Baúl del lector

De la teta al tetrabrik, con nostalgia ‘schamannera’

«Tras la gracia inicial, esta foto [con anuncio en una valla publicitaria de leche en un tetrabrik] pasó a inspirarme algo muy distinto: nostalgia», escribe Carlos Santana Jubells en esta entrega de la serie “Baúl del lector” dedicada a fotos antiguas de Canarias. [En PELLAGOFIO nº 65 (2ª época, junio 2018)].

columnista-jubellsPor CARLOS SANTANA JUBELLS
Historiador, archivero y gestor documental

La vis cómica de esta imagen es indiscutible. Yo casi me tiro al piso cuando la vi. Y es que poco hay que añadir a tres cabras, dadoras de deliciosa leche, atadas a una valla publicitaria que les hace competencia desleal ofertando una alternativa vacuna, “descremada” y “uperisada” (esto es, libre de pelos y gérmenes); y aún en aquella época y en un alarde de honestidad publicitaria, reclamando que “ayuda a no engordar” y no directamente que “no engorda”. Y aquí todos sabemos que lo único que no engorda es el agua, a ver si dejamos de dejarnos engañar.

¿Lugar? La margen derecha del Barranquillo de Don Zoilo, Las Palmas de Gran Canaria, donde la hornada de schamanneros que hoy frisan los cincuenta y algo mataperreó a todo trapo en su infancia.

¿Momento? Se me dice que finales de los 70. A la vista del propio anuncio, del grado de urbanización y de los modelos del tráfico rodado, yo tiro para mediados de los 80. Y a partir de aquí ya cambia la cosa.

Tras la gracia inicial, esta foto pasó a inspirarme algo muy distinto: nostalgia. Este que les escribe recuerda perfectamente –desde el punto de vista excepcional que da haber vivido en un piso quince en la calle 1º de Mayo (antes General Franco, qué culpa tendré yo)– a rebaños de cabras cencerradas montando un pollo en la calle Guerra del Río, vendiendo leche sin descremar y sin uperisar.

Vaya por delante que el consumo de alimentos con poco o nulo control sanitario es de todo menos recomendable…

También recuerdo la ocarina del afilador. Y camionetas que una vez en semana pregonaban a altavoz pescado fresco, otras veces verdura. Y recuerdo comprar pescado a las pescaderas de San Cristóbal, que se apostaban estratégicamente en la esquina de Maninidra con General Bravo. Porque 10 metros más allá estaba uno de los escasos supermercados de la ciudad. Todos ellos Cruz Mayor, encartelados con un perro silueteado en rojo que cargaba una cesta de la compra de la boca, tipografía en azul de fuente inenarrable. En una Triana de tráfico infernal y que hoy, paradójicamente, se ha convertido casi en un parque temático del papeo y del beberreteo sin descremar ni uperisar.

…Pero me da algo de magua saber que los hijos que no voy a tener, ni los hijos de los demás, nunca vivirán escenas [como el ordeño de cabras en la calle]

Vaya por delante que el consumo de alimentos con poco o nulo control sanitario es de todo menos recomendable. Pero me da algo de magua saber que los hijos que no voy a tener a estas alturas, ni los hijos de los demás, nunca vivirán esas escenas. Muchos de ellos no saben que eso blanco que sale del tetrabrik viene de las mamas de un animal, y el pescado que comen no suele proceder de una caja de cartón que está en el congelador.

Una magua que se vuelve tristeza cuando pienso en las profesiones desaparecidas, y junto con ellas un bagaje cultural y patrimonial a veces irrecuperable. Pero en fin… Aquí estamos, sin descremar ni uperisar, entero y entrando en años, un poco ñanga, pero con las analíticas niqueladas a pesar de haberme comido todo aquello.

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