Baúl del lector

La Barra de Las Canteras, despensa y lugar de tenderetes

«No había mejor sitio para un encuentro inolvidable. Montarlo no era problema, pero el regreso era una odisea, para intentar evitar que se mojaran las guitarras y los últimos trastos de la fiesta, mientras la marea subía y subía», escribe Míchel Jorge Millares en esta entrega de la serie “Baúl del lector” de fotografía antigua de Canarias. [En PELLAGOFIO nº144 (2ª época, noviembre 2025)].

Por MÍCHEL JORGE MILLARES

No hace tanto, incluso después de que España recuperara la democracia, los veranos acababan con un asadero en La Barra, frente a la Playa Chica (en la playa de las Canteras). Allí nos las arreglábamos con una barquilla para transportar los utensilios, el carbón, la parrilla, algo de comida, muchos biberones de cerveza y alguna guitarra.

Ya no está permitido el asadero en La Barra, ni pescar, cuando hace 60 años se podía capturar langostas

No había mejor sitio para un encuentro inolvidable. Montarlo no era problema, pero el regreso era una odisea. Uno remaba hacia atrás y el otro hacia delante sin percatarse de que giraban en el mismo sitio, sin avanzar hacia ningún lado, mientras los que quedaban por regresar se encaramaban a la roca más alta para intentar evitar que se mojaran las guitarras y los últimos trastos de la fiesta, mientras la marea subía y subía.

Ya no está permitido el asadero en La Barra, ni pescar, cuando hace 60 años se podía capturar langostas y un pino nórdico engalanado iluminaba la Navidad en la temporada alta del turismo sueco. Una postal que retrataba el fotógrafo Félix Urquijo y llegaba a todos los periódicos del mundo conectados a la agencia EFE.

Dejó de llamarse Arrecife tras la extracción de la piedra que sobresalía del horizonte atlántico, para usarla en construcciones de edificios como la propia Catedra

Con el paso de los años, el crecimiento urbano ha sido inversamente proporcional al menguante volumen y capacidades de aquella barrera protectora. Dejó de llamarse Arrecife tras la extracción de la piedra que sobresalía del horizonte atlántico, para usarla en construcciones de edificios como la propia Catedral. La dejaron lisita…

Pero el divertimento no fue cosa del pasado reciente. Ahí tienen una fotografía que atestigua la tradición del uso de la barra libre hace un siglo, cuando celebraban pícnics en La Barra de la playa de las Canteras figuras ilustres como Josefina de la Torre, que fue de excursión con familiares y amigos. Sentada está Francisca Millares Cubas [hermana de los conocidos como «Hermanos Millares», los novelistas y dramaturgos Luis y Agustín]. Y, al fondo, las casas de Las Canteras, sin avenida, ni calles, ni alumbrado. La CICER (Compañía Insular Colonial de Electricidad y Riegos) no se inauguraría hasta 1928, cuando Josefina se había convertido en la musa de la Generación del 27 y de la Residencia de Estudiantes en Madrid.

Hoy, La Barra es como una rotonda urbana rodeada de agua, bullicio e híper iluminado, donde se realizan manifestaciones y convenciones de bañistas tocados con camauro rojo, siguiendo la tradición del Papá Noel en su larga travesía desde Laponia, hoy convertida en migraciones chárter.

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