Cita con Canarias

María Jesús Rodríguez, directora del Aula de Silbo de la ULPGC

«El silbo es patrimonio de todas las islas y debe impartirse para todos los escolares canarios»

«Como científicos nos guiamos por pruebas fehacientes, como mínimo se silbaba en cuatro islas», dice María Jesús Rodríguez Medina durante la entrevista para hablar del Aula de Silbo de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), que recientemente ha iniciado su actividad [Versión extensa de la entrevista publicada en la edición impresa de PELLAGOFIO nº129 (2ª época, mayo 2024)].

«Desde un punto científico, ‘gomero’ no es el silbo que se practica en las demás islas» MARÍA JESÚS RODRÍGUEZ

Por YURI MILLARES

Profesora titular de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (área de Traducción e Interpretación), se ha estrenado hace bien poco como directora del Aula de Silbo de la propia ULPGC. «La idea es que a través de talleres, conferencias, encuentros académicos, apoyo a la divulgación científica y a la sociedad, el silbo no desaparezca», dice. Pronto, además, hará dos años del estreno cinematográfico en el Paraninfo del Rectorado del documental El lenguaje silbado en la isla de Gran Canaria, dos hechos —Aula de Silbo y proyección— que están muy relacionados. Después de El Hierro, le tocaba a Gran Canaria reivindicar que también hay silbo en esta isla.

■ OJO DE PEZ / El silbo de todos los canarios

La cita tuvo lugar en el mismo aula del edificio de Humanidades donde se iba a impartir una de las clases del taller de iniciación al silbo de la ULPGC… pero una ahora antes (que no es lo mismo que una hora menos), no era cuestión de interrumpir a los profesores. Una experiencia piloto —y necesaria— para ampliar la enseñanza del silbo a todos los canarios ●


—¿Esperaban tener un llenazo en el patio de butacas para ver un documental?

—En absoluto. De hecho, estuvimos barajando la posibilidad de una sala más pequeña. Algunos de los que iban a intervenir incluso lo pidieron así, porque el Paraninfo no se suele llenar en los actos culturales. Pero para nuestra total sorpresa (de verdad digo que no lo esperábamos en absoluto), aquello se llenó como nunca lo había visto ni Maximiano Trapero, que lleva toda su vida en la Universidad.

“Vino mucha gente, no sólo del mundo del silbo, sino también quien no tenía idea del silbo y lo vio en las redes y la prensa y acudió a saber de qué iba. Ese era nuestro reto, que se supiera que también hay silbo en Gran Canaria. Lo más entrañable es que vinieron silbadores que todavía están vivos, con sus familias. Fue un acto multitudinario donde pudimos captar el entusiasmo y el interés que hay en Canarias por el silbo.

—En abril se imparte (se impartió cuando se publique la entrevista) el primer taller de iniciación al silbo que realiza la ULPGC. ¿Es una respuesta a ese éxito o ya se lo venían pensando?

Raúl Martín y Rubén Jiménez durante una de las clases del taller de iniciación del silbo de la ULPGC. | FOTO Y. M.

—El Aula de Silbo y el taller han surgido a raíz de ese acto, que yo presenté. Resulta que cuando estábamos en la parte del coloquio [tras la proyección], salió el tema de crear un Aula de Silbo en esta universidad, como es el caso del Aula de Teatro o el Aula de Jazz, entre otras. Recuerdo que se lo pregunté a la vicerrectora de Cultura de entonces y me dijo: «Pues créala tú». Todo el mundo se rio porque fue algo espontáneo y anecdótico. Esa idea se ha plasmado ahora, casi dos años después. Ha sido posible por el apoyo del equipo rectoral y por el apoyo del actual vicerrector de Cultura, que han visto que es una buena forma de potenciarlo.

—¿El árbol de La Gomera no dejaba ver el bosque de un archipiélago que tenía ese lenguaje en común? ¿Por qué ha estado oculto este tesoro cultural?

