Historia Oral

La hormigonera era un sacho y el cemento iba en triciclo

Mariano Marrero (Tito el de La Plata), ranchero por acequias y troneras

Ranchero de los de balde y sacho, a sus 78 años Tito el de La Plata puede contar que en los 50, siendo apenas un muchacho, plantó pinos en la cumbre; en los 60 trabajó en la construcción de presas como las de Chira o Fataga; y en los 70 estuvo en la construcción de canales como el Trasvasur. [En PELLAGOFIO nº 103 (2ª época, enero 2022)].

Por YURI MILLARES

Mariano Marrero Arbelo ha vivido toda su vida en el caserío de La Plata (1.250 m de altitud), encrucijada de caminos en el municipio de San Bartolomé de Tirajana que enlaza el norte y el sur de la isla, de ahí que en realidad lo conozcan como Tito el de La Plata. Desde aquí ha caminado en todas direcciones para acudir a su trabajo siempre vinculado con las obras hidráulicas del sur de la isla y su mantenimiento (salvo cuando, con apenas 14-15 años, participó en las repoblaciones forestales en el entorno del roque Nublo).

«El ranchero es el que sirve el agua a los miembros de las comunidades de regantes. Me llamaban y me decían ‘mañana me echas 20 horas'»MARIANO MARRERO (TITO)

De profesión ranchero desde 1974 repartiendo el agua de las presas del Cabildo, “yo he andado todas esas montañas”, señala a su alrededor, en la imponente cuenca de Tirajana, la mañana que habla para PELLAGOFIO en el patio de su casa. “El ranchero es el que sirve el agua a los miembros de las comunidades de regantes. Me llamaban y me decían «mañana me echas 20 horas», yo soltaba el agua y cuando estaban las 20 horas cerraba. Tenía que ir a veces lejos hasta soltar el agua”, explica.

Tenía que abrir llave y revisar los canales por donde discurría el agua. Canales a cielo abierto, más tarde con tuberías en su interior, que recorría para comprobar que no tuvieran pérdidas, así como medir en las cantoneras que esas 20 horas de agua llegaban a su destino. Largas caminatas de horas entre riscos, siguiendo el recorrido de la acequia, con un balde, un saco de cemento y un sacho “a cuestas”, sonríe.

«Antes era muy duro. ¿Usted sabe lo que es estar un hombre con un saco de cemento una hora a cuestas?»TITO EL DE LA PLATA

“Hoy es un trabajo muy distinto –añade–, pero antes era muy duro. Es lo que había. ¿Usted sabe lo que es estar un hombre con un saco de cemento una hora a cuestas para llegar al sitio y volver para ir a buscar la arena? Y coger piedrillas del barranco para hacer grava y hacer el hormigón”.

El antiguo caserío de La Plata, donde vive este ranchero, se encuentra a 1.250 m de altitud en la cuenca de Tirajana. | FOTO Y. MILLARES
Hace una pausa y añade: “Es que, ¿sabe cómo se hicieron los canales? Con una bicicleta con tres ruedas y un cajón para llevar el material. Eso era risco y no había carretera, hasta caminando da miedo. Hoy lo primero que se hace para estos trabajos es la carretera, pero antes había que recorrer el risco y buscar el corte por donde llevar el canal. Si se hacía un pequeño túnel era a pico y para hacer el canal el triciclo, desde la presa o donde llegaban los coches, iba haciendo viajes con sacos de cemento por todo aquello que tenía sus curvas. ¡Y la hormigonera era el sacho! Se amasaba todo a sacho: arena, cal, cemento… De Maspalomas para arriba se plantaba mucho tomatero, se gastaba mucha agua y había”.

«El agua viene floja», era a veces la expresión de la queja. La confianza en el ranchero era muy importante

El ranchero cumplía su trabajo diligentemente y con mucho esfuerzo, pero siempre podía haber alguien que se quejaba: “El agua viene floja”, era a veces la expresión de la queja. La confianza en el ranchero era muy importante. “En las cantoneras teníamos cinco o seis bocas y sabíamos lo que pasábamos, teníamos una tacha clavada [para marcar el nivel] y pegamos a soltar, si querían 30 litros poníamos tres bocas y las demás las tapábamos. Y aquello no fallaba”, explica Tito.

■ HABLAR CANARIO
La presa de Chira en obras, sin llaves y rebosando

TITO EL DE LA PLATA:
«En el tiempo que estuve trabajando en la presa de Chira la vi rebosar cuatro veces»

Tito el de La Plata trabajó en la construcción de la presa de Chira entre 1960 y 1964, años en los que se añadieron los últimos 10 metros a la pared del dique. “En el tiempo que estuve la vi rebosar cuatro veces”, dice. Una de esas veces fue en octubre de 1962, recuerda. En aquel momento “la presa no tendría más de 80 horas de agua y yo estaba con una bomba de gasolina sacando agua al estanque para el servicio del trabajo. Entonces pega a llover. Eran las 12 del mediodía, recuerdo que se rompió el motor, y desde esa hora hasta las 7 de la mañana siguiente cogió la presa ¡17 metros de altura!”.

El muro de la presa cuenta con una bomba y dos tubos de desagüe cada 10 metros, pero como aún estaba en obras “no tenía las llaves puestas en los tubos de arriba. ¿Sabes cómo los tapé? Amarré una perola* con un cabresto*, la solté hasta la altura del tubo y como la chupaba, se taponaba. Así estuvieron tres días hasta que trajeron y pusieron las llaves, después se rompió el culo del balde para que no hiciera tapón, aunque el agua siguió subiendo y la presa rebosó”.

En total Chira tiene cinco bombas, “pero por los tubos de la punta de abajo ya no sale agua porque está taponada”, detalla. La presa tiene una capacidad de 5,64 hm3 (5.640 millones de litros de agua).

*VOCABULARIO
cabresto. Aquí, simplemente una soga. En Canarias es también como se llama al ronzal, la “cuerda que se ata al pescuezo o a la cabeza de las caballerías para sujetarlas o para conducirlas caminando” (Diccionario de la Lengua Española).

perola. “Balde de hierro”, lo define el propio Mariano Marrero. “Recipiente metálico, en forma de balde, pero con asas en los lados”, cita el Tesoro lexicográfico del español de Canarias

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