Baúl del lector

Pescadores de La Graciosa con las autoridades a hombros

«Enfrente, una aldea marinera en la isla chinija, con chinijas casas y suelo de cemento lavado o arena dentro y fuera», escribe Míchel Jorge Millares al señalar el destino de la visita de estos personajes, embarcados a hombros por humildes pescadores de La Graciosa en esta entrega de la serie “Baúl del lector”. [En PELLAGOFIO nº139 (2ª época, abril 2025)].

Por MÍCHEL JORGE MILLARES

Al pie del Risco de Famara, un barquillo graciosero embarca (en torno a 1960) al militar y al cura que van a supervisar el funcionamiento de la escuela, la iglesia, el aljibe y el cementerio, financiados por el Mando Económico a mediados de los años 40, tal como comprometió el general García Escámez. El que va sobre los hombros de uno de los pescadores es el comandante militar de Haría, Domingo Rodríguez, mientras que en la proa ya se encuentra a bordo el párroco del mismo pueblo, Juan Arocha Ayala.

Para llegar al embarcadero (la orilla de la playa) bajaron el vertiginoso camino de Ye, conocido como Camino de las Gracioseras, pues era por donde subían las mujeres de La Graciosa con pescado salado o fresco a cambiarlo por distintos productos agrícolas. La senda era paso obligado de subida o bajada, cargados una hora y pico de cuesta para comerciar cualquier otra cosa o para arreglar papeles en el Ayuntamiento de Teguise, municipio al que pertenece la pedanía graciosera y resto del archipiélago Chinijo.

La única galería en la isla, situada en el escarpe vertical, frenó la carretera que intentó construir Manuel Fraga en los 60, siendo ministro de Turismo

El macizo de Famara tiene su cima en las Peñas del Chache a 672 metros de altura. Y abajo, junto al mar que llaman El Río, se creó la primera salina de Lanzarote (y de Canarias, pues data de 1500), hoy abandonada. Mientras, en el extremo sur de esta muralla natural se encuentra el naciente de La Mina, con su pequeño caudal de agua. La única galería en la isla, situada en el escarpe vertical, frenó la carretera que intentó construir Manuel Fraga en los 60, siendo ministro de Turismo.

Enfrente, una aldea marinera en la isla chinija, con chinijas casas y suelo de cemento lavado o arena dentro y fuera. Algunas siluetas de mujeres embuchadas en negro corretean, se juntan y siguen con sus labores. Los hombres en la mar o junto a sus barcos. Todos y todas cubren sus cabezas del sol con sombreras con forma de volcán cuyo colorido cautiva. Un mundo de aislamiento que pudo disponer de agua, escuela, iglesia y cementerio. Porque antes, el único camposanto próximo estaba arriba, camino de Ye hasta donde había que subir a pie a los difuntos por Famara.

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