“Nos poníamos azafrán de hebra en las lonas para no marear”

Una de las familias turroneras más antiguas de Canarias es la de Maribel López, en Tacoronte. El turrón canario nada tiene que ver con el que se conoce como de Jijona o Alicante, y está considerado todo un ejemplo de producto autóctono canario. Se diferencia del de la Península “en sus componentes, consistencia, forma de elaboración, presentación y sabor”, escribe Eduardo Navarro García (‘El turrón canario. Alimento y postre artesanal’). [En PELLAGOFIO nº 9 (2ª época, abril-mayo 2013)].
Por YURI MILLARES
Maribel López Díaz presume con orgullo de su pertenencia a una larga estirpe de artesanos turroneros. Fue la única de ocho hermanos que siguió el oficio de sus padres Carmen y Lázaro y de sus abuelas Carmen y Josefa. “El [oficio] de turronero se lo dio mi abuela en paz descanse a mi madre; mi padre trabajaba en el muelle y mi abuela le dijo ‘quita a tu marido del trabajo y ponlo a vender turrón”. Del mismo modo que la familia de su marido Urbano Hernández Guzmán. “De hecho, de las ocho familias [de turroneras que quedan en Tenerife] nosotros estamos emparentadas con tres de ellas”, explica Pilar, la hija de Maribel.
«Mi padre trabajaba en el muelle y mi abuela le dijo ‘quita a tu marido del trabajo y ponlo a vender turrón»MARIBEL LÓPEZ, turronera

Pendientes del tiempo
“Mañana”, dice el lunes de la entrevista, “iba mi marido a hacer turrón y le dije: ‘No hagas turrón ninguno, lo haces el viernes para yo ver el tiempo”, dice Maribel. Su yerno interviene: “Es que, si se fastidia el tiempo, ¿dónde voy a buscar un sitio para poderlo vender?”. Maribel continúa: “Después ya ese turrón no tiene el mismo sabor que recién hecho. Nos gusta trabajarlo al momento. Yo siempre les digo a mis hijas ‘ustedes esperen por el último borracho’. Porque la gente siempre quiere recoger temprano”.
nvitan a comer
Como ella está durmiendo debajo del puesto de turrón, se va a bañar a casa de los vecinos que la invitan a comer
En Tenerife los puestos de turrones tienen el denominador común de ser un mostrador portátil con un toldo de rayas rojas, excepto el de Maribel porque su color favorito es el amarillo. Antes de eso eran una sencilla mesa compuesta de un tablero y unas burras. Y de noche, al cerrar el puesto, se tapa con una tela y a dormir debajo… en Los Silos, el último pueblo donde todavía duerme Maribel con sus turrones.

Terror a la carretera de Igueste
Eso antes era lo normal, dormir debajo del puesto. “¡Cuántas veces me he quedado yo!”, confirma Pilar y sigue: “Es que ahora como tenemos el coche y nosotras conducimos, pues ya no hace falta. Recogemos y nos vamos. Antiguamente recuerdo que íbamos a Igueste de San Andrés en el camión, yo detrás con la carga, y mi abuela en paz descanse y mi madre iban delante con el señor que nos llevaba. Y hoy con la edad que tengo –cincuenta y pocos–, dirán que la carretera está bien pero sigo teniendo terror por el recuerdo de la carretera, en un precipicio con un acantilado”.
«Dirán que la carretera está bien pero sigo teniendo terror por el recuerdo del precipicio con un acantilado»MARIBEL LÓPEZ
Antes de que hubiera carretera Maribel tenía que a ese pueblo con los turrones ¡en lancha! “En la estación [del tranvía en Tacoronte] yo cogía el furgón de carga. A las tres de la tarde salíamos de aquí, nos cobraba siete perras y media, me llevaba derecho abajo al muelle, que voy hoy y todavía le digo dónde cogía la barca”. El tranvía se componía de dos vagones, “el tranvía y el furgón –explica–, el tranvía con el pasaje y el furgón con la carga. Yo iba en el furgón y en el muelle cogíamos una barca pequeña de motor en la que íbamos 15 ó 20 personas. Íbamos a Igueste por la mar porque no había carretera, yo tocaba el agua –hace el gesto con la mano– y antiguamente era tan bruta que en las lonas (ahora se dice alpargata, pero en mi tiempo se decían las lonas) nos poníamos azafrán de hebra, dentro, para no marear. Eso era antes…”.

