Cita con Canarias

Pablo Atoche, arqueólogo con hallazgos excepcionales en Lanzarote

«El aljibe en el yacimiento de El Bebedero, el único indígena en todo el Archipiélago»

«Han aparecido unas estelas maravillosas, en un caso con un antropomorfo con un báculo que no conozco igual en toda Canarias» , dice Pablo Atoche Peña durante la entrevista en la que detalla las excavaciones arqueológicas que viene realizando durante 40 años (1985-2025) en los yacimientos aborígenes de El Bebedero y Buenavista en Lanzarote. [Versión extensa de la entrevista publicada en la edición impresa de PELLAGOFIO nº142 (2ª época, septiembre 2025)].

Por YURI MILLARES

La mayor antigüedad de los asentamientos indígenas que excava y estudia en Lanzarote y la presencia de objetos identificados como romanos asociados a ellos, son dos hechos singulares que los diferencian del resto de yacimientos aborígenes de Canarias. El arqueólogo Pablo Atoche, catedrático de Prehistoria en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC), cumple 40 años de excavaciones en El Bebedero, un excepcional yacimiento con estructuras de habitación aborígenes, que a la vez fue una factoría agraria de cecinas y pieles de cabra, destinadas al intercambio continuado por productos mediterráneos durante casi cinco siglos, desde el I a.C al IV d.C., como atestiguan diferentes hallazgos, entre ellos un ánfora casi intacta hallada en el lugar y diversos objetos metálicos y vítreos.

«Las primeras evidencias arqueológicas del mundo romano en Lanzarote aparecieron en 1985, pero esperamos diez años para publicarlas: había que comprobar todos los datos» PABLO ATOCHE PEÑA

Asentamiento de El Bebedero (Teguise) y los cortes estratigráficos abiertos durante las diferentes campañas de excavación en el extremo norte de la caldera donde se localiza el yacimiento. | FOTO PABLO ATOCHE
■ OJO DE PEZ / Contra viento y marea, los datos

Aunque no es residencia habitual de ninguno de los dos, la cita tuvo lugar en la ciudad de La Laguna (Tenerife). Contra viento y marea defiende el rigor de sus investigaciones y los resultados que obtiene con su equipo (Ángeles Ramírez, Pedro Méndez, Antonio Bueno, Elena Hernández y Víctor Martínez). Sus excavaciones en Lanzarote están rompiendo moldes: dataciones de varios siglos antes de la era y una relación de intercambio entre aborígenes y el mundo romano ●


—Lanzarote tiene, en yacimientos como los de El Bebedero y Buenavista, los más antiguos de Canarias. Por situarnos en el lugar, ¿qué se encontraron aquí cuando empezaron a excavar?

—En El Bebedero empezamos en 1985. Nos lo comunicó el propietario de la finca [José M.ª Barreto Feo], lo que ya fue un hecho excepcional. Nos acercamos Ángeles [Ramírez], María Dolores [Rodríguez] (una historiadora de Lanzarote) y yo mismo y estuvimos excavando ese año. Lo que encontramos fue algo que no se conocía en Lanzarote: un perfil estratigráfico de unos dos metros y medio de profundidad. Eso nos daba una secuencia histórica muy profunda, en la que aparecían niveles muy estables con una enorme cantidad de restos, sobre todo de fauna doméstica: cabras, ovejas y perros, además de cerámicas indígenas y de importación de adscripción romana.

«La tradición historiográfica de Lanzarote decía que la prehistoria de la isla era plana, se conocía Zonzamas y poco más»

“Eso rompía, de alguna manera, con la tradición historiográfica de Lanzarote, que decía que la prehistoria de la isla era plana. Se conocía Zonzamas y poco más, donde hay cerámicas decoradas, casas hondas polilobuladas…, que representaban a una comunidad prehistórica que había permanecido inmutable desde que llegó hasta que se produjo la conquista normando-castellana en el siglo XV. Eso a algunos nos parecía irreal ya que las sociedades humanas evolucionan con el tiempo. En los 1.500 años que suponíamos entonces que tenía la protohistoria de Lanzarote ¿no había cambiado nada?

“Una sociedad que se asienta en una isla con un número determinado de personas, al cabo de todos esos años, demográficamente ha debido crecer, incrementando su número, lo que implica una mayor complejidad social. Eso supone cambios y había que rastrearlos en una secuencia estratigráfica, profundizando para alcanzar los primeros niveles de la presencia humana en la Isla y determinar qué es lo que había llegado y cómo se había transformado. Eso fue lo que encontramos en El Bebedero y, posteriormente, en Buenavista.

