El gofio lagunero, finito pero con distintos granos y tuestes
Moliendas de Canarias (7) / La Molineta-La Estrella de Oro

El Gofio La Molineta hunde sus raíces en la labor de cuatro generaciones de molineros cuyos orígenes se remontan al siglo XIX y a un molino de 1866. Aquí han vivido la modernización con las revolucionarias 12 velas del sistema Ortega en 1908, la electrificación en 1933 o ser los primeros en envasar en 1970. [En PELLAGOFIO nº152 (2ª época, julio 2026)].
«En las antiguas cocheras se quedaban haciendo noche hasta que soplaran los vientos alisios, me contaba mi abuelo» JOSÉ LUIS GARCÍA, molinero

Por YURI MILLARES
En el mostrador del molino de gofio La Molineta se sigue respirando el ambiente de las moliendas de antaño, con el traqueteo de su maquinaria y el sonido de sus piedras volanderas girando. Aquí todavía se puede encontrar gofio de granos locales pero sólo en cartucho, algunos meses al año y despachado desde ese mostrador. Con un número «increíble» de variedades autóctonas en Tenerife, dice José Luis García, el molinero, «el gofio de millo del país (que es una exquisitez) se planta en verano, me empieza a entrar en noviembre y se me acaba en febrero; son unos doce mil kilos y no dura más». Cantidad similar o algo inferior elabora al año del gofio de trigo barbilla, «variedad que se planta solamente para hacer gofio y me puede durar tres meses».
«En Santa Cruz de Tenerife les gusta con más tueste y para ellos hacemos gofio de trigo doble tostado»

Curiosidades
Como datos curiosos, relata que «en el molino nos autoabastecíamos de grano local casi al cien por cien hasta hace unos cincuenta años. Aunque es verdad que tengo en los archivos facturas de mil ochocientos y pico, con sello de Viva la República —la I República Española estuvo vigente entre 1873 y 1874—, de grano que venía de fuera (de la Península sobre todo)».
También en la época del racionamiento de la posguerra señala «venía mucho millo argentino, sobre todo para Gran Canaria. Me decía mi abuelo que venía picado y dando olor, pero no había otro y había que comer. Y gracias a eso escapamos los canarios, aparte de emigrar todos los que se tuvieron que ir en esa época». Que la vega lagunera fuese «un granero de cereales», dice, explicaría ese autoabastecimiento y que la mayor parte del gofio fuera de trigo, aunque recuerda que su abuelo «traía los garbanzos de Fuerteventura y el millo de Lanzarote, donde tenía buenos contactos».

El oficio de la molinería, «al ser artesanal lo tienes que aprender con el tiempo, lo que te va a enseñar son los años de molinero para saber hacer un buen tostado y un buen gofio», detalla al describir el estilo del gofio que define a la marca La Molineta. «Debe ser fino, porque tiene que ser instantáneo cuando tú lo pones en la leche, que pongas dos cucharadas y apenas con removerlo se disuelva… No lo hacemos grueso».
A partir de ahí hay toda una gama de granos, mezclas y tuestes con el trigo, el millo y la cebada hasta un total de ocho cereales y legumbres. «Depende con qué isla trabajemos, hacemos un gofio con diferente tueste. Incluso en Tenerife es diferente en el área de la capital que les gusta con más tueste y para ellos hacemos gofio de trigo doble tostado (que también enviamos a Gran Canaria), al de la ciudad de La Laguna y resto del norte que es un tueste normal».
«Si me pongo a pasear por La Laguna, donde ahora hay edificios o parkings puedo señalar “aquí había un molino, ahí había un molino”»
Esperando por los alisios
José Luis García asegura haber conocido «al menos 70 molinos en Canarias —actualmente apenas son la mitad—, porque desde pequeño mi abuelo me llevaba a todos». Sólo en La Laguna tiene identificados unos 40, entre los que conoció personalmente o ha localizado en archivos antiguos. «Si me pongo a pasear por La Laguna, donde ahora hay edificios o parkings puedo señalar “aquí había un molino, ahí había un molino”».
Lo explica sentado en la oficina del molino que regenta su familia desde hace varias generaciones, entre las mismas paredes donde estaban «las antiguas cocheras y se venía con las bestias; se quedaban haciendo noche hasta que soplaran los vientos alisios, me contaba mi abuelo».
Hasta donde ha podido llegar en sus investigaciones (en la propia documentación del molino y en el Archivo Histórico Diocesano de la ciudad), la saga familiar la ha podido remontar a su bisabuelo Manuel García García, que ha identificado en los archivos diocesanos citado como «molinero» que trabajaba en un molino de viento en Llano del Moro.

La Molineta, historia y marca
Sobre el origen de este molino encontramos interesantes detalles en el libro El Sistema Ortega (Cartas Diferentes Ediciones, 2019), de los investigadores palmeros Manuel Poggio Capote y Antonio Lorenzo Tena. El revolucionario molino de viento sobre armazón de madera de tea, ideado en 1868 por el palmero Isidoro Ortega se aplicó a este molino en 1908, que pasó a denominarse entonces «fábrica harinera Estrella de Oro»..
Según Poggio y Lorenzo, su primer propietario fue Cristóbal Rodríguez Rodríguez, que en 1887 aparece citado «en una inspección para el decomiso de las pesas corrientes y su sustitución por las pertenecientes al Sistema Métrico Decimal». Su yerno Nicolás Hernández Díaz fue el siguiente molinero, ya en 1903, y sería quien contactase con Isidoro Ortega para acordar la construcción del nuevo ejemplar con esta tecnología.
El molino tipo Ortega se edificó en 1907 en el lugar que ocupaba el viejo ingenio de torre en la calle del Peso (en la actual ubicación que, por cambios posteriores en el callejero de la ciudad, pasó a denominarse calle Juan Núñez de la Peña). Su inauguración tuvo lugar el 25 de enero de 1908, según recoge el diario de la época El Tiempo (Santa Cruz de Tenerife, 28/I/1908) en presencia del alcalde lagunero Juan de Ascanio y Nieves y el párroco de la iglesia Nuestra Señora de la Concepción, Santiago Beyro y Martín de Santa Olalla. En una fotografía de la época se observa ese momento, con la azotea del edificio repleta de público y las doce lonas desplegadas.
“Estrella de Oro” era un nombre entonces de moda, sin embargo, entre el vecindario el establecimiento siempre se conoció como “La Molineta”
«Los nuevos aires modernizadores afectaron también a la propia denominación de la industria que pasaría a rotularse como “Estrella de Oro”, un nombre entonces de moda que gozaba de cierta propagación en la provincia. Sin embargo, entre el vecindario el establecimiento siempre se conoció como “La Molineta”. Las menores dimensiones del obrador en relación con los próximos y más aparatosos molinos de torre propició en el habla popular esta denominación», explican Poggio y Lorenzo.
Unos años «después, en 1920, Hernández Díaz vendió la industria a Manuel García García», cuya familia ha sido propietaria desde entonces de la denominada en aquella época «fábrica de viento». Tras el fallecimiento de Manuel García en 1939 y tras un breve período de tiempo parado, el molino reanudó su actividad en 1940 con su viuda Virtudes Castillo Burgos como molinera, hasta que lo traspasó en 1944 a su hijo José García Castillo. De ahí pasó a las siguiente generaciones: su hijo José Manuel y su nieto José Luis, que han continuado elaborando gofio hasta el día de hoy.



