Baúl del lector

Los alcaravanes, el búnker y la modernidad de Las Palmas

«La expansión de Las Palmas hacia el Puerto a lo largo de la costa fue vigilada con búnkeres a la espera de una invasión de las fuerzas aliadas que nunca tomó la isla por las armas», escribe Míchel Jorge Millares en esta entrega de la serie “Baúl del lector”. [En PELLAGOFIO nº133 (2ª época, octubre 2024)].

Por MÍCHEL JORGE MILLARES

En los años 60 los tomates canarios eran frutas jugosas, con un gusto extraordinario junto a lechuga y cebolla en ensaladas sobrias pero exquisitas. Sabores potentes acompañando la tortilla de papas que permanece en la memoria del paladar, transportándome en el tiempo a aquella playa de las Alcaravaneras cuyo horizonte tapaba (para la mirada de un niño) el gigantesco Queen Elizabeth, el mayor transatlántico del mundo que en aquellos años surcaba el océano Atlántico.

La fiesta de luces del ‘Queen Elizabeth’ iluminaba la bahía de una ciudad abierta a la modernidad y que de noche observaban César Manrique y Fachico Rojas desde la sala de fiestas Altavista

Era una reina de los mares recibida por cambulloneros y la sociedad isleña que disfrutaba de su ocio en las terrazas del Club Náutico (1956), sobresaliente edificio de Manuel de La Peña, decorado, además, con uno de los primeros murales de César Manrique.

La fiesta de luces del buque iluminaba la bahía de una ciudad abierta a la modernidad y que de noche observaban César y Fachico Rojas desde la sala de fiestas Altavista. El sonido de las chimeneas y los campanarios acompaña la emoción de la ciudad que vibraba en Catalina Park, el Pueblo Canario…

Junto al Club, creciendo en altura estaba la Casa del Coño (1960) de Fermín Suárez Valido, autor también del edificio DISA (1961) de la calle Tomás Morales, «afuera de la Portada» de la antigua ciudad amurallada. Señalaba con su ángulo la expansión de Las Palmas hacia el Puerto a lo largo de una costa que fue vigilada con búnkeres a la espera de una invasión de las fuerzas aliadas que nunca tomó la isla por las armas, pero sí por el desembarco de los chonis turísticos.

Las defensas militares y las playas quedarían sepultadas bajo la autovía marítima, eufemísticamente llamada avenida. La modernidad.

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