—Las dataciones más antiguas en las otras islas se sitúan en los siglos I a III de nuestra era. Ustedes tienen dataciones más antiguas.

«Se consideraba que las fechas más antiguas podrían ser las de una cueva de Tenerife, en el Barranco de la Arena, en torno al siglo V antes de la era»

—Sí, las tenemos, pero hasta que las obtuvimos las cronologías que se tenían como buenas para el llamado poblamiento de Canarias eran las publicadas por Manuel Pellicer, el primer catedrático de Prehistoria de la Universidad de La Laguna, quien organizó, de alguna manera, los estudios y la investigación arqueológica en Canarias. Entonces se consideraba que las fechas más antiguas podrían ser las de una cueva de Tenerife, en el Barranco de la Arena, en torno al siglo V antes de la era. Una fecha que había obtenido de una muestra de huesos de lasértidos. Esa era la fecha que se barajaba en aquel momento como más antigua para el poblamiento de las Islas.

“En El Bebedero las fechas con las que contamos nos dan una cronología en torno al cambio de era. La datación más antigua que hasta ahora teníamos y seguimos teniendo para El Bebedero es del siglo I antes de la era. Es más reciente respecto a lo que se conocía en Tenerife, ya que por entonces, además, se disponía de las dataciones de Icod que había publicado Carmina del Arco de sus trabajos en la Cueva de los Guanches y en la Cueva de Don Gaspar, con fechas en torno al año 1000 antes de la era y alguna incluso más antigua.

“Esas dataciones de Icod supusieron un shock para mucha gente que lo negó taxativamente, «esas muestras tienen que estar equivocadas». ¿Por qué? Porque se salen del esquema académico: o hay un problema a la hora del muestreo o hay que replantearse todo lo que hasta ahora hemos pensado sobre el poblamiento y la colonización del Archipiélago.

«El hito más destacado en El Bebedero, que todavía no se ha dado en ninguna otra isla, es que en los niveles más profundos aparece material de procedencia romana»

—Llevan 40 años en El Bebedero. ¿Cuáles han sido en este tiempo los hitos de esas excavaciones y sus dataciones?

—Empezamos en 1985, así que este año 2025 se cumplen 40 años, sí. El hito más destacado, que todavía no se ha dado en ninguna otra isla, es que en los niveles más profundos aparece material de procedencia romana, ante lo cual te puedes hacer dos preguntas: o hay un problema de estratigrafía o hay gente del exterior que ha traído esos materiales foráneos. No había un problema estratigráfico, la secuencia es estable, sin alteraciones, y cuenta con 40 dataciones, donde las más antiguas están abajo y las más recientes están arriba, la estratigrafía es homogénea y regular. No puedes darle la vuelta. Los análisis señalaron que se trataba de cerámica romana, fragmentos de ánforas. También aparecieron objetos metálicos y abalorios vítreos.

“Todo ello nos indicaba que en un yacimiento en el interior de la isla (a ocho kilómetros de la costa, no es algo que te encuentras en la playa) había unos tipos de ánforas que iban desde el siglo I antes de la era (final de la República romana) hasta el siglo IV (el Bajo Imperio). Por tanto, no era un hecho aislado, sino algo continuado a lo largo de cuatro siglos.

«El mundo indígena no vivió aislado del exterior, las ánforas procedían de la Bética, la Campania y Túnez, probablemente distribuidas a través de Gades»

—Les aparece incluso un ánfora romana entera en 2022.

—Nosotros publicamos las primeras evidencias arqueológicas del mundo romano en Lanzarote en el año 1995. Aparecieron en 1985, pero esperamos diez años: había que analizar las piezas y comprobar todos los datos. Las llevamos a varios museos y hablamos con Miguel Beltrán (el máximo especialista a nivel nacional sobre ánforas romanas) que nos confirmó todo. Incluso nos dijo que «para qué» íbamos a analizar las pastas, que eran romanas. «No, no, Miguel, tenemos que analizarlas porque nos va a dar la procedencia y los tipos anfóricos». Todo eso lo hicimos y en 1995 publicamos una monografía sobre ese tema.

