Baúl del lector

La caja de tea del condumio, enyesque o conduto

Con la madera de los bosques canarios se elaboraban los aperos de labranza, los techados, las queseras, arcones. También, la caja de tea en la que se introducían las botellas de vino o de ron, la pella de gofio, los cachos de queso y las demás viandas que hoy sabrían a exquisiteces únicas, escribe Míchel Jorge Millares en esta entrega de la serie “Baúl del lector”. [En PELLAGOFIO nº130 (2ª época, junio 2024)].

Por MÍCHEL JORGE MILLARES
Periodista

Tea, morera, acebuche, cedro… Durante mucho tiempo aquellos árboles fueron demandados para convertir en madera mobiliario doméstico, prolongando el aprovechamiento y agonía de nuestros bosques. Una frondosa capa vegetal que cubría las laderas y los montes desde la zona de termófilo hasta el pinar. Con aquella materia prima se elaboraban los aperos de labranza, los techados, corredores y balcones, sillas y mesas, las queseras, arcones.

Aquellos pequeños baúles no tienen nada que ver con las modernas bolsas neveras. Ni las botellas de cristal gastado de tanto reutilizar, con los ligerísimos envases de aluminio que podemos encontrar tirados

También, las cajas en las que introducían las botellas de vino o de ron, la pella de gofio, los cachos de queso, el pan de puño y las demás viandas que hoy sabrían a exquisiteces únicas. Estaban realizadas con la habilidad de las manos que recibieron el conocimiento de siglos de cultura gastronómica propia y sin adulterar que hoy llamamos kilómetro cero.

Aquellos pequeños baúles no tienen nada que ver con las modernas bolsas neveras. Ni las botellas de cristal gastado de tanto reutilizar se pueden comparar con los ligerísimos envases de aluminio que podemos encontrar tirados invadiendo los arcenes de las carreteras.

Cosas de la cultura consumista de usar y tirar, ya que a ningún isleño se le ocurriría hace unas pocas décadas arrojar algún envase o la propia caja, ya que lo que no se volvía a usar se podía vender. Todo era recogido y reutilizado, cargando la pesada caja de vuelta a casa aunque un poco más ligera y con un ánimo más relajoso, porque su carga garantizaba los ingredientes necesarios para un buen tenderete.

Otra realidad, en la que los recursos eran escasos y, como se puede comprobar en las fotos, las mujeres a veces quedaban relegadas a un segundo plano fuera del foco de la cámara

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