Historia Oral

El brasero para echar aroma, el tostadero para cochafisco

Oficios del mundo rural / Josefa, Acosta, locera tradicional del valle de Santa Inés (Fuerteventura)

OFICIOS DEL MUNDO RURAL. Josefa Acosta era todo un referente de la alfarería tradicional de Fuerteventura. Sus piezas pasaron, con el transcurso de los años, de ser utensilios indispensables en el hogar de los majoreros, a pequeños objetos que los turistas se llevaban de recuerdo. Para ella aquellas formas de barro cocido significaban olores y sabores. [En PELLAGOFIO nº133 (2ª época, octubre 2024)].

Por YURI MILLARES

A Fefita, como era conocida Josefa Acosta Rodríguez (1936-2022), la entrevisté una tarde de mayo de 1997 en su taller para escribir días después sobre ello de regreso a casa. Era en la primera de unas pocas casas desperdigadas en el valle de la Cueva, donde tenía dos hornos (uno de doble cámara y otro antiguo, la picuda hornilla). Al otro lado de la carretera está el valle de Santa Inés, de donde era Salomé Brito Cardona, su suegra y quien, allá por los años 50, le enseñó lo que sabía.

«El Valle [de Santa Inés] era el único sitio en el que hacían cerámica en Fuerteventura»JOSEFA ACOSTA

«El Valle [de Santa Inés] era el único sitio en el que hacían cerámica en Fuerteventura. Desde el canto de abajo del pueblo hasta el canto de arriba, todo eran artesanos que se dedicaban a hacer loza», recordaba cuando iba al colegio, con seis años, pasando entre las casas del lugar y en la mayoría de ellas había mujeres trabajando el barro.

Fefita también hacía alguna que otra pieza de palma, algo que aprendió de sus padres, pero lo suyo, por vocación, siempre fue la loza de barro. Y el repertorio es grande. De esa variedad empieza a citar de carrerilla «tinajas, talleros, tostadores, lebrillos, jarras, ollas donde guisaban la leche, tofios para ordeñar las jairas, asaderas para asar la carne y el pescado al horno…». Y añade pensando en esas asaderas: «En la loza de barro queda muy buena la comida, muy sabrosa».

«Mi madre guisaba la leche en la olla y hacía el almíbar para las piñas, turrones, borrachuelos»

Fefita trabajando en su taller, en el valle de la Cueva (Betancuria, 1997). | FOTO Y. MILLARES
Los recuerdos de esas formas tenían olores y sabores para ella. «Antes, me acuerdo, mi madre guisaba la leche en la olla y tenía un gustito bueno. Hacía frangollos y el almíbar para los dulces y quedaba bien buena, porque hacía piñas, turrones, borrachuelos. Ya hoy no se usa», se lamentaba.

El tostadero, otra pieza importante de la loza tradicional en todas las Islas, «era muy bueno para tostar tanto el millo como el trigo. Lo que tostaras quedaba doradito, no se quemaba. Los tostaderos de hierro queman el grano, pero los de barro tenían siempre el grano estrallando* y reventadito quedaba estupendo». Su madre tuvo un tostadero y Josefa Acosta lo tuvo también. «Nosotros lo hacíamos mucho. Los cochafiscos* hoy los asan en la sartén y con aceite, pero nosotros lo hacíamos al tostadero».

Y la otra pieza de barro apreciada por esta locera, tanto que seguía haciendo uso de ella, era el brasero, «para echar el aroma», decía. En Fuerteventura, me contó, se le solía poner incienso y alhucema, «pero hoy ya gastan cáscaras de naranja y romero y de todo lo que cojan». Y no sólo es aroma lo que proporciona. «En invierno son las casas muy frías, se pone carbón en un brasero de esos y no le pasa nada».

El brasero con incienso y alhucema se usaba para «darle olor a las ropitas de los recién nacidos»

Otro uso frecuente era «darle olor a las ropitas de los recién nacidos, la pasaban por encima del incienso y la alhucema porque se calentaba y, además, quedaba goliendo, pero hoy me parece que sólo se usan las colonias». Ella seguía prefiriendo el viejo método para perfumar el hogar y usar las plantas tradicionales. «Me gusta usarlo y de atrás alante está la casa goliendo, porque es un aroma muy oloroso».

■ HABLAR CANARIO
Con hoja de palma, esportones y barcas para la mar

Los padres de Josefa Acosta a lo que se dedicaban era a la cestería de palma, que ella también domina, aunque quiso aprender a ser locera «porque, si no, se pierde», me decía. «Mi padre hacía esportones, serones, esteras, escobas y todo eso. Mi madre, cestos, barcas, cestitos de costura. Yo aprendí con ellos porque les ayudaba».

De las paredes de su taller de cerámica colgaban algunas de esas piezas de palma, como los esportones, de gruesa palma verde y con tiras para colgar en la espalda.

«Son para la mar; como las barcas, que son unas cestas alargadas —explicaba—. Las llenaban de carnada, de marisco, de lapas». También había esportones «para reservar el grano». No se olvida de los serones, hechos igualmente de palma y que se usaban para que los burros llevaran carga en ellos, por ejemplo el barro que había que ir a buscar «allí arriba en la montaña de la Villa, no había nada imposible —reía acordándose—, coches no tenían, pero tenían burros».

*VOCABULARIO
cochafisco. «Maíz o millo tierno tostado con un poco de sal, delicia de los isleños en la temporada de recogida de las piñas» (Pancho Guerra, Obras Completas, t. III, “Léxico de Gran Canaria”).

estrallar. Estallar. «Es un uso arcaico que se mantiene también en algunas zonas de América (…). [En] Cuba lo recogen como “Romperse una prenda de vestir por sus costuras”» (cita el Diccionario Histórico del Español de Canarias) ●

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