Sociedad rural

En Agaete, la única ‘mudada’ que todavía es de cabras

Ruta trashumante en Gran Canaria / De Acusa, por Tamadaba al valle de Agaete

El rebaño del pastor Ismael García regresa al valle de Agaete tras nueves meses de estancia en la cumbre, a donde fue en busca de pastos. El descenso por el vertiginoso camino de San Pedro, acompañado por numerosos amigos miembros de jurrias de salto del pastor, aportó una imagen propia de época aborigen. [En PELLAGOFIO nº138 (2ª época, marzo 2025)].

Por YURI MILLARES

Apoyado por el Cabildo de Gran Canaria, en el marco del proyecto Gran Canaria Mosaico de pastoreo para prevención de incendios forestales, Ismael García Jiménez pasó los últimos nueve meses en Acusa, en zona de cumbre (a más de 1.100 metros de altitud). Había subido en abril después de que se le adjudicara una vuelta —terreno donde un pastor tiene sus animales en pastoreo— para sus cabras. Las recientes lluvias invernales le han permitido, por fin, realizar la trashumancia de regreso al valle de Agaete el 15 de febrero.

A la convocatoria de Ismael acudieron muchos saltadores de distintas jurrias. «Para mí es un orgullo que esté toda esta gente. También viene gente que no está en jurrias y me apoya», dice. | FOTO JAVIER GIL
«Llovió tarde. Mi intención era venir en octubre o noviembre, pero llovía poquito, venía el veranillo otra vez, el aire caliente… así que dejé parir las cabras arriba y cuando ya tenía los baifos criados y abajo había comida, me vine», dice, ya de regreso a la finca Las Longueras, en el Valle (113 m de altitud). Él y su mujer, Meri, no sólo volvieron con sus 110 cabras reproductivas y 40 machorras del año pasado, también estaban los baifos nacidos este invierno ¡y su hija Taiguy, que había hecho 9 meses de edad tres días antes del regreso!

Buenas madre es lo que busca Ismael al seleccionar los baifos que criará. Él no se fija en los colores o la forma de los cuernos. «El color no da leche, ni los cuernos», ríe. Empezó con cuatro cabras y ya tiene 150. | FOTO JAVIER GIL
En la fecha prevista para la vuelta, aquel 15 de febrero, la comitiva se puso en marcha a las 10 de la mañana, saliendo de la vuelta de Acusa donde estaba el rebaño. «Lo bueno es salir temprano, pero como el día estaba fresco, las pastoreé allí mismo antes de salir para que comieran y ya las traje tranquilitas», relata el pastor. El día había comenzado para las cabras como una jornada más y todavía no sabían que iban de trashumancia, pues, de lo contrario, se ponen inquietas y deseosas de emprender camino hacia los nuevos pastos.

Familia y jurrias
A Ismael, Meri y Taiguy los acompañaron en esa mudada —como llama el pastor isleño a la trashumancia— un grupo de familiares y amigos. Entre ellos miembros de las jurrias de salto del pastor Tasarte y Guanil de Gran Canaria, y Aguere, de Tenerife, con sus garrotes (la lanza para el salto del pastor).

«Tiene la curiosidad de que es la única trashumancia en la isla, ahora mismo, exclusivamente de cabras —dice Javier Gil [ver entrevista], que lo acompañó y es el autor del reportaje fotográfico de estas páginas—. Fue bonita porque el paseo en sí ya era una locura: salir de Tamadaba por todo ese bosque y después bajar por aquel desfiladero de San Pedro hasta llegar al valle de Agaete. Es impresionante por las vistas que hay. Y después, la imagen que generaban todos estos chicos con los garrotes junto a las cabras, porque era hacerte una idea de lo que podían haber hechos los aborígenes en su momento». En efecto, la trashumancia con cabras es la que se hacía antes de la Conquista.

Los cabritos nacidos en diciembre (apenas con un mes y medio) se llevan en camioneta. | FOTO JAVIER GIL
Da comienzo la mudada. Todos se ponen en camino, aunque enseguida, en un cruce de carreteras antes de adentrarse por Tamadaba, hacen una pequeña parada junto a una camioneta todoterreno. «Es una parada que hicimos para echar los baifos de diciembre, que tenían un mes y pico y no están acostumbradas a coger camino, sino a ir a su bola y me iban a dar problemas», explica Ismael. El vehículo se encargó de llevarlas.

En cuanto llegaron a la Degollada del Sargento, donde terminaba la vuelta del rebaño y siguieron hacia el bosque, «las cabras ya supieron que iban en camino». Un par de horas después de ponerse en marcha aquella mañana («Tamadaba es largo») alcanzaron el área recreativa del Pinar de Tamadaba, parada para bocadillos y agua, y reemprenden la marcha.

En el descenso, el pastor delante
Comenzaba el descenso y fue el momento en el que el pastor le dijo a Adrián y Epifanio, que iban delante, que se detuvieran y contuvieran al ganado usando los garrotes como barrera.

«Siempre va alguien delante de las cabras. Cuando es cuesta arriba yo voy detrás y cuando es cuesta abajo voy delante, para que ellas aflojen. Porque, si las dejan, van lanzadas», detalla. Y es que «si van lanzadas se pueden dar golpes en los ubres. Y venimos con el ganado sabiendo lo que estamos haciendo: que no se den golpes, no tiren paredes, no rompan el camino empedrado. Que ellas sepan lo que están haciendo. Yendo yo delante van más calmadas y van escuchándome a mí».

Las cabras descienden por el empinado camino de San Pedro. Delante, por debajo, van Ismael (con Taiguy) y su perro ‘Nublo’. | FOTO JAVIER GIL
Armiche, de la Jurria Guanil, se dispone a realizar el salto del pastor en el descenso por el camino de San Pedro. | FOTO JAVIER GIL
Por fin se asoman al camino de San Pedro, serpenteante y empedrado. Debajo ya se ve el valle de Agaete y la finca Las Longueras. Pero todavía quedan varias horas de camino. Al llegar a las abandonadas cadenas —terrazas de cultivo— y la era de Berbique, el paisaje suaviza sus contornos. Este lugar, entre el Valle y Guayedra, es donde tiene las vueltas que pastorea cuando está en la costa.

Allí les esperaba a todos el almuerzo, aunque la tarde ya estaba avanzada. Desde Agaete subieron los vehículos por pistas con las provisiones y bajo una pequeña carpa desmontable comieron. De preparar las viandas «se encargó Pancho, de Valsequillo: carne de cabra, pata asada, tortilla… de todo».

En la era de Berbique, después de bajar por el camino de San Pedro, la cámara capta a la familia al completo: junto al pastor Ismael, su mujer Meri, la pequeña Taiguy y, detrás, el fiel ‘Nublo’. | FOTO JAVIER GIL
El atardecer marcó el final de la jornada… para casi todos. Meri y Taiguy bajaron a casa, mientras Ismael, ayudado por Ángeles (veterana saltadora de la jurria Aguere), llevaron las cabras al corral. «Miramos que no se quedara ninguna atrás, porque había cabras que no se sabían la vuelta. Todas las machorras que crie arriba no se la sabían. Tuvimos que ir a tocarlas para abajo. Cuando llegamos, a las ocho, ya era de noche».

¿Linternas para la oscuridad? «Me conozco el camino y Ángeles es una curranta», ríe Ismael, a quien no se le extravió ninguna cabra durante la mudada. «Llegaron todas. No se pierde ninguna, me encargo yo de eso. Las cabras cuando dan trabajo es cuando paren y están por ahí con los baifos», dice, días después, de pastoreo en la costa.

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