Baúl del lector

Pinares fruto del esfuerzo humano

«Con esta información, puede que la próxima vez que vaya de asadero a la cumbre aprecie ese paisaje de pinares de otra manera», escribe Carlos Santana Jubells en esta entrega de la serie “Baúl del lector” dedicada a fotos antiguas de Canarias. [En PELLAGOFIO nº 66 (2ª época, julio/agosto 2018)].

columnista-jubellsPor CARLOS SANTANA JUBELLS
Historiador, archivero y gestor documental

Asadero en los Llanos de la Pez; todo un clásico grancanario. Caravanas de vehículos con familia y amigos, con punto de encuentro usualmente en la Fuente Luminosa, carretera del Centro para arriba, con las ganas puestas en pasar un día comiendo y bebiendo bajo los pinares. Los olores de la carne a la brasa se asocian con el aroma típico del pinar, creando una mezcla aromosa que forma parte de la memoria sensorial de muchos grancanarios.

Pero no todos saben que, hace apenas 60 años, los Llanos de la Pez –al igual que gran parte de la cumbre de Gran Canaria– presentaban un aspecto muy distinto, desprovisto de esos pinos bajo los que nos tumbamos a reposar el emboste en torno a las cuatro de la tarde.

No todos saben que, hace apenas 60 años, los Llanos de la Pez presentaban un aspecto muy distinto, desprovisto de esos pinos bajo los que nos tumbamos a reposar el emboste en torno a las cuatro de la tarde

Las imágenes existen por sí mismas, pero sobre todo por su contexto. Así y gracias a que conocemos ese contexto, un conjunto de jóvenes (muy jóvenes) llenando baldes de agua desde una cuba, se convierte en una escena de las repoblaciones masivas que se desarrollaron en la cumbre a partir de 1950. Es agua para regar los plantones de pequeños pinos que hoy en día nos acogen en nuestros asaderos.

La peonada de esa repoblación procedía mayoritariamente de Tejeda; los chiquillos, en sus horas no escolares, trabajaban acarreando en baldes el agua necesaria para que las pequeñas plantas arraigasen, muchos descalzos por pobreza extrema.

Con esta información, puede que la próxima vez que usted (o usted, o usted…) se vaya de asadero a la cumbre, aprecie ese paisaje de otra manera, revalorizándolo como un producto del esfuerzo humano y, por lo tanto, doblemente digno de ser preservado, cuidado y respetado: tanto por sus valores naturales como culturales.

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