“Ese fue el segundo hito: evidenciar, por primera vez, que el mundo indígena no vivió aislado del exterior, sino que mantuvo contactos no con gente de la costa atlántica donde hay asentamientos romanos, sino que por el tipo de pasta de las ánforas, procedían de la Bética, la Campania y Túnez, probablemente distribuidas a través de Gades. Algo que se confirma con el hallazgo del ánfora de 2022 (además del descubrimiento unos años antes [del taller de púrpura] de Lobos), que viene a señalar que son los gaditanos los que están por aquí desde el siglo I antes de la era.

—Un hecho insólito encontrar una ánfora casi intacta. ¿Cómo fue ese momento y qué información les ha dado? Sería como encontrar un tesoro.

«El ánfora encontrada en 2022 es la más completa que hay en Canarias, en Lobos aparecen fragmentadas»

—Por lo pronto es la más completa que hay en Canarias. En Lobos aparecen fragmentadas. Ese año teníamos permiso para excavar en Buenavista y en El Bebedero, yacimientos que están a unos 600 metros de distancia [entre sí]. Estábamos haciendo un escáner láser digital 3D en Buenavista. El aparato estaba funcionando y nos teníamos que ir para no salir en las imágenes. Nos vamos entonces a El Bebedero para ir trabajando el perfil que íbamos a excavar en esa campaña, tres personas (Ángeles, yo mismo y un doctorando, Pedro).

“Empezamos a perfilar y en un momento determinado aparece la boca de un recipiente cerámico. Claro, la boca no te da ninguna referencia de lo que te vas a encontrar a continuación. Además, eran ya las siete de la tarde, hubo que taparlo todo y al día siguiente volvimos impacientes; estuvimos excavando prácticamente todo el día (ese día llovió) y al final, lo último que salió, curiosamente, fue la contera o pivote (la parte más baja del ánfora, en donde se apoya), que es uno de los elementos de diagnóstico que te permite conocer su tipología y origen. Ya no hubo dudas. De todas maneras, para confirmarlo se enviaron fotos a determinados colegas de la Península que estudian ese tipo de piezas con los que trabajamos conjuntamente.

—¿Cuál era su contenido? Estaría rellena de tierra…

«El interior del ánfora suele conservar residuos del contenido que tuvo, en este caso, elementos muy interesantes»

—Sí, contenía sedimentos que se microexcavaron, centímetro a centímetro en laboratorio, y se sacó todo el relleno. Aparece microfauna y otros elementos que se están estudiando (fitolitos y demás). Por otro lado, la pared interior del ánfora suele conservar residuos del contenido que tuvo. En este caso, elementos muy interesantes que se darán a conocer en una futura publicación que preparamos —ríe.

—Citas entre los hallazgos metales (bronce, hierro, cobre), cerámica a torno, cuentas vítreas. Que haya toda una serie de objetos ajenos a la cultura de los majos o al propio territorio, indica la existencia de un intercambio o comercio. ¿En qué contexto lo sitúas, era una ruta de paso frecuente de naves? En Lobos había un campamento para la extracción de púrpura.

—Lobos tiene una cronología muy concreta: del I antes de la era hasta el I después y se abandona, por lo que sea (o no hay más datos por ahora). En El Bebedero tenemos presencia romana desde el I antes hasta el IV después de la era, es decir, tres siglos después de que Lobos se hubiese abandonado. Disponemos, además, de fragmentos de distintas ánforas correspondientes desde el punto de vista tipológico a esos cuatro siglos. Eso significa que hay un contacto continuado durante ese tiempo. El dato objetivo es que hay evidencias materiales, el dato subjetivo es que hay que interpretarlas (una obligación del historiador).

«Acabamos de encontrar en esta última campaña dos espacios constructivos destinados al tratamiento de pieles con artefactos destinados al raspado y curtido»

“¿Cómo interpretamos nosotros ese dato? En un sitio como El Bebedero hallamos un montón de restos de cabras y ovejas (sobre todo, cabras) en el nivel donde aparecen las ánforas romanas. Si combinas una cosa con la otra, ¿por qué están sacrificando tantas cabras? ¿Qué obtienen? Carne, pieles… De hecho, acabamos de encontrar en esta última campaña dos espacios constructivos destinados al tratamiento de pieles con artefactos destinados al raspado y curtido. El agua que se necesita para esa actividad parece que la obtenían de la zona de alcogida de El Bebedero.