En camisón debajo de la mesa
“Antes se pasaba más pena”, dice una Maribel que “de seis años salía con mis padres a vender turrón. Un primo mío tenía un camión e íbamos todos los turroneros en el camión. Después empezó la guagua e íbamos en el correo, pueblo por pueblo a vender el turrón”. No volvían a casa hasta pasados dos o tres días. Y si no había carretera, en lancha (a Igueste de San Andrés, donde desembarcaban en la playa “y teníamos que mojarnos los pies, sí señor, con un cajón pequeño para llevar los turrones, que se vendían a perra”) o caminando (a Igueste de Candelaria, “que íbamos en la guagua por la carretera vieja hasta un alpende que todavía existe y hasta arriba íbamos caminando con la mesa”).
«Aún ahora para dormir debajo de la mesa del turrón lleva “colchón, mi almohada, mi sábana… y mi camisa de dormir»MARIBEL LÓPEZ
Al turrón artesano canario le dicen en Tenerife “turrón de Tacoronte”, cuyos ingredientes son almendra, miel, limón, canela, matalahúga y pan rallado. Maribel y su familia son las últimas turroneras que aún hacen la masa del turrón cocinándola con leña, en vez de butano. Una masa bastante dura que mueven con una gran paleta de madera que llaman “pátula”. Y para majar la almendra todavía usa el callao de su madre.
“Aquí vino, para la primera entrevista que me hicieron, un cacho de hombre alto, con una cola, de la televisión alemana. Empieza mi marido a revolver la caldera y quiso él revolverla también, pero el que se movía era él… –ríe al recordarlo–. Mi marido le dijo: ‘Vale más maña que fuerza”.
Más facilidades que antes
Para la elaboración del turrón, no obstante, cuentan hoy con más facilidades: la galleta redonda que se añade a la masa del turrón por encima y por debajo la compran hecha y sólo tienen que cortarla (“antes la hacíamos nosotras, los hierros están en casa de mi madre”, explica Pilar), el aro del borde también lo compran (“antiguamente era de tira anea, de plátano. Mi madre la traía del valle de la Orotava. Se la daban los que tenían las fincas. La poníamos al sol y la picaba mi madre. Te estoy hablando de más de 53 años, porque era yo soltera. La cortábamos y la pegábamos con agua con almidón”, explica Maribel), y la almendra viene ya incluso picada (“antes la poníamos a guisar y la íbamos apartando una por una, con una pátula, las poníamos en la mesa y las pelábamos. Y después de peladas las picábamos con un cuchillo una por una”).
«Las almendras antes la poníamos a guisar y la íbamos apartando una por una, con una pátula, y después de peladas las picábamos con un cuchillo una por una»MARIBEL LÓPEZ
La competencia de los productos de las turrroneras con otras golosinas y dulces de hoy, hace que estos productos tradicionales y artesanos canarios se enfrenten a un futuro incierto. ¿Tienen futuro o irán extinguiéndose? De hecho, uno de los turrones más tradicionales, aparte del clásico redondo de almendras y miel cubierto con galleta, era el turrón de fruta, “que se dejó de vender porque la gente no lo consumía”, dice Pilar, que recuerda ver a su abuela “hacer el turrón de fruta confitada”.
Pero la desaparición está aún lejos, si es que está en algún lugar en el horizonte. La propia Pilar lleva quince años enseñando en los colegios de Tenerife cómo se hacen los turrones, mediante la realización de talleres para escolares.
“Te voy a contar una anécdota”, le dice al periodista: “Ayer resulta que viene un matrimonio con su niño que había estado en un taller que hice en La Victoria. Para que veas cómo la charla taller surtió efecto, porque el niño le dijo a la madre: ‘Mamá, si ves a la turronera, a la del toldo amarillo, me traes un turrón’. Y al niño no le gustaban los turrones. Que ese niño ya tiene 14 años y yo le di clase en infantil, para que veas cómo se quedan con las cosas. Eso es muy importante para mí, pero también para los demás turroneros, para que no se pierda. Porque es una golosina nuestra y si se pierde se pierde parte de la historia”.
De enero a diciembre vendiendo turrón
¿Desde cuándo hay turrones canarios? No se sabe con exactitud, aunque los datos más antiguos que se conocen se remontan a mediados del siglo XIX. Es una de las singularidades de este producto, que, en realidad, no es uno, sino varios de una gama que, en el caso de la isla de Tenerife, tiene una variedad mayor que en Gran Canaria (a los habituales turrones redondos, turrones de azúcar y almendrados de ambas islas, y también en Fuerteventura, añaden los turrones de yema con almendra molida o con nueces, el turrón de chocolate con almendra tostada, las almendras garrapiñadas y las piñas de coco, de manises, de almendras y de nueces). Y están “desde enero a diciembre vendiendo turrón, estamos todo el año, si no es una feria, es una fiesta”./ FOTOGRAFÍAS: YURI MILLARES[



