En sus manos estaba curar una ‘coyuntura tonta’
Oficios del mundo rural / Estelero en La Aldea de San Nicolás (Gran Canaria)

OFICIOS DEL MUNDO RURAL. En los campos canarios el isleño tiene una palabra para designar a quienes practican el ¿oficio, habilidad? de arreglar dolencias de huesos y torceduras: estelero*. Hasta La Aldea nos fuimos el fotógrafo Andrés Cruz y quien esto escribe un día de 1994 a conocer a uno, Venancio, todo un personaje popular y respetado. [En PELLAGOFIO nº136 (2ª época, enero 2025)].
Por YURI MILLARES
La cabecera de portada del suplemento de La Provincia de nombre tan sencillo como eficaz, «Dominical», llevaba aquel domingo de mediados de octubre de 1994 un título igualmente breve y efectivo: «El estelero». Con la misión de localizarlo para un reportaje, llegar hasta la casa de Venancio Díaz Rodríguez al final de una empinada pista de tierra fue relativamente sencillo: sólo había que ir preguntando a los vecinos de Cuermeja, barrio de La Aldea de San Nicolás (Gran Canaria). Curiosamente, no sólo era conocido por sus habilidades como estelero, también lo era por su cuervo amaestrado, Francisca.
«¡Francisca, chacha! ¿Quieres un cacho de queso?», gritaba cuando llegamos, asomado al patio de atrás de su casa. Miraba al cielo, donde un cuervo volaba a un centenar de metros de él y trataba de llamarlo. «¡Mira que le pego! ¡Ya está, le pego: toma y toma!», decía mientras simulaba pelear con uno de los muchos gatos que merodeaban su gallinero.
«Oye, a mí no me piques, que soy tu papi», le hablaba este hombre de 63 años, gruesos bigotes y poderosa voz a su cuervo

Francisca, que llevaba 19 años conviviendo con Venancio, alternaba sus largos paseos aéreos con estancias en una jaula de madera de donde salía y entraba a voluntad. «No siendo los jueves y los domingos», precisaba Venancio —y así dejamos constancia en el reportaje—: los días de veda de cacería el cuervo se quedaba encerrado para evitar que un cazador le pegara un tiro.
El reguero de visitas hasta su casa era constante y él recibía en su rincón preferido de la casa: una salita llena de plantas con unos viejos sillones junto a una mesa de cemento. Bajo la mesa, una botella de whisky; sobre ella, el queso de sus cuatro cabras; al lado, una alfombra sobre la que se tumbaban sus pacientes boca abajo, con la espalda descubierta. «Yo lo coloco así y miro primero si los pies están iguales», explicaba mientras Andrés lo fotografiaba en la labor. Después les pasaba sus manos por la espalda, lentamente. «En la columna se buscan los nudos para ver si no están mal y que no esté desgranada».
—Es desgaste— le dijo el paciente.
—Los huesos no se gastan, déjese de boberías— respondió el estelero.
De sus pacientes contaba numerosas historias con su particular forma de hablar, lenguaje rápido y gesticulante, pero muy expresivo. Uno le mostró las radiografías que le habían hecho, explicando que los médicos le querían operar de una pierna. «Es desgaste», le dijo el susodicho. «Los huesos no se gastan, déjese de boberías», respondió el estelero. «Ese hueso es la coyuntura*, al echarse fuera aquí tiene un nervio que es donde se alimenta el tútano, pero al desconectarse el tútano se echa fuera”.
En este caso, como en otros, Venancio curó con un fuerte tirón para colocar el hueso en su sitio mientras el paciente gritaba «¡ya me la partió!». «Te dije que te iba a doler, jódete. Ahora levántate y camina». Aquel dolorido hombre, que hacía siete años que no podía subir una escalera sino con la pierna izquierda, recobró la movilidad asombrado. «Es que la coyuntura la tenía tonta. Aquí vienen hasta tres y cuatro al día, con las llaves* fuera, el espinazo cambado…».
Dominga se llevó a la tumba el secreto de sus rezados
Lo que no aprendió Venancio, decía mientras conversábamos, fue a curar enfermedades y males de otro tipo con rezados. Tenía una tía, Dominga, que sí sabía. Curaba los males de ojo ayudada de una cinta métrica mientras recitaba una retahíla de extraños rezados. Sentados los dos en la salita de la casa estaban un día cuando Venancio le insistía: «Te vas a morir, estás vieja, dime el rezado». Pero Dominga se negó: «Tú no lo haces con fe». La mujer murió llevándose el secreto a la tumba.
| *VOCABULARIO coyuntura. «Articulación», cita el Tesoro lexicográfico del español de Canarias. Referido, sobre todo, a codo y rodilla, por ejemplo, «la forma de ordeñar puede variar, existiendo tres procedimientos: “al codo” (denominado “de coyuntura” en la isla de El Hierro), “al puño” y “sin el dedo”». estelero, -ra. «Curandero especialista en el arreglo de los males de huesos, torceduras y demás» (Alfonso O’Shanahan, Gran diccionario del habla canaria). llave. «Articulación», cita el Tesoro…● |