“La gente que vivía ahí trataba la piel y la transformaba. Sacrificaban de una forma continuada animales que, cuando se hizo la biometría, observamos que la mayor parte de ellos eran hembras de entre 16 y 18 meses, por tanto animales adultos. Además, se sacrificaban durante los meses de abril, mayo y junio. El mar se abría, era favorable para la navegación, entre los meses de mayo y septiembre: era el momento de los buenos vientos con ausencia de tormentas.

«El marino necesita comida, agua y productos de interés comercial que trueca por ánforas vinarias y oleícolas; clavos y argollas; y abalorios vítreos»

“Por tanto, suponemos que los navegantes llegan a Canarias en esos meses y previa a su arribada los indígenas están sacrificando cabras y probablemente conservando la carne, no mediante el salado (el marino no la come salada porque necesitaría beber mucha más agua y cargar más el barco), pero sí posiblemente secándola o ahumándola. Las pieles tratadas constituían un elemento importante del comercio en la Antigüedad. Junto a cecinas y cueros la isla podía proporcionar un elemento básico para el viaje marino, el agua.

“Entonces, ¿qué se intercambia? El marino necesita comida, agua y productos interesantes desde el punto de vista comercial. Esos productos locales necesarios los trueca por productos importados: ánforas vinarias para el transporte de vino y oleícolas para el de aceite; objetos metálicos, que no son armas u otros elementos de gran tamaño, sino clavos, pequeñas argollas y otras piezas metálicas que se llevarían en los barcos para atender posibles reparaciones; además de abalorios vítreos.

—Entonces tenemos un asentamiento con distintas estancias para diversas actividades que desarrollan varias familias.

—Calculamos que en el momento de auge del sitio estaría ocupado por entre 50 y 100 personas, ya que el yacimiento dispone de varias estructuras habitacionales, además de las zonas de trabajo y otras construcciones que han sido señaladas por el georradar y que aún no hemos excavado. Estamos limitados para efectuar un cálculo más exacto porque El Bebedero se descubrió cuando una pala mecánica extraía el sedimento rojizo de la hoya para construir enarenados en otra zona, de esa manera se vacía parte de la cubeta, que si bien deja a la vista un perfil en el que aparecen los restos que ponen al descubierto el yacimiento, también se llevó parte de este, aunque no una parte importante.

—La población nativa de estos asentamientos también dejó un rastro propio de su presencia en el lugar. ¿Qué nos dicen las cenizas de sus hogares y los fragmentos de otros objetos de su vida cotidiana?

«En torno al cambio de era El Bebedero era un asentamiento grande, o sea, que ya llevaba mucho tiempo ahí»

—Una cosa es evidente, en torno al cambio de era El Bebedero era un asentamiento grande. O sea, que ya llevaba mucho tiempo ahí. Este año, además, hemos comprobado que el asentamiento tiene una raíz más antigua porque en la zona que estamos excavando hemos llegado hasta el nivel 4, donde están los hallazgos de objetos romanos y donde se asientan las estructuras, pero justo debajo (en el nivel 5) aparecen cerámicas y restos de cabras. Si justo encima (nivel 4) estamos en el cambio de era, 50 centímetros más abajo (nivel 5) debe ser muy anterior. Esto nos está confirmando las fechas antiguas que tenemos en Buenavista del primer milenio, es decir, del siglo X al VI antes de la era.

—¿Había asentamiento ya?

—Había población en la zona. ¿Qué nos dice El Bebedero de esta gente? Que está perfectamente adaptada al hecho insular y a sus limitados recursos. Primero porque han sido capaces de desarrollar un sistema para captar y almacenar agua, un elemento fundamental en Lanzarote. Segundo, porque han sido capaces de practicar una agricultura de secano en la que el trigo y la cebada están presentes, complementada por una ganadería doméstica bien desarrollada, la caza, la pesca y la recolección. Todo ello apoyado en unas tecnologías lítica y cerámica bien adaptadas a las necesidades de la vida cotidiana.

—¿Aparecen semillas en las cenizas?

«Han aparecido improntas de semillas en los fondos de las cerámicas que se carbonizaron durante su fabricación y cocinado»

—En las cenizas no. Hemos hecho flotaciones y todo tipo de microarqueología en los sedimentos y no ha aparecido hasta ahora ninguna semilla carbonizada. En cambio, sí han aparecido improntas de semillas en los fondos de las cerámicas: durante la fabricación de la cerámica, en un entorno en el que hay restos en el suelo, se han pegado semillas al fondo y cuando se ha cocinado esa cerámica, la semilla se ha carbonizado y ha desaparecido, pero ha quedado la impronta. En algunos casos hemos podido realizar la imagen 3D de esas improntas y se observa perfectamente la semilla de cebada blanca y de trigo.

