Producto canario

Lanzarote recupera sus gofios de millo y garbanzo de cultivo local

Moliendas de Canarias (1) / La Molina de José María Gil

El único molino de gofio operativo en la isla —y llegó a tener más de un centenar—, reabrió tras restaurar sus instalaciones en 2019 con la firme determinación de apoyar la agricultura local, sumándose al proyecto de recuperación de tierras de cultivo adquiriendo la cosecha de cereales y legumbres para gofio. [En PELLAGOFIO nº 146 (2ª época, enero 2026)].

Al gofio de garbanzos «le añades un poquito de caldo de pescado o de verdura, alguna especie y tienes un escaldón que es un espectáculo» DAVID HIDALGO, molinero


Por YURI MILLARES

La reciente declaración de Lanzarote como uno de los Sistemas Importantes del Patrimonio Agrícola Mundial (SIPAM) por la FAO, ha supuesto un impulso a las iniciativas que ya venía trabajando el área de Paisaje y Soberanía Alimentaria del Cabildo de esta isla, como el banco de tierras, la restauración de fincas abandonadas o la provisión de semillas de variedades locales. Con este reconocimiento, el gobierno insular adquiere el compromiso de llevar a cabo un plan de acción que profundice, entre otras, en esa línea de actuación. «La FAO persigue que sean paisajes vivos, no estampas», decía recientemente a PELLAGOFIO el director del área, Francisco Fabelo.

En la recuperación de los cultivos tradicionales de cereales y legumbres, precisamente, está jugando un papel importante La Molina de José María Gil desde su reapertura en 2019. Tras cinco años cerrada, ahogada por unos costes que su último molinero (de avanzada edad) ya no podía asumir, la emprendedora Lourdes Rodríguez y una nieta del molinero que da nombre a la instalación pusieron en marcha la complicada tarea de restaurar y poner en uso de nuevo la molina que, tras el cierre, presentaba incluso el desplome de algunos techos.

Han puesto en marcha un obrador con unos extraordinarios mantecados de gofio que ofrecen hoteles de la isla en cajitas pequeñas para las habitaciones

Molino de 1870 y molina de 1919. Del antiguo molino troncocónico de tres plantas (s. XIX, declarado BIC) sólo se conserva su exterior. Sin aspas, José María Gil lo sustituyó, al lado, por la molina con un motor Ruston de gasoil a principios del XX. | FOTO Y. MILLARES
La puesta a punto y apertura, que ha culminado la emprendedora en solitario, se enfrenta no sólo a una instalación antigua que requiere de constante atención y mantenimiento. Además debe asegurar su futuro con una gestión que garantice su rentabilidad. «Recuperamos lo que es la industria del gofio, pero no da dinero. He tenido que diversificar», reconoce Lourdes Rodríguez. ¿Cómo? Por ejemplo, poniendo en marcha un obrador que tiene como producto estrella unos extraordinarios mantecados de gofio con naranja, gofio con canela, gofio solo… que también venden a los hoteles de la cadena Barceló ubicados en la isla: en cajitas pequeñas para las habitaciones y sueltos para el desayuno.

Casi sin grano local
La base en torno a lo que gira todo, obviamente, es el gofio y cuando empezaron a moler se encontraron con la dificultad de no tener casi grano de cultivo local, fundamental para la filosofía de producto sostenible y de cercanía que quería desarrollar. En Lanzarote «había muy poco grano, los que plantaban era para su casa o se lo llevaban a Fuerteventura a Francisco [Cabrera, de la molina de La Asomada]», detalla.

En cuanto se hizo realidad que la molina estaba funcionando de nuevo, empezaron a ir agricultores con grano para su propio gofio

Grano a grano y en orden. David Hidalgo regula la velocidad de caída del grano tostado —en este caso millo— desde la tolva a las piedras, para que éstas, de 400 kilos cada una, trabajen con la mayor eficacia y menor desgaste. | FOTO Y. MILLARES
El primer millo lo trajeron de otras islas (Tenerife, Gran Canaria) «y un poquito de aquí, pero muy poquito». Y como el movimiento se demuestra andando, en cuanto se hizo realidad que la molina estaba funcionando de nuevo, «empezaron a venir los propios agricultores a traernos su grano, pero para ellos. Todos los días vienen, algunos con millo solo, otros con mezclas a veces hasta con arvejas, de todo».

Y del grano para el gofio de casa pasaron a traer también para vender: «Sí, comenzamos a tener nuestros propios agricultores. Lo que pasa es que ya no traen 200 kilos como al principio, esta mañana tuve ya uno con 500 kilos —decía el día de la entrevista—. Así que ya empiezan a traer cada vez más volumen y nosotros encantados». Así, poco a poco, han alcanzado una producción de 1.800-2.000 kilos de gofio mensuales de distintas variedades o mezclas con millo, trigo, cebada y garbanzo. «También tenemos Milocao, que es cacao belga con gofio de millo, para los niños», añade.

De garbanzo, extraordinario
El gofio «de garbanzo es el mejor para mí: más digestivo, más dulce», opina Lourdes Rodríguez. «Por memoria, no por otra cosa, a mí me gusta más el de millo y el de garbanzo como algo extraordinario —dice David Hidalgo, a cargo del tueste y la molienda—. Es proteína vegetal, se puede hacer un humus directamente porque no necesita sancocharlo, ya está tostado. Añades un poquito de caldo de pescado, de caldo de verdura, alguna especie y tienes un escaldón de garbanzos que es un espectáculo».

El molino participa en el proyecto de recuperación de terrenos asegurando la compra de cereales y legumbres a un precio, para abastecer al molino

El gofio de garbanzo de La Molina de José María Gil, Premio al Mejor Gofio de Grano Local de Canarias en el Concurso Oficial Agrocanarias de 2025. | FOTO Y. M.
Precisamente, el gofio de garbanzos de La Molina de José María Gil recibió el Premio al Mejor Gofio de Grano Local de Canarias así como la Gran Medalla de Oro en el Concurso Oficial de Gofios Agrocanarias de 2025.

El empuje a la producción local, para seguir creciendo y ofreciendo un gofio de esta calidad, tiene como siguiente paso el proyecto del Cabildo de recuperación de terrenos con la idea puesta en sembrar cereales y legumbres, para abastecer al molino. «Hay un montón de gente que quiere plantar. Yo lo adquiero para la molina, asegurando que lo voy a comprar a un precio y que lo voy a comprar todo». Es una forma de asegurar el grano de semillas locales, de dar empleo y de gestionar territorio de modo sostenible.

Actividad
«Aquí hay mucha gente trabajando, en el interior con la molienda, la tienda, el obrador, y por fuera en la calle», señala Lourdes Rodríguez, que hace recuento de los que son: tres personas en la molina (el molinero David y Marta y Ana en el obrador) y otras tres por fuera Rocío, Adrián y ella misma, pensando en todas las iniciativas que desarrollan para que esta industria molinera no tenga que volver a cerrar.

De hecho, la molina es lugar de numerosa actividad paralela a la propia molienda y los mantecados, como visitas concertadas de grupos pequeños interesados, pero, sobre todo, talleres para escolares que el último año recibió a más de 6.000 niños. «En el Taller de Pella de Gofio los niños meten la mano en unas hondijitas [hondillas] que tengo en la sala —sonríe—. Y para última Fiesta de los Finados (me niego a que los niños digan Halloween) hicieron un taller de roscos que estuvo fantástico», explica.

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