Ecoisla

El agua, eje del plan de reactivación del corazón rural de Gran Canaria

ECOISLA. Un mundo agrario que se vacía, padece grandes incendios y sufre los efectos del cambio climático necesita actuaciones encaminadas a hacerle frente y avanzar hacia un modelo de ecoisla. El plan, que impulsa el Cabildo de Gran Canaria, se llama “La Cumbre Vive” y quiere dar aliento a los hombres y mujeres que mantienen vivas las zonas altas del interior de la isla, impulsando la captación de aguas subterráneas, la adquisición de patrimonio hidráulico o la recuperación de cultivos en fincas como la de Los Lavaderos (con un singular estanque en cueva de grandes dimensiones). [En PELLAGOFIO nº 87 (2ª época, agosto 2020)].

Por YURI MILLARES

La recuperación de las áreas cumbreras de Gran Canaria para reactivar el corazón rural de la isla pasa, según el gobierno insular, por la dinamización “económica y social de las zonas rurales en el marco de la iniciativa La Cumbre Vive”. El plan se concreta en once proyectos de agricultura, ganadería, recursos hidráulicos, prevención del fuego, medio ambiente, comercio, reciclaje y energías renovables al que se han destinado cinco millones de euros. Tales proyectos pasan por la necesidad de dotar a este territorio “de los recursos hídricos necesarios para el buscado desarrollo sostenible de dichas actividades”, señala.

Hacer correr el agua por la cumbre y que llegue a cada finca y a cada rincón donde sea requerida resulta esencial para que la vida recobre su pulso, de ahí que las intervenciones ligadas a su almacenaje y distribución acaparen tres de los cinco millones de este plan trasversal de inversiones”, señala.

Cosechando papas junto a la Vega de Las Cruces (o Parque del Otoño), en Artenara. | FOTO YURI MILLARES

Las necesidades en cuanto al fomento del desarrollo sostenible de dichas zonas quedaron claras para la institución insular, tras la amplia documentación elaborada para las declaraciones de la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria, así como del Patrimonio Mundial de la Unesco para el espacio de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria. Éstas pasan por promover el retorno de la población que se desplazó a la costa, promoviendo líneas de actividad económica en el interior rural, respetando siempre los valores naturales y culturales que dan identidad y valor añadido a este territorio.

En unos tiempos en los que la isla sufre la falta de lluvia se percibe el efecto de lo que los técnicos del Consejo Insular de Aguas denominan los “trasvases cumbre-costa”

La cara negativa del desarrollo agrícola. En unos tiempos en los que la isla sufre la falta de lluvias, “quizás como muestra de cuales podrán llegar a ser los efectos del cambio climático”, se percibe el efecto de lo que los técnicos del Consejo Insular de Aguas denominan los “trasvases cumbre-costa”.

“Para explicar el concepto debemos viajar al pasado, a la primera mitad del siglo XX. La guerra del agua está en su pleno apogeo, con los diferentes agricultores de exportación perforando pozos para suministrar aguas de riego a sus cultivos, a lo que se sumaban otros muchos pozos dedicados al abastecimiento urbano”, suministrando las zonas bajas de la isla, “en una huida hacia adelante que provocaría, años más tarde, descensos importantísimos en el nivel freático y el empeoramiento de la calidad de las aguas subterráneas, por efecto de la intrusión marina provocada por ese desequilibrio”.

El Plan Insular de Riego «centrará gran parte de sus esfuerzos en equilibrar la distribución de recursos en zonas de medianía y cumbre»

Años después, la producción industrial de agua, sobre todo por las desaladoras, “cambió muchas cosas en el escenario hídrico insular, pero no llegó a lograr la reversión de este trasvase”. El desequilibrio se mantiene pese a que se “logró democratizar el acceso al agua” y para emprender en el sector primario ya no es necesario tener títulos de propiedad sobre una captación, pues se puede adquirir agua a los productores industriales a través del Consejo Insular de Aguas. Pero los derechos sobre esas captaciones siguen en vigor, y sus propietarios, por razones económicas y de calidad de las aguas, siguen “haciendo uso de las aguas extraídas de esos pozos cumbreros en sus lugares de consumo, sean zonas de medianías o costeras, en donde precisamente tienen más presencia las aguas industriales” de las desaladoras y depuradoras. Esta situación ha llevado al Cabildo a iniciar los trabajos de un:

Plan Insular de Riego. “Centrará gran parte de sus esfuerzos en equilibrar la distribución de recursos en zonas de medianía y cumbre”, promoviendo acciones inicialmente en el ámbito territorial del Patrimonio Mundial que, con posterioridad podrán ampliarse al ámbito de medianías. Varias son las líneas de trabajo de este plan, explica a PELLAGOFIO el Consejo Insular de Aguas de Gran Canaria.

