Flora y fauna

Microcirugía a un ‘Pipistrellus kuhlii’ de 4 gramos

En el Centro de Recuperación de Fauna Silvestre de Tafira (Gran Canaria) no es extraña la entrada de murciélagos deshidratados que se recuperan en horas. Pero si hay que operar, se necesita se necesita instrumental muy preciso con material oftalmológico. [En PELLAGOFIO nº 81 (2ª época, diciembre 2019)].

1. Este ‘Pipistrellus kuhlii’ llegó de Fuerteventura con un desgarro en la zona lumbar. | FOTO CENTRO DE RECUPERACIÓN DE FAUNA SILVESTRE DE TAFIRA
2. Después de hidratarlo y suministrarle antibiótico, llega el momento de la anestesia. | FOTO CENTRO DE RECUPERACIÓN DE FAUNA SILVESTRE DE TAFIRA
3. Provisto de lentes de cirugía, Pascual Calabuig opera al ‘Pipistrellus kuhlii’. | FOTO CENTRO DE RECUPERACIÓN DE FAUNA SILVESTRE DE TAFIRA
4. Al poco de la operación, recupera la conciencia y se echa a volar hacia un plafón del techo. | FOTO CENTRO DE RECUPERACIÓN DE FAUNA SILVESTRE DE TAFIRA

«Hay murciélagos incluso en la ciudad de Las Palmas, ‘Pipistrellus kuhlii’, los he visto volando de noche en las farolas delante del castillo de San Cristóbal»PASCUAL CALABUIG

Por YURI MILLARES

La principal causa por la que llegan murciélagos al Centro de Recuperación de Fauna Silvestre que tiene el Cabildo de Gran Canaria en Tafira es porque entran en casas, garajes, camiones o contenedores y terminan deshidratados. “Así hemos salvado montones. Cuando empezaron a llegarme me compré varios libros de medicina para murciélagos. El último que atendí se había metido en una casa en el Cruce de Melenara –relata el veterinario Pascual Calabuig–. Ya hay murciélagos incluso en la ciudad de Las Palmas, Hypsugo savii. Yo los he visto volando de noche en las farolas del paseo delante del castillo de San Cristóbal. No sé si es que viven en el propio castillo, o vienen de otro sitio, pero allí cazan mosquitos junto a la marea”.

«Una noche que había un gran temporal me llama la Policía Local porque habían cogido un murciélago en la playa de Las Alcaravaneras: el único murciélago rabudo que ha entrado aquí»

En estos casos el tratamiento es sencillo, detalla Calabuig. “Lo pones en un sitio con humedad, buena temperatura, oscuridad y que se agarre boca abajo, para que esté tranquilo. Entonces lo vas hidratando con suero oral, le vas dando gotitas con una jeringuilla de insulina. En cuanto lo prueba, le gusta y ya se acerca él a chupar la gotita”. Después pasa a la alimentación con gusanos. “Lo dejas que descanse, lo vuelves a hidratar y así durante la mañana, hasta que llega un momento en el que deja de estar posado y se echa a volar. Lo capturas, lo sigues alimentando y al atardecer lo suelto en el barranco de Tirajana”.

En un par de ocasiones el paciente le ha llegado con patologías mucho más graves. “Una noche que estaba en casa de mis padres y había un gran temporal, me llama la Policía Local [de Las Palmas] porque habían cogido un murciélago en la playa de Las Alcaravaneras. Salí a recoger al bichito, que tenía una fractura de húmero, pero se murió nada más llegar. Es el único Tadarida teniotis [murciélago rabudo] que ha entrado aquí”.

El primero y último que ha llegado a operar pesaba apenas 4 gramos y era un diminuto murciélago de borde claro ‘Pipistrellus kuhlii’

El primero y último que ha llegado a operar hasta ahora pesaba apenas 4 gramos y era un diminuto murciélago de borde claro (Pipistrellus kuhlii). Le llegó de Casillas del Ángel, en Fuerteventura, “cuando desde esta isla me mandaban el 100% de los animales heridos. Hasta que un día dejaron de enviarme animales por ciertas personas que no querían que recibiera unos huevos de guirre para poderlos sacar en Tafira. Bloquearon una relación institucional gratuita y muy efectiva que duraba más de 20 años, se la cargaron de la noche a la mañana y no dieron ni las gracias”, se lamenta Pascual Calabuig.

«Llegó hipotérmico y moribundo. Le puse antibiótico porque tenía una herida con muy mala pinta; lo dormí, lo rasuré y le recorté los bordes secos de piel»

La ficha de entrada del animal, que había sido recogido por un agente de Medio Ambiente en un colegio, atacado por un gato, indica que tenía un desgarro en el lomo. “Llegó hipotérmico y moribundo. Le pusimos calorcito, le pinché en el abdomen un poco de suero, le puse antibiótico porque tenía una herida con muy mala pinta, lo dormí y lo rasuré (para poder coserlo después) y le recorté (resané) los bordes secos de piel”. Le dio ocho puntos con un hilo de nueve ceros especial para suturas oftalmológicas, “si no es con lupa no lo ves”.

Quedó tan bien que se recuperó sobre la mesa y al poco rato se echó a volar hacia uno de los plafones del techo. “Esa misma tarde lo llevé a Fuerteventura en una cajita de pájaros canarios para ser liberado”. Era el 23 de julio de 2010.

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