Historia Oral

Con dinero o sin dinero, felices si había baile en la cueva

Oficios del mundo rural / Siembra, trilla y gofio en la Vega de Acusa

«¡Qué trabajos se pasaban antes!», dice Carmela a sus 93 años, recordando cuando iba caminando desde Acusa Verde al molino de gofio que estaba en El Sao, antes de añadir: «¡Qué vida más bonita era antes!», pensando los bailes. Tampoco olvida que «el conde engañó a los viejitos y se quedó todo». Cara y cruz. [En PELLAGOFIO nº143 (2ª época, octubre 2025)].

Por YURI MILLARES

Nació en 1932 en una cueva del caserío de Acusa Verde y crio a sus hijos en otra cueva, pero del cercano caserío de Ventanieves. Aquél vinculado al legado aborigen y por ello habitado hace más de dos mil años; el otro, junto a una antigua ermita que ahora queda sumergida —si llueve— en la cola de la presa de Candelaria, desde donde sus lugareños comerciaban con la nieve que recogían en el Macizo de Tamadaba y su mayor altura, la montaña de Altavista (1.376 m), como «remedio para bajar las calenturas de las epidemias de fiebre amarilla y cólera morbo que tanto atacaron la isla» en el pasado, según el investigador Humberto Pérez.

«Tuvo que empezar a explicarnos cómo se siembra, cómo se cogía, cómo se emparvaba… Todo ha sido un aprendizaje», dice su nieta Guacimara [ver entrevista] cuando ella y su madre, María Isabel, la implicaron en la idea de recuperar el paisaje y volver a sembrar cebada en la Vega de Acusa. ¡Hacía más de medio siglo de abandono de la agricultura de secano en el lugar! «Ella encantada. Cuando son mayores lo que quieren es contar sus experiencias como sea y transmitir su conocimiento», continúa Guacimara.

Después de horas caminando con el gofio, le dijo a su madre «Más nunca me traigas al molino»

A sus 93 años («Son unos cuantos y los que me quedan», bromea) Carmen González Herrera todavía retiene en la memoria sus vivencias de juventud. Con sus padres dedicados a la labranza, sembraban «cebada, trigo, chícharos, de todo». Hacían el gofio «con cebada y trigo mezclados. Lo tostábamos y lo llevábamos al molino de El Sao». También con millo que tenían en el fondo del barranco. Toda una caminata por veredas que hoy transitan senderistas y ella hacía por obligación.

Más nunca
«Una vez fui con mi madre, porque mi padre no podía ir, ni mis hermanos. Fuimos con el burro, que llevaba dos sacos, y cuando veníamos, que ya asomábamos al Cruce de Acusa, le dije: “Mamá, más nunca me traigas” —ríe—. Salíamos a medianoche para ir al molino, echábamos la mañana a esperar que moliera y otra vez para arriba. ¡Qué trabajos se pasaban antes!». A propósito del burro, «mis hermanos sí se subían, pero yo no, me daba miedo. Una vez me subí pero me vi que me entaliscaba* y dije “no, no”».

En Acusa Verde «había muchas familias, tenían terrenos aquí arriba [en la vega] y venían a sembrar. Y terrenos que tenían los amos y las trabajaba la gente como medianeros. Pero hoy ya no hay nada, está todo botado». La mitad de esas tierras, de la carretera hacia arriba, señala, «son del conde; vino y se cogió todo. Engañó a los viejitos. Y todas esas laderas, cogió un montón».

Sobre la era, en la Vega de Acusa (Gran Canaria), Guacimara Delgado con su abuela Carmela Marrero. | FOTO Y. MILLARES

En 1952, con veinte años, Carmela se casó con Juan Quintana y se fue a vivir a Ventanieves. «Que tu cueva era un salón de baile», ríe Guacimara y a su abuela se le ilumina la cara.

«Venían tocando por el camino, del Chorrillo, o del Carrizal, y juntaban a la gente. Había un salón grande hecho en el risco»

«Venían de Tejeda, del Chorrillo, del Carrizal… La música era de guitarras, bandurrias, laúdes. Eso era los días de fiesta, pero todos los domingos no, a lo mejor lo hacían éste y el siguiente no lo hacían. Entre semana estaba todo el mundo trabajando», dice. ¿Cómo se avisaban en aquellas condiciones de aislamiento para reunirse tantos vecinos de tantos barrios en aquellos barrancos? «Venían tocando por el camino, del Chorrillo para acá, o del Carrizal. Y juntaban a la gente. También había un salón grande en Acusa Verde, hecho en el risco».

«¡Qué vida más bonita era antes! Había veces que faltaba algo y entonces se iba a Artenara y se compraba… el que tenía dinero. Pero vivíamos felices»

■ HABLAR CANARIO
Y la cebada volvió a la era 50 años después

Isabel Quintana durante la siega de la cebada de 2021. | FOTO Y. M.

Vega de Acusa, una mañana de septiembre de 2021. El cielo luce azul y las hoces que manejan hombres y mujeres siegan la cebada, con la que se van haciendo montones antes de llevarla al camión. «Esto se llama parva*, que se hace porque cuando llueve el agua se escurre y la espiga no se pudre. Si no lo dejas emparvado se va pudriendo», explica Isabel Quintana González (1953-2025), hija de Carmela y madre de Guacimara, yendo y viniendo hasta el camión, aparcado más lejos.

«El camión aquí se entierra. Antes se cargaba aquí mismo, con mulos, y se llevaba [a la era]. Esto hacía 50 años que no se sembraba, por lo menos —decía ilusionada—. Porque yo era jovencita y la gente plantaba cebada, pero más trigo, para el pan. Después de esa vez no recuerdo que se sembrara».

ISABEL QUINTANA:
«Aventar no es fácil, porque no todos los días hay marea: ahora mismo corre una pequeña brisa, pero no sirve»

¿Cómo es que después de 50 años le dio por volver a sembrar cebada?

Ríe y responde: «Si quiere que le sea sincera, no es cosa mía: fue mi hija. Y aventar no es fácil, porque no todos los días hay marea: ahora mismo corre una pequeña brisa, pero no sirve. Tiene que ser continua y siempre hacia abajo, porque si es hacia arriba una vez va para la izquierda y otra para la derecha», decía cuando todavía era temprano.

Aquel era el segundo año que sembraban y el primero que hicieron su gofio Temosen. El anterior «trillamos con caballos porque era poca. Nada más que recogimos el [bocado pequeño] de arriba. [El bocado de abajo] lo sembramos todo, pero no nació porque estaba vieja la cebada. No nació ni un grano»

*VOCABULARIO
entaliscado. «Subido en una roca o sitio difícil y hasta peligroso» (Pancho Guerra, Obras Completas, t. III, “Léxico de Gran Canaria”).parva. «Montón de haces de trigo [en este caso, cebada], que se forma en los campos durante la siega, colocado de modo circular, con las espigas hacia el centro» (Diccionario histórico del español de Canarias) ●

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