El único tinte con DO del mundo se reivindica como alimento
Cochinilla canaria / Bicentenario del cultivo de un insecto con mucho color

El cultivo de la cochinilla canaria remonta vuelo —tras su casi desaparición a principios de este siglo— de la mano del agricultor y ganadero Lorenzo Pérez. Único exportador del archipiélago de un tinte natural de gran calidad, tramita la declaración legal del insecto como alimento. De momento, el Senado ha dicho «sí». [En PELLAGOFIO nº134 (2ª época, noviembre 2024)].
Por YURI MILLARES
Presente en la alimentación en todo el mundo como colorante para carne, embutidos, lácteos o refrescos, el cultivo de la cochinilla fue un capítulo importantísimo de la economía canaria del siglo XIX que casi ha desaparecido sin que, paradójicamente, se le eche de menos. Y eso pese a que la tunera donde se cría forma parte del paisaje isleño casi a donde quiera que miremos (y que sus palas todavía alimentan al ganado; o que las utiliza el chef Borja Marrero, que la reivindica en su cocina, pero eso es otra historia). Sin embargo, la cochinilla no era un producto de consumo local, sólo se exportaba.

Le siguió su abuelo paterno Santiago. «Decía que la tunera es una de las plantas más valientes que hay. En cualquier tipo de terreno, cortas una pala, la entierras un poco y no hace falta ni riego, como llueva un poquito ya se genera la raíz y tenemos una tunera». Después su padre, Lorenzo igual que él. «Firmas italianas lo felicitaban porque no habían visto cochinilla limpia como la suya. Tiene un jeito para limpiarla que es un espectáculo».
Lorenzo Pérez es ingeniero técnico informático, pero la crisis de 2008-2009 lo llevó a retomar de manera profesional una actividad, la cría de cochinilla, que conocía «desde pequeñito». Realizó un estudio de mercado, creó la empresa Canaturex y plantó de cero una finca en Ingenio. «Desde 2010 ya no aparecía exportación de cochinilla en Aduanas», recuerda. La competencia de precios en el mercado internacional y que no tuviera respaldo de la Unión Europea hizo que este cultivo decayera en Canarias hasta su casi desaparición.

Es el único productor del archipiélago que exporta y lo hace a medio mundo (muchos países de Europa, Estados Unidos, Australia, Indonesia), con una producción de 500 kilos anuales de cochinilla seca. Utilizado como tinte para tejidos y también para restaurar obras de arte pintadas con este color, tiene clientes «que son museos, la Real Fábrica de Tapices y, sobre todo, artesanos que trabajan productos textiles de gran calidad y tiñen con el mejor colorante rojo que existe».

La exposición no sólo mostrará la historia de este producto en Canarias. Con la colaboración del Museo del Prado y otras pinacotecas europeas, se podrá conocer la obra de pintores que utilizaron la cochinilla. «Los cuadros no se van a mover de los museos —precisa Pérez esbozando una sonrisa—, pero nos dan toda la información, que va en una aplicación en la que la gente podrá ver dónde está tal cuadro y dónde se empleó el carmín de la cochinilla».
Colorante de alimentos… y algo más
La potente capacidad tintórea de la cochinilla también se emplea en alimentación como colorante natural. Si en una etiqueta vemos el código E-120, significa que contiene carmín de cochinilla y puede estar en carnes, embutidos, lácteos o refrescos.
En esta línea, Lorenzo Pérez ha iniciado este año la tramitación legal para que sea considerado el quinto insecto comestible. «Ya se aprobó en el Senado —confirma—. Porque hemos hecho una cerveza, Sangre de Dioses (la cochinilla da amargor y color y a la gente le huele a cacao, a chocolate amargo, a cereales), y un Licor del Perfecto Amor». Para la cerveza han utilizado el insecto directamente en la cocción de la malta. En el caso del licor, para colorear una destilación de tunera, millo y tuno de una receta del siglo XVI de los Medici.