—En cuanto a fauna, aparte de ovicápridos…

«Hemos vuelto a encontrar dos mandíbulas de perro, también coprolitos (caca de perro fosilizada)»

—Tenemos cabra, oveja y cerdo. Y perros, que ya los habíamos atestiguados desde 1985 durante la primera campaña. Este año hemos vuelto a encontrar dos mandíbulas de perro. También coprolitos (caca de perro) en Buenavista. Lo interesante de todo esto es que en su momento hicimos análisis genéticos de las cabras y ovejas con Juan Capote, quien consiguió muestras de todo el Archipiélago y nos pidió de El Bebedero. Sus análisis obtuvieron una mayor diversidad genética en las cabras de Lanzarote que en las de La Palma o Tenerife, diferencia que interpreta señalando que las cabras llegaron primero a Lanzarote, pero que son las mismas que después alcanzaron La Palma.

“Igual tipo de análisis hicimos de la genética del cerdo, proporcionando datos interesantes, ya que no se trataba de un cerdo inicialmente amoldado a un territorio árido, sino del tipo dehesa, de terrenos boscosos, que se adaptaría bien a Gran Canaria o Tenerife, por lo que en Lanzarote habría tenido que readaptarse.

—¿Qué dicen las cenizas de las condiciones vegetales de la isla?

«Los análisis de pólenes señalan que había una vegetación más frondosa que en la actualidad, de tipo arbustiva, aunque no muy diferente a la de hoy»

—El mayor tesoro que tenemos en el yacimiento es la secuencia estratigráfica, de la que hemos tomado muestras de sedimentos profundos cada cinco centímetros. Se analiza en este caso la presencia de paleo pólenes, que nos indica el tipo de flora que había en distintos momentos en la isla. Lo que nos señalan los análisis polínicos es que había una vegetación más frondosa que en la actualidad, de tipo arbustiva, aunque no muy diferente en cuanto a especies a la que podemos encontrar hoy. No existían esos árboles longevos que te proporcionan carbones cuyo análisis radiocarbónico pudiera aportar datos cronológicos que se salgan de lo esperado.

—Después de 40 años de excavaciones, los hallazgos documentados recientemente siguen aportando sorpresas. La última, este verano de 2025, es la presencia de un aljibe. Es el más antiguo de la isla, ¿era habitual en los poblados de los majos?

«Como curiosidad, el aljibe tiene 1,80 metros de alto por 1,50 de ancho porque si fuera más grande no resistiría el contenido»

—Es el único. No se conoce ningún aljibe asociado a un asentamiento indígena en todo el Archipiélago y, por la dinámica del yacimiento, pensamos que es posible que aparezca un segundo. Es el primero que encontramos y presenta toda una infraestructura hidráulica en torno a él para abastecerlo. Se descubrió en buenas condiciones de conservación, cuyo relleno nos ha proporcionado dos muestras para análisis de C14 que obviamente nos darán fechas muy posteriores a su construcción. Como curiosidad, el aljibe tiene en torno a 1,80 metros de alto por 1,50 de ancho, «la medida adecuada», me decía un colega [A. Macías], «porque si fuera más grande no resistiría el contenido». Algo que aún no hemos calibrado y que tendremos que estudiar.

—Con el historial de hallazgos documentados después de tantas campañas y la información que aportan, ¿qué les faltaría o quisieran descubrir para cerrar el círculo de todo lo que saben hasta ahora de este enclave?

«Ha aparecido unas estelas maravillosas, con grabados, el yacimiento es muy rico»

—Desde el punto de vista arqueológico el círculo está cerrado. Ahora mismo disponemos de 40 dataciones que nos confirman lo que sabemos desde el punto de vista del desarrollo histórico y material. Yo no pido más, porque en realidad han aparecido los materiales diagnósticos necesarios, las ánforas han confirmado lo que señalábamos en la publicación de 1995 y este año, además, nos han aparecido unas estelas maravillosas, con grabados o incluso una antropomorfa representando un individuo con un báculo, tipo del que no conozco ninguno igual en Canarias. El yacimiento es muy rico. Pero, por pedir, ya que se dio una relación muy prolongada entre la comunidad indígena y marinos romanos, quizás encontrar algún texto epigráfico sobre placa de bronce o de plomo que informe del tipo de acuerdos que se pudo establecer entre insulares y foráneos, si es que se estableció algún tipo de acuerdo.

