Historia Oral

Apeando que es gerundio o las vacas saltan el tapume y se van

Oficios del mundo rural / Ganadero y arriero con vacas de raza palmera

OFICIOS DEL MUNDO RURAL. A Jesús Pérez Sicilia (Suso Capirote), conocido criador de vacuno palmero, lo pude entrevistar en una de tantas veces recorriendo La Palma a finales del siglo XX. Huérfano de padre muy pronto, con 18 años ya se quedaba «en ese monte tirando madera, amontonando pinillo, bajando con yuntas canteros de plana» [En PELLAGOFIO nº137 (2ª época, febrero 2025)].

Por YURI MILLARES

LA la vaca palmera la llamaba Suso Capirote «vaca criolla», también «ganado basto» y señalaba que, llegada «de Galicia, fueron los primeros ganados que trajeron de raza de trabajo y aquí se ha ido mejorando en hechura, porque el ganado basto es un ganado feo, es un ganado delante muy abultado, pero de atrás medio secarrón y entonces uno ha ido siempre criando el más bonito». Conocido por su afición a los concursos de arrastre, sus yuntas eran verdaderas campeonas en la isla de La Palma.

Su dedicación al arrastre lo tenía ocupado en su pueblo, El Paso, entrenando a sus animales a diario, tanto a las madres como a las novillas que serían el relevo. Las alimentaba con cebada que sembraba, tagasaste y hierba que cogía, y pastando cuando la lluvia era generosa y la tierra agradecida. En este último caso, soltarlas requería tomar algunas precauciones para que se quedaran en el terreno donde las dejaban, sin irse al cercado de ningún vecino.

Jesús Pérez (Suso Capirote), gran aficionado al deporte autóctono canario del arrastre con yuntas, entrenaba casi a diario y cuando no podía se encargaba su hijo. | FOTO Y. MILLARES
Su costumbre era amarrarle al animal una pata delantera con la correspondiente trasera, es decir, apearlo, «para que en un cerco que tiene mal tapume no se bote fuera. Los apeo con una cosita de a metro más o menos; si lo pones muy corto se puede caer y no se levanta. Según sea la res». El tapume (palabra de origen portugués), me explicó, es la pared de piedra o la cerca de madera («Si son bajitas pueden brincar, entonces lo apeas para que no brinque»), pero también hay tapumes de alambre. «Si son tres pelos de alambre, pues son bajos y por ahí el ganado puede brincar. Y si es una res chiquita se bota entre alambre y alambre, entonces les pones una horqueta, en forma de una uve, para que no saque la cabeza».

Es con lo que se crió toda la vida en unos tiempos difíciles de trabajo duro en los que las yuntas araban la tierra. Tiempos en los que también iba al monte a por pinos. «El abuelo mío los bajaba hasta Puerto Naos, con las yuntas. Fíjate qué martirio ese trabajo. Yo los jalaba por los caminos hasta los camiones. Luego vino la pala* y lo hacía más fácil». Eso es lo que llama «tirar madera» y el pino que se cortaba se llevaba a embarcar, para hacer después tablones y vigas. «Nosotros los arrastrábamos hasta donde los camiones los cogían. Pero antes se llevaban hasta el mar y se formaban balsas. Los troncos, de cuatro o seis metros, iban sobre el agua y los clavaban con un listón o un pino más fino. Entonces los cogían las barquitas y así iban a Santa Cruz de La Palma, al muelle», recuerda con detalle.

«Yo, desde que nací, lo que vi fue eso. Mi padre murió nuevo y yo era el mayor, me quedé de 17 años, próximo a cumplir los 18, y tuve que hacer las veces de padre. Entonces no había seguro para los campesinos y mi padre tuvo una enfermedad larga y una hermana mía y yo nos quedamos empeñados». Fue cuando se tuvo que dedicar a estar «en ese monte tirando madera, amontonando pinillo, bajando con yuntas canteros de plana. Como no había palas, ajuntabas* las piedras en una rastra y las ponías donde la gente las cogía para hacer la pared. Y era a mano todo. Yo salía todos los días a las cinco de la mañana y entraba de noche a casa».

La necesidad era tal que no había pausa casi ni para que la vaca pariera. «Yo tengo una parida ahí que necesita mucho cuido —decía el día de la entrevista, una tarde de agosto de 1998—, perdí el primer arrastre porque no había parido. Pero las he tenido, estar labrando hoy, soltarla y parir».

■ HABLAR CANARIO
La yunta que empareja toro con vaca «no pega»

El año que conocí a Suso Capirote era un destacado criador con una treintena de cabezas de vacuno criollo —hoy reconocido como raza palmera—, de las que cuatro yuntas eran para participar en los concursos de arrastre. «Las demás son para criar crías. Les ponemos el toro para que paran en el tiempo del descanso de los arrastres, que empiezan siempre en mayo y se terminan en septiembre-octubre. Entonces tiene que parir el ganado de octubre para delante, antes de mayo».

Para trabajar, las yuntas se emparejan, normalmente, toro con toro y vaca con vaca. «Puede ser toro y vaca —aclara—, pero no pega, porque es raro que el toro no sea más fuerte que la vaca. Para algo sencillo, labrar una huerta, la vaca puede estar con el toro. Pero no si es para remates y cosas así: tiene que ser toro con toro. Hay yuntas de vacas que no las echan a parir y son casi toros, porque el parir no es bueno, se ve que el ganado afloja».

*VOCABULARIO
ajuntar. Voz castellana antigua de juntar, muy utilizada aún en los campos canarios, también referida a relaciones de amistad, especialmente entre los niños: «Ya no me ajunto contigo» (varias citas en el diccionario Tesoro lexicográfico del español de Canarias).

pala. Aquí, tractor equipado con esta forma de brazo hidráulico. Expresión muy usada en los campos canarios, donde es raro escuchar la voz tractor para este tipo de vehículo●

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