«Cuando yo era pequeña no oía hablar del salto del pastor, no había escuelas de garrote que yo conociera. Sólo recuerdo la lucha canaria, porque salía mucho en Televisión»

—El silbo, como otros elementos de la identidad canaria, de nuestra tradición y nuestra cultura, estaban en declive en los años ochenta [del siglo pasado]. Cuando yo era pequeña no oía hablar del salto del pastor, no había escuelas de garrote que yo conociera. Sólo recuerdo la lucha canaria, porque salía mucho en Televisión Española en Canarias.

“El silbo, como otros elementos del patrimonio intangible en Canarias, estaba también muy en decadencia. Tengo entendido que fue Isidro Ortiz, al retornar de la emigración y ver en La Gomera que se estaba perdiendo y que, irremediablemente, iba a desaparecer, quien tuvo la buena idea (y hay que agradecérselo) de promoverlo allí y empezaron a hacer cursos. Y empezó a revitalizarse. Algo parecido es lo que se está haciendo aquí.

«La declaración hace unos años del silbo gomero como Patrimonio de la Humanidad (de lo que todos nos alegramos), ha hecho que se imponga ese adjetivo a un silbo que, realmente, es canario, es de todas las islas»

“Ese ha sido el recorrido. Pero también es cierto que la declaración hace unos años del silbo gomero como Patrimonio de la Humanidad (de lo que todos nos alegramos), ha hecho que se imponga ese adjetivo a un silbo que, realmente, es canario, es de todas las islas. Eso ha ido en detrimento de su protección y divulgación en las cuatro islas de las que hay pruebas de que ha habido silbo de siempre. Esa es la sombra.

—Gente mayor y pastores que he conocido (algunos ya fallecidos) en El Hierro y Gran Canaria, nunca me contaron que silbaban en años hasta hace poco, que les empiezo a preguntar por el tema. Ellos mismos no le daban importancia a algo que fue cotidiano en su juventud.

—Claro, es como si hoy le dieras importancia a hablar por teléfono o enviar un mensaje. Nadie se asombra. Siempre que hacemos cualquier acto de silbo, cualquiera que sea (proyección de un documental con debate posterior o un taller), hay gente que dice «mi padre silbaba», «mi madre silbaba», «mis tíos…», «mis vecinos…». Siempre hay testimonios. Y nosotros somos científicos, nos guiamos por pruebas fehacientes. No hay testimonios de que hubo silbo en La Palma fruto, quizás, de la mala suerte. Porque cuesta creer que esta isla, también abrupta, sea de las pocas que no tuviera silbo. Probablemente sí lo tuvo, pero no hubo la suerte como en Gran Canaria y Tenerife de coger a tiempo a silbadores tradicionales y encontrar testimonios.

«El silbo está en retroceso y en peligro de desaparecer, como universitarios tenemos la responsabilidad de que eso no ocurra»

—Manuel Lorenzo Perera (Premio Canarias de Cultura Popular), preguntado por el silbo y su protección [Pellagofio, octubre 2023], insiste en que hay que «meter de lleno la cultura tradicional en todos los centros educativos, desde la Educación Infantil a la Universidad». ¿Este taller de iniciación podría ser un primer paso? ¿Tiene vocación de permanencia?

—Sí. Precisamente vino como invitado a la proyección del documental del silbo en la isla de Tenerife en la ULPGC, hace poco, y dijo eso mismo. Él es un fiel defensor de esa idea, que nosotros también apoyamos. En la memoria que redactamos para presentar el Aula de Silbo lo pusimos como objetivo prioritario. El silbo está en retroceso y en peligro de desaparecer. Como universitarios tenemos la responsabilidad de que eso no ocurra. No entiendo por qué niños de islas concretas sí pueden aprender silbo en la escuela y de otras islas no. Se paga con nuestros impuestos a profesores de silbo para unos niños, mientras para los de otras islas no. Ahí hay una clara discriminación.

María Jesús Rodríguez Medina en el aula del edificio de Humanidades donde se impartió el primer taller de iniciación del silbo de la ULPGC. Al fondo, Raúl Martín, uno de los silbadores que impartió el taller. | FOTO Y. M.

“Preguntabas por la continuidad del taller. Estamos en una universidad y cuando se aprobó el Aula de Silbo fue el 29 de febrero, ya casi en marzo. Luego llegaba Semana Santa y después enseguida es final de curso: en mayo son los exámenes y la entrega de los trabajos de fin de título. Sería ilusorio que pudiéramos montar ya un taller con continuidad cuando está acabando el curso y los estudiantes están muy liados.