Ángeles Ramírez la mañana que excava, con sumo cuidado, el ánfora romana que hallaron casi intacta. | FOTO CEDIDA POR PABLO ATOCHE

“Trabajamos por niveles [estratigráficos] que nos dan siempre fechas más antiguas a mayor profundidad, de forma matemática. El Bebedero es tan previsible arqueológicamente hablando que es la escuela perfecta en la que han aprendido muchos de mis alumnos y otros arqueólogos externos.

—Claro, como dices, tiene unos estratos bien delimitados que informan de cada período.

—Nos quedan todavía los niveles inferiores donde hemos trabajado menos y en los que este año han aparecido cosas muy interesantes. Nosotros siempre intervenimos excavando por capas y en área abierta, en extenso, datando por niveles de ocupación. Ese procedimiento lo aplicamos en Buenavista y lo publicamos en 2023 en la revista de Prehistoria de la Universidad Autónoma de Madrid. Para ese yacimiento algunos colegas plantearon dudas acerca de sus dataciones antiguas al no concordar con lo conocido hasta el momento sobre el denominado poblamiento (que yo llamo colonización) del archipiélago canario. No casaban porque eran muy antiguas y no coincidían con el esquema general preestablecido. De hecho, en Gran Canaria hay quien asegura que el poblamiento se inicia en el siglo III y por la montaña, datación obtenida de un yacimiento ubicado en la cumbre que no puede considerarse el más antiguo, el que marque el inicio de la colonización de esa isla, ya que de ser así iría contra toda lógica de la teoría de la colonización de islas. Seguramente nunca vamos a encontrar el yacimiento primigenio.

“En cualquier caso, ¿qué hicimos? En una de las cuatro estructuras de Buenavista, del nivel de ocupación más profundo, seleccionamos cuatro muestras diferentes: una de carbón, otra de sedimento orgánico (cenizas de un hogar), otra de coprolitos (excremento fosilizado de perro) y otra de un hueso de cabra. El carbón no pudimos determinar la especie a la que pertenecía, aunque el paleobotánico indicaba que no se trataba de una especie arbórea. Por tanto, cuatro muestras de naturaleza diferente y de diferente vida (corta y larga), las enviamos al laboratorio de C14 y no te lo vas a creer, pero las cuatro analíticas dieron la misma datación: 270 después de la era, con la misma variación ±30.

«Nuestro equipo dispone de unas 70 dataciones siguiendo una misma pauta metodológica: muestra que aparece se recoge, se embala y se envía al laboratorio sin ninguna otra manipulación»

“¿Por qué esos datos tan coherentes para muestras de diferente vida? Porque siempre trabajamos con secuencias estratigráficas y por niveles de ocupación. Existe en Canarias un problema a nivel cronológico, concretado en que se están efectuando muchas dataciones de muestras humanas que llevan depositadas en los museos 70, 80 ó 100 años. ¿En esos años no se han contaminado? ¿Fueron en su momento recopiladas con las debidas medidas higiénicas? Nosotros en 2007 intentamos analizar los restos humanos de Montaña Mina para una comunicación al VI Congreso Mundial de Momias (tanto desde el punto de vista del C14 como genético) y lo debimos descartar ya que las cajas donde estaban depositados se hallaban contaminadas y en precarias condiciones de conservación. Actualmente nuestro equipo dispone de unas 70 dataciones para Lanzarote procedentes de muestras obtenidas siguiendo una misma pauta metodológica: muestra que aparece in situ, durante la excavación, que esté contextualizada, se recoge, se embala y se envía al laboratorio sin ninguna otra manipulación intermedia.

—Terminamos, un recuerdo dulce.

—Yo soy goloso —ríe—. Creo que el recuerdo dulce más reciente ha sido el momento en que desenterramos el ánfora de El Bebedero: trabajo con Ángeles, mi pareja, desde hace algo más de 40 años en el campo de la Arqueología, y el instante en el que terminamos de despejar la pieza sobre el terreno y nos mirarnos, ambos comprendimos, sin hablar, que «teníamos razón».

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