Bodegas, uvas y vinos

Pastoreo de invierno entre viñedos de la cumbre de Gran Canaria

Bodegas Bentayga / Viña más sana y prevención de incendios

La bodega a mayor altura de la isla (1.290 m) se asoma a un paisaje de viñedos en terrazas, cuya línea del cielo es una espectacular silueta de montañas jalonadas por los roques Nublo (1.813 m) y Bentayga (1.412 m). Aquí, durante la parada vegetativa invernal de la vid, un rebaño de ovejas se encarga de desbrozar la hierba. [En PELLAGOFIO nº 148 (2ª época, marzo 2026)].


Por YURI MILLARES
La relación entre Bodegas Bentayga y la Quesería Manjar de Tejeda comenzó cuando la bodeguera, Sandra Armas, contactó con un pastor y una quesera que convierten la leche de un pequeño ganado cabras y ovejas en sabrosas piezas con aroma a pasto y leche fresca. Del barrio de La Culata, Pepe León y Coli Mayor estaban lo suficientemente cerca del barrio de Cuevas Caídas (donde se ubica la bodega) como para que les compraran el queso que se ofrece con la degustación del vino: producto de cercanía y con identidad.

«Hacemos queso de mezcla cabra-oveja, hay quien encarga queso de cabra solo y después tenemos la especialidad de queso de almendra», explica el pastor, señalando una creación de Coli para la Fiesta del Almendro que ha tenido mucho éxito y, como indica su nombre, se elabora añadiendo almendra molida a la masa del queso.

José León García (Pepe) con las ovejas entre los roques Nublo y Bentayga de la cumbre grancanaria. | FOTO Y. MILLARES

«Junto al tronco es donde nacen más hierbas que hay que quitar a mano y nos venía de maravilla que lo hicieran las ovejas» SANDRA ARMAS, bodeguera

El pastor con su lanza y, detrás, el rebaño. | FOTO Y. MILLARES
El nexo que propició el sabroso contacto entre ambas partes había sido el guía de senderismo etnográfico Rafael Molina, que «hacía una ruta que pasaba por la quesería y luego terminaba en la bodega, caminando por la cumbre», recuerda la bodeguera. Hasta que un día, relata ésta, «escuché las ovejas y me encontré a Pepe con el ganado por la zona. Le digo: Pepe, ¿por qué no las traes a la viña a pastar? “Ah, ¿puedo?”, me dice. Sí, claro, mientras la planta está en parada vegetativa, que no tenga hoja y no empiece a brotar. “Bueno, pues perfecto”».

Aquel encuentro casual convirtió a las ovejas de Coli y Pepe en habituales visitantes del viñedo, que ya llevan viniendo dos inviernos. De traerlas se encarga él, que las deja sueltas por la mañana en aquellos bancales de los que no pueden salir porque están vallados, y vuelve a buscarlas por la tarde. O las acompaña y pastorea en aquellas otras parcelas más abiertas, «para que no vayan a lo ajeno», detalla.

De este modo, consiguen en la bodega que le hagan el desbrozado de modo efectivo y natural, «dado que nosotros no utilizamos herbicidas ni medios mecánicos para quitar la hierba». Además, «el riego de goteo está justo en la planta, así que el agua y el abono le va justo al tronco: ahí es donde nacen más hierbas, que hay que quitar a mano, y nos venía de maravilla que lo hicieran las ovejas», explica Sandra. «Paralelamente me abonan. Es el empleado ideal», ríe Sandra.

«Desde que haya un mínimo brote ya la oveja no puede entrar, porque incluso con el roce del pelaje, puede echar abajo el brote»SANDRA ARMAS

El pastoreo continúa en otro de los bancales de viña de Cuevas Caídas. Debajo está Lomo La Palma, donde hay más viña. | FOTO Y. MILLARES
Limpiar de hierba el viñedo, sobre todo este invierno tan abundante en lluvias, es fundamental para evitar que compita con las vides por el alimento (agua, nutrientes), a la vez que es una prevención ante las plagas. Y como añaden desde el Cabildo de Gran Canaria, que les han hecho un reconocimiento, favorecen «la creación de un paisaje mosaico más seguro y resistente frente a los grandes incendios forestales», eliminando la amenaza de vegetación que en verano se seca, convirtiéndose en combustible de posibles fuegos.

Las ovejas estarán entre la viña hasta mitad de marzo, «porque ha hecho mucho frío este invierno —dice Sandra—, pero es verdad que ahora las mañanas son calentitas y la planta está queriendo brotar. Desde que haya un mínimo brote ya la oveja no puede entrar, porque incluso con el roce del pelaje, puede echar abajo el brote. ¡El tan ansiado brote!».