«La idea, cuando empiece el año académico, es crear un curso de silbo de varios módulos que empiece en octubre y acabe en mayo de forma que una persona que quiera pueda aprender a silbar y emitir bien»

“La idea es, cuando empiece el curso 2024-2025, crear un curso de silbo de varios módulos que empiece en octubre y acabe en mayo de forma que una persona que quiera pueda aprender a silbar y emitir bien, con potencia, entonando bien y conociendo en profundidad el contexto histórico-etnográfico. Así, de forma muy transversal, a la vez que aprendemos silbo salen temas canarios en los textos que se trabajan de todo tipo. Y hacemos salidas al campo para que la gente pueda silbar. Por eso ahora sólo hemos planteado este taller de iniciación en abril a ver qué acogida tiene. Estamos muy contentos porque se inscribieron casi treinta personas y no es gratuito.

«Hay pruebas fehacientes que dan por cierto el silbo en, al menos, La Gomera, El Hierro, Gran Canaria y Tenerife; en Lanzarote estamos a punto de confirmar ciertas pruebas que lo puedan corroborar»

—Maximiano Trapero (Premio Canarias de Patrimonio Histórico) ya había publicado en 1991 en La Provincia un artículo con su «descubrimiento» del silbo en El Hierro y todavía hoy sigue insistiendo en que es un fenómeno propio de cada isla, herencia de la cultura de los aborígenes. Sin embargo, hay quien se resiste a reconocer esta realidad. ¿A quién puede molestar esta riqueza etnográfica? Porque a alguien le está molestando.

Vita (Remedios Morales, 84 años), fotografiada silbando en El Pinar. | FOTO NABIL MOURAD

—En nuestra memoria de presentación de los objetivos del Aula siempre hablamos de «silbo», sin ningún adjetivo. Esto es una universidad, nosotros somos científicos y en Canarias hay silbo, como mínimo, en cuatro islas desde la época aborigen antes de la Conquista. Y no lo digo yo, lo dice una persona que es Premio Canarias de Patrimonio Histórico como Trapero, que él lo descubrió haciendo investigación dialectológica en El Hierro. Y en sus investigaciones no hay atisbo de duda. Vio y escuchó a silbadores, no es que se lo contaran.

“Hay pruebas fehacientes que dan por cierto y con toda seguridad el silbo en, al menos, La Gomera, El Hierro, Gran Canaria y Tenerife. En Lanzarote estamos a punto de confirmar ciertas pruebas que lo puedan corroborar. Se piensa que tuvo que haberlo en todas.

—Hay un video con uno de los últimos silbadores de Lanzarote, ya fallecido.

—Sí, aunque no hay tantas pruebas como en las otras cuatro islas, es un hecho. Y cuesta creer que solamente en Fuerteventura y La Palma no hubiera, islas también de mucho pastoreo. Y no tiene que ser solo en islas abruptas, ya que sí que hay una necesidad de comunicarse a grandes distancias. En este sentido, el Aula va a apostar por que el silbo se proteja y se divulgue en todas las islas sin ningún adjetivo. Y encomiamos la labor que han hecho en La Gomera, hay que aplaudir que se rescatara en los años 80. Sin Isidro Ortiz y el resto de personas que rescataron el silbo que había en esa isla hoy en día tal vez se hubiera perdido en todas. No lo sabemos.

—En La Gomera, después de tantos años escuchando que su silbo era el único, parece que piensan ahora que le quieren quitar algo que consideran suyo.

«Hay que aunar esfuerzos para que el rescate del silbo en La Gomera sirva para las otras islas»

—Creo que se ha politizado mucho y ese es el problema. Cuando algo que no es político se politiza, se tergiversa. Los políticos no son científicos, no son etnógrafos, y mezclan cosas que no se deberían mezclar. Esa es mi modesta opinión. Y debería ser todo lo contrario, aunar esfuerzos para que ese trabajo que ya se ha hecho en La Gomera sirva para las otras islas. Porque «gomero» no deja de ser un adjetivo toponímico y «silbo gomero» está bien para definir el silbo que se practica en La Gomera. Pero, desde el punto de vista científico y técnico, ese adjetivo no es el adecuado para el que se practica en las demás islas, tal como ha explicado magistralmente el profesor Trapero en numerosas ocasiones.

