Mario Miranda colorea imágenes antiguas de Canarias
«Poner color a fotografías antiguas es como si se encendiera la luz»

«La Historia y la fotografía antigua son dos pasiones inseparables», dice Mario Miranda durante la entrevista sobre la actividad a la que dedica cuantas horas de su tiempo libre puede: restaurar y colorear fotografías antiguas de la ciudad donde nació y vive: Las Palmas de Gran Canaria. [Versión extensa de la entrevista publicada en la edición impresa de PELLAGOFIO nº132 (2ª época, septiembre 2024)].
«Intento documentarme para ser lo más fiel posible a los colores» MARIO MIRANDA
Por YURI MILLARES
Colorear fotografías en blanco y negro es algo que se viene haciendo casi desde que existe la fotografía. Pero las técnicas han cambiado mucho desde los aceites y tintes con que se coloreaba a mano en el siglo XIX, a los programas de edición de los ordenadores y la más reciente Inteligencia Artificial. Mario Miranda se ha hecho conocido en redes sociales entre quienes les gusta ver el resultado de ese trabajo de colorear fotos antiguas, en su caso de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria y algunos de sus personajes históricos a los que pone luz y datos de sus vidas. Pero no falta quien lo rechaza.
| ■ OJO DE PEZ / Los Millares y los Miller, en color La cita tuvo lugar en la propia casa de Mario, junto al ordenador con el que trabaja. «Que tú lo hayas llamado para él ha sido un regalazo. Para él y para nosotras—dice su esposa, Susi—. Por lo que tiene de reconocimiento a su trabajo, que tiene su arte». Es ella quien me revela que Mario siente admiración por dos sagas familiares de la ciudad, las de los Millares y los Miller, a cuyos retratos dedica muchas horas de coloreado ● |

—La fotografía es un arte, ¿colorear es también un arte?
—Yo creo que sí. También hay imaginación y creatividad a la hora de elegir los colores. Hay que matizar, no es sólo poner colores.
—Al final es una imagen que has creado de otra manera. La has transformado.
—Probablemente hay más arte en los trabajos de creación digital que en colorear imágenes, pero yo lo veo como una manera de hacer arte.
—Hay artistas dedicados precisamente a la creación de fotografías antiguas coloreadas que, como tales, las firman (como la artista sueca Sanna Dullaway)…
—…Sanna Dullaway y también Marina Amaral. Con Amaral es con quien lo descubrí.
—Y hay grandes fotógrafos que realizan su obra en blanco y negro en la actualidad. Al final, son opciones entre la carga emotiva de una imagen o el realismo para hacer arte. ¿El coloreado aporta chispa a las imágenes?
—Sí. Los medios que tenían antiguamente los fotógrafos daban a veces fotografías que no estaban bien enfocadas, o no estaban bien iluminadas. Ahora, los programas de edición te permiten aclararlas y, al darles color, desde mi punto de vista es como si encendieras la luz.
—Lo último en coloreado de fotografía es la que realiza la Inteligencia Artificial…
—La Inteligencia Artificial (y he visto imágenes coloreadas así), no sé por qué, no termina de tener esa chispa, son imágenes más duras o que no logran colores que encajen.
«Yo lo único que hago es aportar una alternativa, entiendo que haya gente que por romanticismo o por cualquier otra razón las prefiera en blanco y negro»
—En cualquier caso, hay todo un debate sobre el coloreado de fotografías, hay quienes lo rechazan. Al final, ¿es una sustitución o una aportación?
—Es una aportación gracias a la tecnología. Yo pienso que el fotógrafo, en su día, cuando miró por el objetivo de la cámara lo que vio fue en color. Pero no tenía los medios con tecnología para imprimir la foto como él la estaba viendo. Los medios eran lo que había y las fotografías salían en blanco y negro. Yo lo único que hago es aportar una alternativa. Entiendo que haya gente que por romanticismo o por cualquier otra razón las prefiera en blanco y negro. Por eso mismo, cuando las publico las muestro en blanco y negro y en color y que se vean las dos. Que cada uno elija.
—¿Cuál fue la primera fotografía que decidiste colorear y por qué?
— Tenía una foto de estudio muy antigua de mi suegra, siendo muy jovencita, y haciendo pruebas la empecé a colorear. Fue la primera. Fue un aprendizaje de acierto-error. Estuve viendo primero video tutoriales, trabajando la imagen y parando el video a cada paso. A veces no me salía y estaba delante del ordenador moviendo las manos como diciendo ¿qué pasa? —ríe.
«Empecé restaurando y después conocí el trabajo de Amaral, eso fue lo que me animó»
—Desde entonces, ¿cuánto tiempo llevas poniendo color a fotos antiguas?
—Unos quince años. Empecé restaurando y después conocí el trabajo de Amaral a través de fotografías donde lo hace genial. Eso fue lo que me animó.
—¿Cómo descubres los colores para aportar información fiel?
—Normalmente me suelo documentar y sé los colores que pueden llevar. Los textiles no tenían los mismos tintes a finales del mil ochocientos que ahora, no tiene sentido ponerles colores que entonces no existían. Conseguir imágenes en color de esa época es muy difícil. Hago muchas capturas de películas con vestuarios de época. Intento documentarme para ser lo más fiel posible a los colores.
—Cuando eliges el color de un vehículo o del tranvía que circula por la calle Triana, ¿cómo sabes si el vagón era rojo o verde?
—Los vagones que iban con La Pepa —la locomotora que tiró de ellos entre 1942 y 1944— sé que eran rojos —ríe—. Y yo mismo viví las guaguas verdes de Guanarteme. O veo fotos en blanco y negro de Fachico Rojas hechas en la calle Albareda y recuerdo, siendo niño, los colores del anuncio de Pepsi. Son cosas de las que me acuerdo perfectamente.
—¿Viendo los tonos de grises en una foto intuyes qué colores pueden ser?
—Sí. Los puedo imaginar y voy probando. Hay colores que por más que insistas no salen bien, ves que la imagen no la acepta. También es verdad que donde parece que puede ir un rojo va un azul, o donde no va amarillo o un crema no va un rojo, no lo coge. Pero siempre intento documentarme.


