Baúl del lector

El genio y maestro del timple se despide

«Decenas de miles de niños aprendimos el “uno, dos y tres” de cada nota. Y algunos lo hicieron y lo hacen casi con el genio del maestro, a quien también se debe la fundación de Los Gofiones», escribe Míchel Jorge Millares en esta entrega para la serie “Baúl del lector”. [En PELLAGOFIO nº 107 (2ª época, mayo 2022)].

Por MÍCHEL JORGE MILLARES
Periodista

Un virtuoso, un genio con mucho genio… Sólo así se entiende que un hombre se empecinara en convertir un instrumento tan limitado y diminuto en un símbolo identitario y en el trino de las islas en el mundo.

Pudo acomodarse en el tópico de los Coros y Danzas de la Sección Femenina del Movimiento Nacional, que supo aprovechar el gran impulso social que produjo el tipismo nestoriano, pero Totoyo quería profundizar, averiguarlo todo. Y recabó toda la información en primera persona, descubriendo las voces e instrumentistas cuyo tesoro patrimonial se transmitía entre generaciones, o se extinguía. Y así desapareció nuestro pasado durante siglos, hasta que comenzó a registrarse cada nota, cada estribillo, cada nombre.

Esa música la asumió la pequeña burguesía canaria surgida en los 50 bajo la moda tipista, enviando a sus hijos a aprender de Totoyo a tocar el timple, aupada por el auge de las composiciones ‘atribuidas’ (Totoyo dixit) a Néstor Álamo

Con toda esa colección de sonidos de las islas, incluso las escasas referencias de las crónicas de la conquista, Totoyo necesitaba un grupo que demostrara la belleza y riqueza del folclore entre continentes, el que se escucha desde hace décadas en el Canal Internacional de TVE como programa de máxima audiencia y permanencia, sin apenas recursos. Sólo el lenguaje universal de la música. Esa música que asumió la pequeña burguesía canaria surgida en los 50 bajo la moda tipista, enviando a sus hijos a aprender de Totoyo a tocar el timple, y aupada por el auge de las composiciones atribuidas (Totoyo dixit) a Néstor Álamo, y al escaparate folclórico del Pueblo Canario. De ahí que decenas de miles de niños aprendiéramos el «uno, dos y tres» de cada nota. Y algunos lo hicieron y lo hacen casi con el genio del maestro, a quien también se debe la fundación de Los Gofiones. Otros, como Domingo El Colorao o Germán López alimentaron su vocación con los sonidos de Totoyo, los que usaron para despedirlo el 2 de mayo en el Cementerio de Vegueta, para recordarlo siempre

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