Baúl del lector

Tiempos de ósmosis de jareas y sombreras de palmito de palma

«Lo cierto es que si va a comprar hoy alguno de los elementos que inspiran este texto (jareas, sombreras), tendrá que aflojar la cartera como si fuera a un restaurante o tienda ‘de autor’», escribe Míchel Jorge Millares en esta entrega de la serie “Baúl del lector”. [En PELLAGOFIO nº124 (2ª época, diciembre 2023)].

Por MÍCHEL JORGE MILLARES
Periodista

SEn un artículo, el titular es el engodo o el cebo que atrae y atrapa. Y si ya va por esta línea es que ha picado el anzuelo de este petulante título propio de un menú de cocina creativa. Lo cierto es que si va a comprar hoy alguno de los elementos que inspiran este texto, tendrá que aflojar la cartera como si fuera a un restaurante o tienda de autor, porque lo que antes era para la gente humilde, hoy es casi imposible conseguirlo con las mismas características, casi un lujo.

Las mujeres usaban sombreras y cestas de palma, junco o caña. Con esos elementos se sabía su origen y si estaban solteras o casadas. Su hechura era delicada, para perdurar. Los sombreros gracioseros se hacían con hojas de palmeras del valle de Haría, en el norte de Lanzarote. Hoy está prohibido. Era el mejor protector solar y su ala delimitaba el horizonte de mar y tierra, donde encontrar el sustento, con esa silueta de volcán del paisaje isleño que recuerda la sombrera.

La blanca carne de la vieja sabe a marisco cuando se consume fresca. Pero lo normal era secarla al sol, con sal y agua salada para alimentar con un guiso que hoy día es una exquisitez para gourmets

La vida se alimentaba con lo que cabía en una sereta de pírgano o caña. Las verduras, legumbres y frutos llenaban aquellos ligeros recipientes… y las capturas de la pesca, en particular las viejas para jarear.

Hoy se congela. Antes se salaba el pescado que no se consumía. La blanca carne de la vieja sabe a marisco cuando se consume fresca. Pero lo normal era secarla al sol, con sal y agua salada, la forma de conservación para alimentar con un guiso que hoy día es una exquisitez para gourmets. Como las sombreras, convertidas en piezas de museo, la jarea de vieja o pez loro, es una delicia en la mesa familiar o la alta cocina que reivindica la autenticidad.

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