaderos ya me conocían cuando terminé la carrera a los 26 años.
“¿Cómo me recibían? Pues bueno, en aquella época (hace casi 30 años) todavía había de todo, pero tengo que reconocer que la mayoría de los ganaderos son muy respetuosos. Pero sí es verdad que al ser una mujer, todavía hoy es así conque imagínate hace 30 años, tienes que demostrar más lo que sabes y lo que haces. Así que se dieron multitud de anécdotas y de situaciones complicadas en el trabajo de campo en plan bruto, en partos… Había de todo.
—Que en un parto complicado hay que ayudar a la vaca a expulsar al becerro.
—Sí. Hay que hacer fuerza, pero como en todo y sabiendo, más vale maña que fuerza. Hay muchas cosas que se solucionan sabiendo técnicas y no haciendo fuerza bruta.
—¿En qué medida los ganaderos siguen utilizando remedios naturales tradicionales para curar dolencias de sus animales sin recurrir a un veterinario?
—Remedios naturales van quedando muy pocos. Desgraciadamente estamos en una época en la que todo el mundo ha hecho un uso indiscriminado de antibióticos y de fármacos, con lo cual esos remedios han quedado un poquito apartados. Tenemos un gran problema también en la clínica de pequeños animales con eso. Nos han puesto Prescivet [Receta Veterinaria Electrónica] y Presvet [Gestión de Vigilancia de Prescripciones de Antibióticos] que son programas para dar de alta el uso de antibióticos en poco tiempo y en ganadería están muy agobiados con todo esto. Es verdad que todavía hay quien utiliza pequeñas cosas. Yo utilizo mucha medicina natural, no solamente en ganadería. Intento no abusar de la química.
“Pero es verdad que se usa cada vez menos esa medicina natural. No sólo porque durante un tiempo ha sido más fácil el uso o el acceso a fármacos sin tanto control (sobre todo antibióticos), sino porque, desgraciadamente, se van muriendo los viejos, nuestros ganaderos más mayores, que son los que utilizaban muchos remedios. Recuerdo perfectamente cuando empecé que, sobre todo cuando las vacas estaban de parto, me decían «ya le pusimos un litro de vinito para que esté más calentita». Y yo les decía: curarla no la curas, pero seguro que más contesta va estar.
—Otra veterinaria de campo, Inés Martín, especializada en caprino, me decía que descubrió su isla, Fuerteventura, «buscando granjas de noche y de día por unos caminos imposibles». ¿Qué isla de Gran Canaria descubriste tú en esas madrugadas buscando cuadras en muchos casos en cuevas y seguramente sin luz?
—La clínica de pequeños rumiantes como las cabras suelen estar en lugares más accesibles. Son ganados más grandes y hay que llegar con el coche para llenar los tanques. Yo descubrí sitios que no conoce nadie. Del centro de la isla para acá [en el norte] me conozco muchos atajos… y en aquella época pocos sitios estaban asfaltados.
“Había zonas a las que se llegaba con coche y eran peligrosas, en pendientes o cuando llovía en invierno. En el noventa por ciento de los sitios no había luz, era complicado cuando te llamaban de urgencia a las dos o las tres de la mañana. Pero siempre buscábamos como arreglarnos con velas o con linternas de pilas. Me tocó trabajar una época difícil.
—¡Y sin GPS que te guiara!
—¡Totalmente! No solamente para ir a donde te decían, sino que quedábamos en otro sitio para desde allí ir caminando hasta donde estaba la cuadra de las vacas, igual en el fondo de un barranco. Muchas veces no se llegaba en coche ni a las cercanías y tenías que ir caminando con el bolso, una muda completa de ropa, con la bombona de semen cuando había que inseminar… Recuerdo una cuadra en la que estuve de noche en un parto y hacía tanto frío (en diciembre y por Fontanales), que el señor iba a la casa que estaba a diez minutos y me traía un baldito con agua tibia para lavarme las manos y poder estar allí.
