En Agaete, la única ‘mudada’ que todavía es de cabras
Ruta trashumante en Gran Canaria / De Acusa, por Tamadaba al valle de Agaete

El rebaño del pastor Ismael García regresa al valle de Agaete tras nueves meses de estancia en la cumbre, a donde fue en busca de pastos. El descenso por el vertiginoso camino de San Pedro, acompañado por numerosos amigos miembros de jurrias de salto del pastor, aportó una imagen propia de época aborigen. [En PELLAGOFIO nº138 (2ª época, marzo 2025)].
Por YURI MILLARES
Apoyado por el Cabildo de Gran Canaria, en el marco del proyecto Gran Canaria Mosaico de pastoreo para prevención de incendios forestales, Ismael García Jiménez pasó los últimos nueve meses en Acusa, en zona de cumbre (a más de 1.100 metros de altitud). Había subido en abril después de que se le adjudicara una vuelta —terreno donde un pastor tiene sus animales en pastoreo— para sus cabras. Las recientes lluvias invernales le han permitido, por fin, realizar la trashumancia de regreso al valle de Agaete el 15 de febrero.


Familia y jurrias
A Ismael, Meri y Taiguy los acompañaron en esa mudada —como llama el pastor isleño a la trashumancia— un grupo de familiares y amigos. Entre ellos miembros de las jurrias de salto del pastor Tasarte y Guanil de Gran Canaria, y Aguere, de Tenerife, con sus garrotes (la lanza para el salto del pastor).
«Tiene la curiosidad de que es la única trashumancia en la isla, ahora mismo, exclusivamente de cabras —dice Javier Gil [ver entrevista], que lo acompañó y es el autor del reportaje fotográfico de estas páginas—. Fue bonita porque el paseo en sí ya era una locura: salir de Tamadaba por todo ese bosque y después bajar por aquel desfiladero de San Pedro hasta llegar al valle de Agaete. Es impresionante por las vistas que hay. Y después, la imagen que generaban todos estos chicos con los garrotes junto a las cabras, porque era hacerte una idea de lo que podían haber hechos los aborígenes en su momento». En efecto, la trashumancia con cabras es la que se hacía antes de la Conquista.

En cuanto llegaron a la Degollada del Sargento, donde terminaba la vuelta del rebaño y siguieron hacia el bosque, «las cabras ya supieron que iban en camino». Un par de horas después de ponerse en marcha aquella mañana («Tamadaba es largo») alcanzaron el área recreativa del Pinar de Tamadaba, parada para bocadillos y agua, y reemprenden la marcha.
En el descenso, el pastor delante
Comenzaba el descenso y fue el momento en el que el pastor le dijo a Adrián y Epifanio, que iban delante, que se detuvieran y contuvieran al ganado usando los garrotes como barrera.
«Siempre va alguien delante de las cabras. Cuando es cuesta arriba yo voy detrás y cuando es cuesta abajo voy delante, para que ellas aflojen. Porque, si las dejan, van lanzadas», detalla. Y es que «si van lanzadas se pueden dar golpes en los ubres. Y venimos con el ganado sabiendo lo que estamos haciendo: que no se den golpes, no tiren paredes, no rompan el camino empedrado. Que ellas sepan lo que están haciendo. Yendo yo delante van más calmadas y van escuchándome a mí».


Allí les esperaba a todos el almuerzo, aunque la tarde ya estaba avanzada. Desde Agaete subieron los vehículos por pistas con las provisiones y bajo una pequeña carpa desmontable comieron. De preparar las viandas «se encargó Pancho, de Valsequillo: carne de cabra, pata asada, tortilla… de todo».

¿Linternas para la oscuridad? «Me conozco el camino y Ángeles es una curranta», ríe Ismael, a quien no se le extravió ninguna cabra durante la mudada. «Llegaron todas. No se pierde ninguna, me encargo yo de eso. Las cabras cuando dan trabajo es cuando paren y están por ahí con los baifos», dice, días después, de pastoreo en la costa.



