Naturaleza y territorio

Sventenius, el ‘Jardín Canario’ y una propuesta de BIC

Apuntes desde el Herbario / Proyecto vanguardista de conservación de las floras locales

El biólogo Águedo Marrero, taxónomo y responsable del herbario del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo (institución científica que es Unidad Asociada de I+D+i al CSIC) relata cómo se construyó y desarrolló la idea de un jardín atlántico en unas laderas del barranco Guiniguada a partir de 1952. [En PELLAGOFIO nº 147 (2ª época, febrero 2026)].

Con el Jardín Canario, Sventenius se adelanta casi 30 años a los movimientos internacionales preocupados por la biodiversidad y su conservación


Por ÁGUEDO MARRERO
Botánico del Departamento de Sistemática Vegetal y Herbario, Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo

Cuando Eric Sventenius redacta el «Anteproyecto de un Jardín Canario» (1950), dirigido desde el Jardín de Aclimatación de La Orotava (Tenerife) a las autoridades del Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas de Madrid, especifica que se debe «escoger un terreno adecuado, (…) en el cual no puede faltar una considerable parte rocosa, situado entre los 100-300 m (altura óptima) sobre el nivel del mar y tener un emplazamiento algo céntrico y no demasiado alejado de las vías de comunicación», aprovechando «las bellezas naturales del lugar sin hacerles perder su nota típica de paisaje canario».

Este proyecto de Jardín Atlántico lo había imaginado en la parte alta de los acantilados de Martiánez, mirando al Atlántico, en El Puerto de La Cruz. La idea viene motivada porque en 1944, el Institut Français d’Africa Noire en Dakar comunica la idea de un proyecto de una estación destinada a la colección y estudio de la flora atlántica, con especial dedicación a Canarias. Ante cierta pasividad desde las instituciones de Tenerife y la impaciencia de Sventenius, que no encuentra el eco deseado en dicha isla, el Cabildo de Gran Canaria (Matías Vega Guerra, presidente, y Graciliano Morales, consejero) ve la oportunidad de llevar a cabo dicho proyecto.

Eric Sventenius con Graciliano Morales y Andrés García Cabezón, consejero del Cabildo y director del Centro Experimental Agrícola de Gran Canaria, respectivamente (Jardín Canario, 1953). | FOTO JAIME O’SHANAHAN (ARCHIVO Y. M.)
Jaime O’Shanahan, perito agrícola del Cabildo de Gran Canaria, es la persona encargada de desplazarse a Tenerife y transmitir y convencer a Sventenius de la intención de la institución grancanaria de crear en esta isla un jardín botánico canario. También, junto al propio Sventenius, de buscar y negociar la compra del lugar adecuado para dicho Jardín. La tarea no era fácil.

Se encuentra emplazamiento
Por fin, en 1952, después de meses de búsqueda, se concreta en el emplazamiento actual: el barranco Guiniguada, en el flanco derecho a su paso por El Dragonal, en exposición noroeste, entre las cotas de 240 y 330 m.s.n.m. y a 7 km de la zona de Vegueta-Triana de la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria.

En su periplo de formación científico-técnica y de vida, Sventenius hace confluir en su proyecto dos ideas fundamentales. Por un lado la noción de jardín, donde imprime cierto sello personal pero también de jardín latino, más o menos en el sentido ideado por Nicolás Rubió i Tudurí [arquitecto y diseñador de paisajes], y, por otro, la conciencia de las floras locales, a veces únicas, desconocidas y frágiles. Sventenius colaboró durante varios años con Carl Faust en el proyecto de su Jardín Botánico de Marimurtra, que combina terrazas en ladera con rocallas, sobre los acantilados de la Costa Brava, en Blanes (Gerona), donde intervienen además elementos que evocan desde la época clásica a la romántica, en escalinatas, acequias, fuentes, glorietas o templetes. Es evocador y no casual que Sventenius en sus viajes por las islas y archipiélagos macaronésicos se hiciera acompañar de los textos clásicos de Homero.

Conciencia de las floras locales
Por otro lado los avatares le llevan al contacto y conciencia de las floras locales autóctonas, primero en Melilla, con un experto conocedor de la flora del Rif. Luego, desde el Monasterio Benedictino de Montserrat, colaborando en los muestreos de campo y preparación de plantas para el herbario de Montserrat, tanto en los macizos rocosos inmediatos al monasterio como en otras montañas próximas como la de Sant Llorenç de Munt. Con estas experiencias Sventenius va fraguando la idea de su «jardín edénico», un edén que iba a encontrar en las Islas Atlánticas, en su geología y geomorfología, su vegetación y su flora.

Cuando Sventenius llega a Tenerife se encuentra con un Jardín de Aclimatación, nutrido de flora principalmente arbórea y neotropical y con la tarea de sacar adelante cultivos de otras especies exóticas por las cuales siente especial predilección. Pero poco espacio quedaba en para la flora canaria. Le faltaba el espacio esencial y especialmente de rocallas donde ir colocando sus colecciones, cada vez más diversas, de plantas canarias. Necesitaba de un proyecto diferente y no se cansa en su empeño.