—«El parto de una burra es precioso, conserva todavía su memoria salvaje y son muy madres», me decía Fernando G. Alba, criador dedicado a la recuperación del burro majorero. Enfrentarse a la tarea de asistir a una vaca en un parto es… ¿emocionante, bonito? ¿Cuánto puede complicarse?
—No hay diferencia entre el parto de una mujer, de una burra o de una vaca si es normal y no hay complicaciones. Y si es complicado, es muy complicado, hay que hacer fuerza, hay que hacer cesáreas… Es verdad que es una de las partes más agradecidas y más bonitas de este trabajo, porque traes una nueva vida al mundo. Lo que pasa es que al veterinario no lo llaman para ver un parto natural, si te llaman es porque hay muchos problemas y complicaciones.
—¿Tiene futuro la raza canaria de vacuno si la dedicamos sólo a concursos de arrastre y romerías?
—No. De hecho, es el gran reto y para lo que se ha creado la Asociación Canaria de Arrastre y se separó de la Federación Canaria de Arrastre como deporte autóctono. Son dos organizaciones diferentes. La Federación es la que organiza los concursos de arrastre en las tres islas, Gran Canaria, Tenerife y La Palma. Y por otro lado está la Asociación Canaria de Arrastre Fomento y Crianza del Ganado de la tierra. La vaca tiene futuro como complemento a muchas cosas: a la elaboración de quesos y a otras dedicaciones en una granja.
“No puede competir con animales de otras razas ni en producción de leche, ni en producción de carne, ni en trabajo. Pero es un animal de cuádriple aptitud: leche, carne, trabajo y folclore porque es una parte esencial de nuestra cultura y nuestras tradiciones. Y tiene futuro en tanto en cuanto se mantengan los concursos de arrastre, las ferias, las romerías y las trillas porque es una forma de ayudar al ganadero económicamente para que pueda implicarse en la cría de vaca de la tierra.
“Tiene futuro en tanto en cuanto haya relevo generacional que es el gran problema de la ganadería. Si no conseguimos transmitir a la gente joven que de la ganadería y la agricultura se puede vivir (y la verdad es que es muy difícil en Canarias hoy en día), ni la vaca canaria, ni la vaca extranjera, ni nada tiene futuro. Ahí están Juan José y Eli haciendo queso sólo de vaca canaria, aunque tienen algunas mestizas. La vaca canaria da menos litros, pero la leche es más grasa y mucho más alta su cantidad de proteínas y para la elaboración de queso es mucho mejor. Si no damos visibilidad y ayudas a todas las personas que se están preocupando porque siga todo esto hacia adelante no tenemos futuro en ganadería ni agricultura.
“Yo que soy la que organiza los concursos de arrastre y muchas romerías me cuesta el alma conseguir que algunos ayuntamientos se impliquen. Y cuestan menos que cualquier concierto que hagan, pero muchas veces son gente que no les gusta ni están relacionadas con la ganadería, con lo cual no tienen conciencia de lo que significa. Yo siempre lo digo, no somos cuatro locos que van con sus animales a tirar de 500 kilos y dar cuatro vueltas. Todas esas personas que están ahí están implicadas con la cría de la vaca canaria, con la agricultura y la ganadería. Son gente joven que trabajan en otras cosas, son taxistas, camioneros, electricistas y quieren ganarse la vida con la agricultura y la ganadería.
“Si las instituciones, públicas y privadas, no tienen conciencia de que es una actividad que necesita ayuda y está relacionado directamente con el sector primario de las Islas y se implican más, esto se acaba. No porque la vaca canaria no tenga futuro, sino porque necesita ayuda y necesita relevo generacional.
“Es un tema muy trillado, pero, ¿por qué en los hoteles no hay queso de la tierra? Porque es más barato traer queso de fuera. ¿Por qué con el clima que tenemos para criar cabritos y corderos todo el año, en los hoteles se come cordero neozelandés? Es un tema económico y ahí son las instituciones las que tiene que implicarse. Se están implicando con el queso y aun así quienes elaboran queso de cabra y de oveja lo están pasando mal porque no están alcanzando los objetivos económicos y sociales que se preveían.