—Hace unos meses se hizo pública una carta de miembros de la comunidad científica de universidades canarias y de Francia pidiendo la protección y la investigación de las prácticas del lenguaje silbado en Canarias. Entre los firmantes, estás tú. ¿Cómo descubriste este lenguaje en cuya defensa y divulgación estás comprometida?

Jacinto Ortega, pastor del sur de Gran Canaria, silba llamando por el nombre a sus hijos. | FOTO YURI MILLARES
Entre las papas que cultiva en Las Carboneras (Anaga), Yiyo Martín silba un mensaje en dirección a Taborno. | FOTO Y. MILLARES

—Hace unos años, no recuerdo la fecha exacta, hubo unas jornadas de silbo organizadas por la asociación Yo Silbo en El Gabinete Literario [de Las Palmas]. Allí intervino el profesor Trapero con una ponencia, también más gente. Yo vi la noticia en las redes, me despertó la curiosidad y quise asistir como libre oyente. No tenía idea de nada del silbo y para mi sorpresa todas las ponencias que se presentaron fueron interesantísimas.

“Me llamó la atención ver el esfuerzo ingente que hacían sin cobrar por ello, era por amor a Canarias. Veía el respeto con el que hablaban y que no era algo politizado. A todos ellos se les veía un amor enorme por el silbo. No había otro interés. Eso fue un mes de mayo o junio y decidí que cuando saliera la convocatoria del siguiente curso me apuntaría. Así fue y la verdad es que no me arrepiento. Fue un año entero y aprendí muchísimo.

—El silbo en Canarias tiene sus peculiaridades en cada isla. Hablamos de silbo gomero o silbo herreño, porque en cada isla se habla con distintas entonaciones y hasta distinto vocabulario. Pero no es una manifestación cultural exclusiva del archipiélago, ni mucho menos de una isla. En zonas de Marruecos todavía se utiliza y en otros muchos lugares del planeta se emplea esta forma de lenguaje (Grecia, Turquía, México). ¿Qué tienen en común y en qué se diferencian?

—El silbo imita el habla. Un filólogo dirá que el habla canaria no es homogénea. Hay un habla en Lanzarote, otra en Gran Canaria, otra en Tenerife… A los de Gran Canaria nos suelen identificar rápidamente porque aspiramos las eses. A un herreño sí le vamos a oír silbar las eses finales. Inevitablemente, al igual que ocurre con cualquier comunicación lingüística, el silbo va a tener los rasgos de los hablantes de la isla donde se manifieste.

“Cuando silbe un gomero, va a tener rasgos del habla gomera, aparte de lo que tengamos en común del habla canaria. Y no hay una sola forma de colocar los dedos, la lengua y los labios para emitir mejor y de forma más clara, ninguna es mejor que otra, sólo es más efectiva en cada caso para quien silba. A un silbador le funcionará poner los dedos de determinada forma que a otro no; o no usar ningún dedo. Lo importante es comunicarse y si consigo hacer llegar mi mensaje a alguien que está a un kilómetro, estaré silbando bien. Y con su léxico y su entonación.

“Por eso decimos que no se puede hablar de silbo con el adjetivo de una isla para todas las islas, porque eso no es cierto. Yo no hablo como un herreño o un gomero y no voy a tener un silbo herreño ni un silbo gomero. Pero todos me van a entender, aunque si uso canarismos, alguien que conozca el silbo y no sea de aquí puede que no me entienda. Es una forma de comunicación como lo es el lenguaje de signos.

—Terminamos, un recuerdo dulce.

—Pues soy una golosa. Lo primero que me viene a la cabeza es que cuando era pequeña mi padre, cada vez que iba a Moya, me traía una caja de bizcochos de Moya. Siempre se lo agradeceré. A nadie de mi casa le gustaba, así que yo estaba un mes comiendo esos bizcochos con leche y Cola Cao —ríe.

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