—Totalmente. Me apasiona la Historia. Investigo mucho, todo lo que puedo. Por ejemplo, una de las últimas que coloreé: el Castillo de San Francisco, busqué los datos de su historia.
—¿Cómo abordas cada trabajo de coloreado, cuál es la secuencia?
—Yo estoy todo el día con esto en mi tiempo libre. Colorear fotos es como pintar y si no tiene el dedo pintor llega un momento en que no estás haciendo bien, más vale que lo dejes para más adelante. Entonces aprovecho ese rato para ponerme a investigar la foto que quiero colorear.
—¿Qué temática te atrae?
—Sobre todo las ciudad de Las Palmas y sus personajes desde que empecé, porque me parece increíble que no sepamos (yo mismo hasta que fui investigando) quién fue José Mesa y López ni qué cara tenía. Tenemos una gran avenida con su nombre y la mayoría de la gente no sabe quién fue. Entonces busco todas las fotos que puedo y añado una breve historia. ¿Por qué León y Castillo tiene la calle más larga de Las Palmas? Por su labor como ministro promoviendo la construcción del Puerto de La Luz. Y mucha gente tampoco sabe quién fue. Mi proyecto es que los niños no sólo sepan Historia, sino que sepan quiénes fueron las gentes de bien de la ciudad, qué es lo que hicieron.
—¿Hay imágenes de paisajes o personajes que has intentado localizar y no encuentras?
—Sí. ¡Y ayer vi una! Se lo estaba comentando a una amiga y me habló de unos libros de la Historia de Canarias. Y estaba hojeando y me dice «mira esta foto». ¡Esta la quiero!, le dije. Bartolomé Apolinario Macías, el que hizo el Hospital San José [en la playa de las Canteras]. [Hasta entonces] no había visto fotos de él, sólo dibujos. Lo que pienso hacer es escanearla, restaurarla y colorearla.
—Y, al contrario, ¿recibes fotos de seguidores de tu trabajo proponiéndote que las colorees?
—¡Uf, muchísimas! La mayoría ya las tengo, pero siempre lo agradezco porque de diez hay una que no tengo.
—¿Qué paisajes de la ciudad que se han perdido te han impactado o te producen nostalgia?
«Echo de menos las dunas de Guanarteme, por donde jugué mucho en mi niñez»
—Siempre he pensado que soterrar el barranco Guiniguada se pudo haber hecho de otra forma. Fue una decisión de una época en la que se pensaba de otra forma. Me encantaba cruzar el Puente de Piedra. También echo de menos las dunas de Guanarteme, por donde estuve mucho en mi niñez, jugué mucho ahí.
—Terminamos, un recuerdo dulce.
—Cuando me llamaron por teléfono de La Provincia hace un año y cuando me llamaste para esta entrevista —ríe—. Es como un reconocimiento al trabajo. Me habían publicado algunas fotos restauradas y coloreadas en la web miplayadelascanteras.com y estaba muy contento (hasta hace un par de meses no empecé a ponerlas en redes sociales, en Facebook). Entonces fue cuando me llamó una periodista de La Provincia porque había visto las fotos [https://www.laprovincia.es/las-palmas/2023/07/22/pasado-canteras-vuelve-color-82220868.html].
—Pero lo que más le emocionó fue la llamada tuya —ríe su mujer María Jesús Pérez (Susi)—. Siempre le digo en broma «quieres más a los Millares que a tu familia». Siente verdadera admiración por los Millares y busca, con sus fotos coloreadas de personajes, que se reconozca a las personas que han dejado una huella importante en la sociedad canaria. También por los Miller, otra familia que él sigue mucho.
—Si me permiten —interviene su hija Sara—, me emociona el recuerdo de personas que venían con fotos de sus abuelos o bisabuelos, guardadas como un tesoro, fotos muy dañadas que él reparaba de las arrugas, manchas de humedad y caras a las que le faltaba parte de la imagen. Y después decía «la voy a colorear», preguntaba por el color de los ojos o del pelo, la imprimía y le daba la sorpresa a la persona y se la regalaba en una cartulina. Yo veía las caras de esas personas y era emocionante. Es un recuerdo muy dulce.