“Yo soy optimista en el tema de que pueda tener futuro, pero soy pesimista porque tengo a mis chicos del arrastre y veo que les cuesta llegar. Con 150 o 200 euros que se paga a una yunta en una romería en Gran Canaria casi no da ni para pagar el transporte de un camión. Muchos de ellos ya tienen su propio camión porque les resulta más factible pagar un camión durante diez años y tenerlo para todas esas cosas (ir a buscar ración para los animales o llevarlos a una romería) que no pagar un transporte público.
—La protección del bienestar de los animales es algo que importa cada vez más en nuestra sociedad, pero hay quienes lo están llevando al extremo de llamar maltrato a montar a caballo, arar con una yunta o los mismos concursos de arrastre. ¿Nos estamos pasando de rosca en la legítima preocupación por defender el bienestar animal?
—Tenemos un gran problema con eso. Hay entidades (ONGs y asociaciones protectoras de animales) que están interfiriendo en que todo esto siga desarrollándose. Incluso en la clínica de pequeños animales tenemos humanización en el trato con ellos y yo también tengo perro y participa de la vida familiar. Cuando hago un arrastre de ganado y explico todo lo que pasa, siempre digo que no se permite el castigo a los animales.
“A mí me gustaría que mucha de esta gente pasara una noche en una cuadra cuando un ganadero está las 24 horas velando a la vaca cuando está de parto. A ver si eso no es cuidar a un animal. No creo que enyugar a un animal y dedicarlo a arar la tierra o a un arrastre donde el máximo tiempo que se está arrastrando son tres minutos en un concurso se maltratarlo. El mimo con el que se trata a los animales es enorme. Estoy segura de que muchos de estos ganaderos cuida mejor a sus animales que a sí mismo.
“Estamos teniendo una explosión social por el bienestar animal, que está bien porque los animales sienten y necesitan unos cuidados que hasta ahora no se le habían dado. Pero está siendo excesivo y tenemos un gran problema con el arrastre de ganado y con las romerías. Si las perdemos perderemos una parte importante de nuestras tradiciones y de nuestra idiosincracia. Y hay muchos concejales de partidos o asociaciones de protección animal que consideran que un animal que pasa dos horas en una romería, o participa en un arrastre o en una trilla es maltrato. O tienen miedo a que durante un acto de este tipo les monten un espectáculo denigrante por este motivo.
“Si no entendemos la conexión con el sector primario y con la vida en el campo nos vamos a quedar sin nada. Y mucha de la gente que lucha por que desaparezcan todas estas cosas está sentada en su casa viendo la tele, no sabe lo que es atender a un animal. Estamos pasando por una época muy complicada en este aspecto.
—Última pregunta: un recuerdo dulce.
—Cuando empecé a formar parte del arrastre de ganado, había un señor que era un puntal en vacas de la tierra, tenía un toro que pesaba dos mil kilos, y a mí me tocó expulsarlo del arrastre por no cumplir una norma. Estuvo un año fuera de las competiciones, perdió dinero y hasta visibilidad. Que fuera una mujer la que lo hubiera echado todavía le sentó peor y en alguna reunión me gritó.
“Cuando dije que no me iba a presentar más para la directiva, me esperó una madrugada a la puerta de la clínica porque sabía que yo iba temprano para inseminar las vacas. Cuando lo vi casi me muero del susto, yo una pipiola que no tenía ni los 30 y él un señor mayor. ¡Uf!, ¿qué me irá a decir? Pero era para decirme que pese a nuestras diferencias tenía que presentarme a la directiva de la asociación, «porque tienes las cosas claras y es la única manera de que esto siga adelante». Así lo hice y así llevo 30 años metida en el mundo del arrastre con la vaca de la tierra. Es un recuerdo muy bonito.