Sventenius se convierte así en vanguardista de la conservación de las floras locales. En la memoria de ese posible Jardín Atlántico, recoge entre los fines científicos el de «conservar y multiplicar las especies en vías de extinción». Se adelanta en casi 30 años a los movimientos europeos e internacionales en cuanto a la preocupación por la biodiversidad y su conservación.

No es hasta avanzado los años 70 del siglo XX cuando se va fraguando un nuevo papel para los jardines botánicos, el papel de la conservación de las floras locales y de las especies vegetales en peligro. En 1980 se publica la Estrategia Global para la Conservación, de la UICN, donde sobre «la diversidad genética» se señala a los jardines botánicos como lugares adecuados para la necesaria conservación ex situ. En 1985 esta misma organización junto con el WWF convocan la conferencia internacional Jardines Botánicos y la Estrategia Mundial para la Conservación [Botanic gardens and the world conservation strategy], que tiene su sede en Las Palmas de Gran Canaria. Dos años más tarde se crea el Secretariado de la UICN para la Conservación en Jardines Botánicos y en 1989 aparece la Estrategia para la Conservación en Jardines Botánicos.

El solar elegido y adquirido en Tafira no satisface todas las expectativas soñadas, como la de un jardín frente al Atlántico, le falta el mar. Pero el entorno elegido es envidiable porque ofrece la orografía óptima, con escarpes notables en las laderas y rocallas naturales en forma de grandes bloques erráticos asociados a las lavas del volcán de La Angostura, en la parte baja. El clima es idóneo, en la franja termoesclerófila entre la inferior del cardonal-tabaibal y la superior del monteverde.

En esta zona pueden mantener el acebuchal-lentiscal canario y su flora asociada, retazos del cardonal que se manifiesta en paredes y roquedos más expuestos, muestras de vegetación propiamente rupícola dominadas por especies de crasuláceas, y recrear y adaptar sin excesivos esfuerzos otros ambientes o formaciones vegetales como el de la laurisilva, o el pinar, al quedar el espacio libre de la influencia directa y condicionante de la maresía o aerosol marino, o incluso recrear el ambiente de costa. Sventenius se entrega de lleno a la tarea de su proyecto de Jardín Botánico Atlántico y en este entorno-espacio a pesar de los continuos contratiempos hay que imaginarlo satisfecho.

Según las condiciones y exigencias de Sventenius, en la elección del espacio para el jardín soñado, este habría de albergar «la más completa colección posible de la Flora Canaria, con una eventual edición de las representantes más destacadas y de más interés de la flora atlántica extrainsular».

David Bramwell. | TERESA CORREA
Con la llegada de David Bramwell al Jardín Botánico Canario se cerraba una etapa que durante los 20 años previos se había centrado en aspectos de infraestructuras y plantaciones, con el incremento día a día de las colecciones de planta viva. Sventenius emplea todo su esfuerzo a estas tareas, que hace compatibles con una más que notable dedicación científica a la exploración, determinación y descripción de taxones nuevos y a sus compromisos con el ICIA en el Jardín de Aclimatación de La Orotava.

En Gran Canaria trabaja con los sucesivos presidentes del Cabildo (Matías Vega Guerra, Federico Díaz Bertrana y Juan Pulido Castro). Matías Vega le ofrece la oportunidad de desarrollar su sueño y le apoya en todo momento, pero no es hasta 1971, con Juan Pulido Castro, cuando se formaliza por fin su contrato como director del Jardín.

Con este legado de territorio-jardín y su infraestructura básica, vivero y planta viva, colecciones de historia natural-herbario y documental-biblioteca y hemeroteca, con las que Sventenius había cimentado su proyecto de Jardín Atlántico, David Bramwell inicia una segunda etapa. Su labor se prolongó durante 38 años como director hasta 2012 y se puede sintetizar en tres líneas principales de actuación, que se solapan y suceden en el tiempo y vertebran el proyecto y razón de ser del propio Jardín Botánico: investigación, conservación y proyección internacional. Pero David también asume que el Jardín Botánico Canario ha de estar integrado en las demandas de la sociedad, en los requerimientos políticos desde el Cabildo y en las funciones que organizaciones internacionales como la IUCN (simposios, congresos, reuniones, conferencias, etc.) van sugiriendo para la aplicación de sus objetivos desde una concienciación del medio natural, de los ecosistemas y la biodiversidad.

Es precisamente este patrimonio lo que ha llevado a un grupo de técnicos del Servicio de Cultura del Cabildo a ir confeccionando una posible propuesta de Bien de Interés Cultural, que permita y encauce el mantenimiento y la conservación de todo este acervo, que es al mismo tiempo núcleo y raíz de lo que es hoy el Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo.
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Nota: Este texto es un extracto para PELLAGOFIO seleccionado por el propio autor de dos artículos suyos publicados en la revista científica Botánica Macaronésica (“Flora y vegetación nativa espontánea del Jardín Botánico Canario Viera y Clavijo” (2021) y “David Bramwell Burnett (…). Apuntes biográficos y breve historia de su paso por el Jardín Botánico Canario” (2023)

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