Historia Oral

La tea enciende el horno, la faya da color a los almendrados

Oficios del mundo rural / Quiteria Rodríguez, repostera en Cueva de Agua (Garafía)

OFICIOS DEL MUNDO RURAL. Quiteria Rodríguez, o Doña Quiteria como es ampliamente conocida en La Palma por su exquisita repostería tradicional, va ya por los 93 años (más de 70 horneando sus famosos almendrados). Empezó en una cueva que se derrumbó y le hicieron otro horno junto a su casa, de eso hace ya mucho… [En PELLAGOFIO nº135 (2ª época, diciembre 2024)].

Por YURI MILLARES

Me sorprendí al leer la noticia, por sus 93 años bien cumplidos y todavía activa a pie de horno con sus almendrados: se acaba de presentar en su pueblo natal, la Villa de Garafía, el libro Doña Quiteria, vivencias, sus dulces artesanos y recetas, de Víctor Pérez Castro. «Los mejores almendrados* del mundo», se entusiasma otro garafiano como Celestino Hernández (director del Museo de Arte Contemporáneo Eduardo Westerdahl).

En octubre de 1996 me presenté por primera vez —y no fue la única— ante la puerta de su casa, en uno de mis primeros viajes de trabajo a La Palma. Llegué con una chuleta, una cuartilla en la que el propio Celestino me había anotado a bolígrafo los nombres de personas que debía conocer y entrevistar en la Isla Bonita. «Quiteria, Cueva de Agua, Garafía» era la tercera de la lista. Busqué el lugar en un mapa y me dirigí allí.

«La carretera que baja de pinar a costa se convierte en calle empinada cuando atraviesa el pequeño pago de Cueva de Agua, que tiene, a un lado más que al otro, las casitas de sus pocos habitantes—comenzaba el reportaje que escribí unos meses después—. En la trasera de una de esas viviendas tiene Quiteria Rodríguez Pérez una vieja habitación de tejado a dos aguas con el horno para elaborar esas galletas tan sabrosas que muchos acuden a encargarle, horno que ella misma se encarga de mantener encendido con madera que va a buscar al monte».

«Yo horneaba antes en un horno que estaba dentro de una cueva, pero se cayó. Mi hermano y mi sobrino lo hicieron aquí, pequeñito»DOÑA QUITERIA

Doña Quiteria sentada junto a la entrada de la estancia, detrás de su casa, donde tiene el horno (Cueva de Agua, 1996). | FOTO YURI MILLARES
Sentada en un poyo junto a unas bandejas de hornear («milanas*», dice, hechas de latas de aceite recicladas) y entre unos gatos que se intentaban colar cuando abrió la puerta de la estancia, dejando escapar sabrosos olores a galleta horneada («¡salgan pafuera, que aquí no buscan nada!»), respondió a mis preguntas. Me explicó que «la mejor [leña] para el color de los dulces es la de jara y faya. Además, de toda le pongo. La de pino es muy floja, pero también». Pero para encender el horno utiliza «tea de la de antes, eso arde fácil».

Aseguraba que el horno «no es demasiado antiguo», aunque por su diseño tradicional y aspecto extremadamente ennegrecido de tanto uso parecía que sí. Incontables galletas, almendrados, marquesotes, roscas y bizcochos han recibido aquí el calor que necesitaban. «Yo horneaba antes en un horno que estaba dentro de una cueva, pero se cayó. Mi hermano y mi sobrino lo hicieron aquí, pequeñito. Fue una pena que no quedara más grande».

«Me acuerdo de ir a cavar jelechos y hacer bollitos y comerlos»DOÑA QUITERIA

En el pasillo dentro de su casa me mostró una fotografía en blanco y negro, enmarcada, en la que se la veía retratada ante una abundante muestra de sus galletas. Nada que ver con algunos años en los que, siendo joven, conoció la escasez en grado extremo. «Me acuerdo de ir a cavar jelechos y traerlos. Echarlos a secar lavados, bien lavaditos y sacudidos, que es como se hacía, se picaba finito-finito con un machetito, molerlo con molino de mano y hacer bollitos y comerlos».

■ HABLAR CANARIO
En camilla con peritonitis hasta Tijarafe

En octubre de 2004 volví a entrevistar Doña Quiteria. Fuera caía un buen aguacero y en la estancia del horno, en la parte de atrás de su casa, horneaba, con ayuda de su hermana Argelia y de una vecina, un buen surtido de galletas, roscas, merengues, mantecados y los tan solicitados almendrados*.

Aprendió a hacerlos, explicó, «cuando de joven iba a ayudar a mis amigas que sabían, me gustaba». Desde entonces no se dedica a otra cosa y muchos son los encargos que recibe, incluso de aquellas amigas de juventud que le enseñaron y con el tiempo dejaron de hornear. «Ahora tengo que hacérselos para ellas. Así es la vida», sonreía.

Cueva de Agua era entonces un pequeño núcleo de casas como hoy, pero sin carreteras, sólo accesible a pie o con bestias. Recuerda que una vez tuvieron que sacar en camilla a su madre, con fuertes dolores provocados por un ataque de peritonitis, caminando ¡hasta Tijarafe!, donde poder coger un coche que la llevara al médico en Los Llanos, que pudo salvarla.

*VOCABULARIO
almendrado. «Torta pequeña de una pasta de almendra majada, azúcar y clara de huevo, cocida al horno» (J. Pérez Vidal, “Conservas y dulces de Canarias”, citado por el diccionario Tesoro lexicográfico del español de Canarias).

milana. «Bandeja metálica o de cerámica utilizada en cocina para hornear o en labores agrícolas, como la recolección de la cochinilla» (Alfonso O’Shanahan, Gran diccionario del habla canaria) ●

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