Riqui raca para Gregory Peck en el Estadio Insular

«Las casualidades trajeron a Gran Canaria una superproducción que hacía aguas en las costas británicas. Allí el oleaje destrozaba las maquetas de ballena que necesitaban para rodar la historia de Herman Melville», escribe Míchel Jorge Millares al situar al actor Gregory Peck en el Estadio Insular en 1954 en esta entrega de la serie “Baúl del lector”. [En PELLAGOFIO nº137 (2ª época, febrero 2025)].
Por MÍCHEL JORGE MILLARES
Desde niño contemplaba las fotos y recortes de prensa del periodista Luis Jorge Ramírez, como autor de las entrevistas en pleno rodaje de la película Moby Dick a sus protagonistas: John Houston, Leo Genn (Petronio en Quo vadis?) y, sobre todo, a Gregory Peck, aquel actor que podía encarnar al marinero obseso del capitán Ahab, consumido por el odio, o el ponderado capitán de barco retirado James Mackay en Horizontes de Grandeza.
Las fotos de prensa en las que aparece barbudo y, después, rasurado muestran a un agradable ‘chone’ que cultivó sus relaciones con la población local, llegando a realizar un saque de honor (un poco desastre) en el Estadio Insular
Las fotos de prensa en las que aparece Luis Jorge junto al barbudo y, después, rasurado actor —protagonista de varias obras maestras de la fábrica de sueños—, muestran a un agradable chone que cultivó sus relaciones con la población local, llegando a realizar un saque de honor (un poco desastre) en el Estadio Insular para un partido de la Unión Deportiva, gracias a la invitación del periodista.
El caso es que las casualidades trajeron a la isla una superproducción que hacía aguas en las costas británicas. Allí el oleaje destrozaba las maquetas de ballena que necesitaban para rodar la historia de Herman Melville, en torno a la persecución de aquel cetáceo migaloo (albino) que había mutilado al protagonista de la historia. Los carpinteros de ribera canariones obraron el milagro.
Hoy, aquel rodaje que revolucionó a la población palmense, es objeto de una ruta turística que puede seguirse en las numerosas referencias personales, fotografías y lugares donde se trabajó para hacer creíbles las imágenes proyectadas del celuloide. Pero también queda la hemeroteca y aquellas entrevistas que Luis Jorge obtuvo de los protagonistas llegados de Hollywood (que trascendieron a través de la agencia United Press International (UPI), para la que trabajó hasta 1959 por dar a conocer la ejecución de Juan García El Corredera), poco antes de que le concedieran el Oscar a Mejor Actor por su interpretación de Atticus Finch en Matar a un ruiseñor.



