Historia Oral

En Igueste, semáforo, mandaderas, fleteros y ‘San Pedro El Cambao’

Anaga / La vida al pie del único semáforo de señales náuticas de Canarias

Las vidas de semaforistas e iguesteros se cruzaron sin remedio entre 1890 y 1970, el tiempo que el Semáforo de la Atalaya estuvo en activo. Por el embarcadero del semáforo salían falúas a Santa Cruz con fruta y vecinos, mientras mujeres del pueblo prestaban servicio portando víveres y cocinando a los marinos. [En PELLAGOFIO nº127 (2ª época, marzo 2024)].

Por YURI MILLARES

De la vida en el pueblo de Igueste de San Andrés en Anaga (Tenerife) y su relación con los vigías del semáforo hablan para PELLAGOFIO Mari Carmen León y Javier de Vega, miembros del Colectivo Semáforo de la Atalaya. El semáforo «es una obra que realiza el Estado que en realidad no trae ningún beneficio al pueblo, más allá de ponerte en el mapa», señala ella, que todavía identifica las ruinas de la casa de su «retatarabuela» en Igueste.

Lo que el pueblo necesitaba en aquel momento, y aún tardaría muchos años en lograrse, dice, «era una carretera y un cementerio, que se habían pasado varias epidemias en el pueblo a finales de siglo XIX y el cementerio de San Andrés llegó a colapsar. Pero el pueblo hizo suyo el semáforo y le cogió afecto. En la época de la guerra y posguerra muchos aprendieron a leer y escribir con los vigías».

«Eran personas formadas en Geografía, Física, Matemáticas. Sus conocimientos los revertían en la gente del pueblo», añade Javier, nieto de Francisco de Vega Barrera, maestro de la escuela de niños de Igueste entre 1916 y 1918.

«Las mandaderas también limpiaban, fregaban y hacían de comer… Y los hijos subían a aprender, porque a veces estaba la escuela cerrada. Los maestros no querían venir a un sitio tan apartado» MARI CARMEN LEÓN

Los recados, con la mandadera
Cuando se construye el semáforo la obra incluyó dos aljibes con bastante capacidad. «Pero se llenaban con el agua de lluvia… y ahí arriba llueve poco, la verdad. No era para beber, sólo para el aseo —explica Mari Carmen—. El agua para hacer de comer la subían las mandaderas. Eran mujeres del pueblo, adultas y jóvenes (se da el caso de alguna madre y la hija) que subían con los mandados. Cuando ya había teléfono los vigías llamaban y pedían “súbeme tal cosa y tal otra”. El queso, el gofio».

No era lo único que hacían. «Las mandaderas también limpiaban, fregaban y hacían de comer… Y los hijos subían a aprender, porque a veces estaba la escuela cerrada. Los maestros no querían venir a un sitio tan apartado».

El pueblo de Igueste de San Andrés y sus huertos a los lados del barranco con el agua corriendo en invierno. | ARCHIVO DEL COLECTIVO SEMAFORO DE LA ATALAYA

«Lo ideal de este valle es el microclima y que no tiene problemas de agua», continúa De Vega. De hecho, a la par que en 1895 comienza a funcionar el Semáforo de la Atalaya, en el valle alrededor del pueblo comienza a desarrollarse la agricultura de exportación y comienzan a funcionar varios almacenes de empaquetado.

Sin ‘desembarcadero’
El embarcadero del semáforo era la vía de embarque de plátanos, tomates y cebollas en falúas hacia Santa Cruz. Hasta 1915: «Ese año un temporal destruyó el desembarcadero, como le decían —relata Mari Carmen—. ¡Y mira que hubo peticiones por parte de los vigías y de los vecinos para que lo reconstruyeran! La gente iba a Santa Cruz caminando por senderos o en los barcos fleteros*», embarcando por la misma orilla de la playa cuando ya no fue operativo el muellito.

«Los fleteros atracaban en la playita y por ahí sacaban los bocoyes de tomates, cebollas y el plátano»

Se llamaban fleteros, explica, «porque cobraban flete a la gente para llevar mercancía o personas. Eran barcos grandes, de unos 8 a 12 metros. Atracaban en la playita y por ahí sacaban los bocoyes de lo que fuera. Tomates en su momento; cebollas también porque he encontrado datos del candray, un tipo de barco inglés [con dos proas] con el que sacaban cebollas. Y el plátano».

Su abuelo, nacido en 1899, detalla, era marinero en los fleteros. «El hermano mayor era el patrón, el segundo era marinero, y él, que era el más chico con 16 años, empezó con ellos. Según llevaran bocoyes* de plátanos o de tomates, iba gente. Los fleteros eran a remo y vela al principio, después, cuando empezó mi abuelo a partir de la primera guerra mundial, ya eran a motor».

Con el tiempo su abuelo fue también «patrón de uno de esos barquitos (que eran propiedad de un señor que tenía sus tripulaciones contratadas). Yo tengo constancia de dos barcos de vela y después, según me contaba mi abuelo, barcos a remo y después a motor». Uno de los últimos barcos fleteros fue, dice, «el San Pedro El Cambao, porque la quilla le salió cambada. Terminó en Las Palmas, por cierto. Tenía un ruido muy escandaloso».

■ HABLAR CANARIO
Telegramas en tiempos de guerra y un cuñado en el frente

«Marino Cabrera, exportador de tomates, era amigo de uno de los semaforistas y le dejaba enviar telegramas»

El semáforo de Anaga era atendido por personal del Cuerpo de Vigías de Semáforos. Los semaforistas —como eran llamados por los vecinos de Igueste— mantenían buena relación con la población local. Allí arriba se organizaban fiestas y bailes. Muchos de los vigías que llegaban solteros a este destino terminaban casándose y afincándose en la zona.

En algún caso, incluso, enviaron telegramas personales al margen del servicio. La madre de Mari Carmen León, con apenas siete u ocho años, llegaba a subir varias veces al día al semáforo con el encargo de llevar notas para tales telegramas. «Marino Cabrera Cruz, exportador de tomates, era amigo de uno de los semaforistas y le dejaba enviar telegramas. Que no podía porque eso era un servicio oficial. Eran telegramas de la cuñada, para el marido que estaba en el frente».

*VOCABULARIO
bocoy. Usado en Canarias según la definición de la RAE, «barril grande para envase» (aunque con distintas capacidades), para los vecinos de Igueste de San Andrés «la palabra bocoy tiene diferentes sentidos. Puede ser tonel, pero en este caso eran cajas en las que iban embalados los plátanos», dice Mari Carmen León, hija e investigadora de este pueblo.fletero. «Barco de cabotaje» (Manuel Alvar, El español hablado en Tenerife), es un americanismo para referirse también al «propietario de un medio de transporte fluvial o terrestre que recibe un pago por el servicio prestado» (Diccionario de americanismos de la Asociación de Academias de la Lengua Española). El término lo cita el Tesoro lexicográfico del español de Canarias como voz de Igueste en los términos que se describe en el artículo ●

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