–Adquisición de captaciones de aguas subterráneas para que sean la fuente inicial de suministro de aguas de riego, poniendo a disposición de la agricultura de la zona las únicas fuentes de suministro continuo de agua existentes a dicha cota, especialmente en periodos secos.

–Adquisición de aprovechamiento de agua superficiales existentes que puedan servir de grandes depósitos reguladores, a la par que aprovechar los años productivos en cuanto a lluvia.

En los años 40 del siglo XX una cuadrilla de obreros excava el estanque en cueva en La Solana (finca Los Lavaderos). | FOTO ORLANDO TORRES (FEDAC-CABILDO DE GRAN CANARIA)

–Adquisición de infraestructuras de transporte y almacenamiento existentes, para poder integrarlas en la red de infraestructuras hidráulicas insulares y dar sustento a la actividad agrícola.

–Desarrollo de plantas depuradoras naturales, que traten las aguas de los núcleos diseminados del ámbito, lo que desplegará efectos beneficiosos desde el punto de vista ambiental y de protección del entorno, a la par que puede servir como fuente de recarga y, en función de los resultados, de posible reutilización de dichas aguas.

«La Cumbre Vive» dejará sobre el territorio el doble beneficio de la recuperación patrimonial y de la ampliación de la red útil de infraestructuras hidráulicas

El Plan Insular de Riegos pone en valor “los esfuerzos ya acometidos por la sociedad grancanaria desde tiempos inmemoriales, recuperando y mejorando instalaciones e infraestructuras”, que quedaron en desuso aun teniendo vida útil para “maximizar los recursos disponibles y el uso de la tierra cultivable, pero desde la eficiencia energética, reduciendo la huella y la incidencia de las elevaciones de agua desde la costa”.

La Cumbre Vive. Aquí entra en juego el plan trasversal de inversiones de cinco millones de euros para la cumbre. Entre los proyectos que protagoniza el agua están actuaciones como el tendido de una tubería de riego entre Artenara y la Vega de Acusa (353.000 euros) y el trazado de una red de riego y contra incendios en distintos barrios de la vertiente sur del municipio de Tejeda (446.000 euros), seriamente amenazados por los últimos incendios.

Dos proyectos serán ejecutados a través del Consejo Insular de Aguas. Uno es la implantación de un sistema de depuración natural en los asentamientos rurales del Paisaje Cultural de Risco Caído y las Montañas Sagradas de Gran Canaria por importe de un millón de euros. El otro, la adquisición de bienes hidráulicos de alto valor etnográfico, con un presupuesto de 1,1 millones, es el otro proyecto que ejecuta el Consejo. “Dejará sobre el territorio el doble beneficio de la recuperación patrimonial y de la ampliación de la red útil de infraestructuras hidráulicas”.

Para llevar el agua de la finca al estanque-cueva de Los Lavaderos se construyeron canales (‘machos’) desde el barranquillo de La Cruz hasta la boca de la cueva. | FOTO ORLANDO TORRES (FEDAC-CABILDO DE GRAN CANARIA)

Para los recursos hidrológicos en fincas agrícolas de Artenara, concretamente en Los Lavaderos (entre su patrimonio hidráulico cuenta con una gran cueva-estanque de gran valor etnográfico, uno de los aspectos valorados por la Unesco en su declaración de Patrimonio Mundial) y en la Vega de Las Cruces (conocida como Parque del Otoño y con potencial recreativo, divulgativo o forrajero aprovechando nuevas canalizaciones) es una partida de 350.000 euros que se dedicarán a su recuperación.