Hasta entonces, en las mañanas calentitas de febrero-marzo las ovejas siguen su dieta de malvas, hierba burro, tederas y otras plantas que mantienen a raya entre las hileras de troncos de viña o en los bordes de las parcelas. «Como la hierba del campo no hay ninguna», dice Pepe —que también siembra cereal para alimentar a los animales— y sólo trae ovejas a la viña, no las cabras, «que en estos matos no se pueden soltar porque se come la planta y se seca».

«El otro día barruntaron viento y venían por la carretera como si viniera un perro detrás de ellas. Fíjate como son los animales»JOSE LEÓN, pastor

Después de pasar el día pastando unos ratos y descansando a la sombra otros, «las ovejas para casa van como ranas, como digo yo. Sin embargo el otro día barruntaron viento y venían por la carretera como si viniera un perro detrás de ellas, volando para la casa. ¿Qué les pasa a las ovejas?, pensé. Y al siguiente día: viento, efectivamente. Fíjate como son los animales. Y las cabras también lo notan, cuando barruntan viento o algo, pegan a topar».

Con las cabras, por cierto, se acaba de incorporar al programa Gran Canaria Pastorea del Cabildo, que lo ha incluido en la nueva adjudicación de superficies públicas de pastoreo para la prevención de incendios forestales, siendo remunerados por ello en función de objetivos que se marcan. Un total de 34 familias ganaderas de la isla pastorean montes y cauces de barrancos, «a través de la acción de las conocidas popularmente como las “ovejas y cabras bombero”», señala la Consejería de Medio Ambiente, Clima, Energía y Conocimiento de la institución insular. «Ya estuvo el helicóptero hace unos días mirando las hectáreas y todo eso», confirma el pastor.

10 años de sequía y un ‘regalazo’
Con cinco hectáreas de viñedo en producción, Sandra Armas no deja de mirar al cielo… y comprobar las lecturas de la estación meteorológica que tiene instalada en la finca. «Llevamos diez años de sequía. Aquí el último año que llovió considerablemente fue 2015 y lo estamos viendo todavía: tenemos muchas plantas muertas. El año pasado arrancamos casi una hectárea. También llovió un poco, pero este año ya ha sido el regalo del cielo, ¡el regalazo!», ríe esperanzada con la posibilidad de una cosecha en 2026 que mitigue los disgustos de ejercicios anteriores. «No te puedo decir cuánto fue la cosecha de 2024 porque se me saltan las lágrimas», confiesa.

Agala Bentayga 1412, conexión ancestral. Los vinos Agala de esta bodega muestran en su etiqueta la gama de altitudes a la que crecen sus uvas: 1050 es el tinto listán; 1175, el tinto de baboso negro, vijariego negro, castellana y tintilla; 1318, el blanco con albillo criollo y vijariego… Con las altitudes ya en las demás referencias, su blanco crianza 2020 de uvas vijariego luce en la etiqueta la altitud del roque Bentayga, una conexión entre la elaboración inspirada en las prácticas del abuelo del enólogo Daniel Viera y el roque que da nombre a la bodega y el vino, cuya uva fermentó entera en un tino y pasó luego a barrica de 500 litros. | FOTO Y. MILLARES
Si a la prolongada sequía, añadimos el incendio de 2019 que arrasó la hectárea y media de viña que tenían en Acusa (Artenara), es fácil comprender que el generoso invierno de 2026 genere buenas previsiones. «Por suerte tenemos agua propia de manantial y del naciente El Molinillo. Con ese agua, más la de la lluvia, creemos que tenemos para un par de años. La estación meteorológica, con sensores a 30 y a 60 centímetros de profundidad (que es donde están las raíces de la viña), por ahora nos dice que hay humedad y podemos retrasar el comienzo del riego».

«Gracias a las ovejas la hierba está controlada, con la lluvia crece a pasos agigantados»SANDRA ARMAS

Todo son parabienes, de momento. Y la estampa de las ovejas pastando entre una viña sin hojas ni brotes ahora, como corresponde al invierno, pero frondosa en cuanto a hierba, es un buen síntoma. «El peligro de la hierba es que ahora está creciendo a pasos agigantados, como te despistes un día crece una barbaridad. Gracias a las ovejas está siempre controlada, siempre corta, es muy importante», advierte.

Como dato curioso, recuerda que las altas temperaturas del incendio de 2019, en pleno agosto, pasificó mucho la uva tinta, deshidratada por tantas horas continuadas con mucho calor. La uva blanca fue otra historia. «Aquí en verano hay altas temperaturas, pero llega la noche y refresca. Durante los días del incendio no le daba tiempo a recuperarse por la noche. Nosotros contentos porque no se nos quemaron las fincas de Tejeda, miramos y, ¿dónde está la uva? Los pájaros de Tamadaba, huyendo del fuego y del calor, vinieron y se comieron toda la uva blanca. Dejaron los raspones vacíos, limpios. ¡Ese año nos quedamos sin uva blanca!».

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