Finca Los Lavaderos en época estival. Los números 1) y 2) indican las bocas superior e inferior del estanque cueva; en el 3) el ‘macho’ (canal) labrado en la tierra para desviar el cauce del barranco y llevarlo al estanque cueva. | FOTO JULIO RAMOS

La finca de Los Lavaderos “se encuentra como detenida en el tiempo”, dice Julio Ramos, vigilante de explotación del Consejo Insular de Aguas consultado por PELLAGOFIO. “Se ha caído algún muro, pero es como si hubiese estado dormida viéndonos a todos pasar por delante de ella –detalla–. Está bastante limpia, las cadenas de cultivo no han sido colonizadas por arbustos o malas hierbas. En el cauce del barranco, en el eje central de la finca, quedan castañeros y frutales que dan pinceladas verdes a una finca en su mayoría labrada en la piedra sobre un risco y adaptada a un cauce entre dos laderas”.

Los Lavaderos ya consta como asentamiento en 1589 de la mano de Jerónimo González, tercera generación de colonos de esta comarca tras la conquista, según el Cronista Oficial de Artenara, José A. Luján [1]. Varios siglos y distintos propietarios después, en la década de 1940 la adquiere un emigrante retornado de Cuba, Manuel Luján Sánchez. Durante ocho años trabaja una cuadrilla de diez obreros y peones al mando de los capataces Bonifacio Medina y José Díaz González, conocido como Pepito el Piquero, sobrenombre que ya nos da una pista de las tareas que se llevaron a cabo entonces, detalla en su artículo “Los Lavaderos, finca insular de montaña”.

Se realizó la sorriba de tierras, la apertura de tres machos (canales para el desvío del agua del barranquillo de la Cruz), la construcción de paredes de piedra seca de los bancales y, entre otras obras hidráulicas, la apertura de un estanque en cueva en La Solana con una capacidad de 80 horas de agua (2.880 metros cúbicos). “Está formado por tres amplios covachones, en cuya parte inferior, también en cueva, se abre una gañanía para reses vacunas. Los nacientes de agua, muy exiguos, pero bien aprovechados y situados en la parte superior de la finca, suministran agua tanto al aljibe de La Solana como a otros dos estanques. El agua almacenada se convierte en oro de la tierra para el cultivo en el duro estío cumbrero. La cuidada red de acequias desde la boca de cada estanque hace que no se pierda una gota del líquido elemento en toda su trayectoria”, escribe Luján.

Ovejas trashumantes bebiendo en un riachuelo a la entrada del pueblo de Tejeda junto a la carretera que viene del sur. | FOTO YURI MILLARES

“Muchas son las ideas para la recuperación de esta finca”, señala Ramos. Entre el abanico de posibilidades y de proyectos destaca crear un espacio histórico cultural para conocer el trabajo de los pedreros y picadores de cuevas, poner en valor las infraestructuras hídricas realizadas en la finca, explicar las labores agrícolas ganaderas realizadas que se extrapolan a todos los bancales de las montañas sagradas de la cumbre, crear una zona de esparcimiento y ocio por la belleza de la zona.

Cuenca natural en la finca de la Vega de Las Cruces, durante el estío, donde se pretende realizar una balsa de agua que suministre a las fincas agroganaderas de la zona. | FOTO JULIO RAMOS

Se piensa en la posibilidad de ceder parte de la finca a agricultores y ganaderos de la zona, para ejecutar proyectos de cultivos ecológicos tradicionales (viña, cereales, forraje) y experimentar con nuevos cultivos, para estudiar rentabilidad de las producciones adaptadas a ese piso climático, así como el uso de sus pastos por los pastores trashumantes.

La Finca de la Vega de Las Cruces sufrió un duro golpe en sus numerosas repoblaciones durante el incendio del verano de 2019, “aunque las lluvias del invierno han vuelto a colorear el paisaje y muestra un estado bueno de mantenimiento”, asegura Ramos. En la parte inferior de la finca y coincidente con una cuenca natural, que en los inviernos se lleva de agua con las lluvias, se pretende realizar una balsa. “Una laguna que sirva de almacenamiento y trasvase de las aguas que reciba, para que suministre a fincas agroganaderas colindantes y a bancales ahora abandonados hasta llegar a la zona de Lugarejos, colindante con Risco Caído”.
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[1] José A. LUJÁN, “Los Lavaderos, finca insular de montaña”, La Provincia/Diario de Las Palmas, 27 de julio de 2020.

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