Sociedad rural

La ‘jaquita canaria’, el equino isleño del que sólo quedan fotos

El ‘caballo de la tierra’, jaca por su tamaño, fue un equino que llegó a Canarias tras la conquista castellana y se adaptó a las condiciones del archipiélago, adquiriendo características propias. Desapareció para siempre de los campos y pueblos de las islas avanzado el siglo XX. [En PELLAGOFIO nº 75 (2ª época, mayo 2019)].

Por JUAN CAPOTE

Al menos dos genotipos canarios de especies ganaderas han desaparecido en el siglo XX. El primero es la cabra guanil, cuyo último reducto fue la Caldera de Taburiente. Sólo quedaba un ejemplar macho y fue abatido por un grupo de ignorantes para poder “pegarse una jartada” a su costa. El otro fue la conocida como jaquita canaria, un tipo de caballo que abundó en las islas hasta que el ejército, con un obvio sentido militar, introdujo y distribuyó sus sementales en el archipiélago.

Se supone que descendían de la población traída por los conquistadores que tenía gran influencia del caballo bereber

Se supone que estos ejemplares descendían de la población traída por los conquistadores que, en aquella época (sobre todo en el sur de la Península), tenía gran influencia del caballo bereber. Con el tiempo, como sucedió con otros genotipos, fue adaptándose a las condiciones canarias y adquiriendo características propias y diferenciales.

Jaquita canaria montada por José Kábana (1866-1913), médico titular de Los Llanos de Aridane a principios del siglo XX, en la Cuesta de Hermosilla. | FOTO ARCHIVO JUAN CAPOTE

Como todo el mundo sabe, no hace mucho tiempo la caballería hipomóvil era fundamental en los ejércitos y, si bien el arma denominada como tal podía tener escuadrones en los que se utilizaban caballos rápidos y ligeros (los húsares, por ejemplo), otros necesitaban animales de más talla para jinetes como los coraceros. Y no digamos de la artillería o intendencia, que usaban caballos con mayor fortaleza para tirar de sus piezas y de sus carros.

Los caballos eran comprados o requisados en mayor cantidad en épocas de guerra, por lo que los militares acudían a la población equina que habitualmente se dedicaba a la silla o al trabajo, de la que se esperaba que fuera más apropiada para el combate. Debido a ello, el Arma de Caballería tenía a disposición de los propietarios de yeguas algunos sementales con las características para ellos deseadas. Los ayuntamientos solicitaban la creación de una parada, proporcionaban las instalaciones para el animal y su cuidador y corría con los gastos de mantenimiento, todo ello supervisado por un veterinario.

Es muy difícil encontrar bibliografía al respecto, aunque algunas fotografías pueden ayudarnos a recordar sus rasgos

Absorbida por otras razas en los 60
En los años sesenta del pasado siglo existía una buena distribución de paradas en el archipiélago debido a lo cual, paulatinamente, la jaquita canaria fue siendo absorbida por otras razas, de tal forma que, dos décadas después, era difícil encontrar fenotipos puros. Los nuevos sementales eran principalmente árabes, españoles y, posteriormente, angloárabes o pura sangre ingleses, ya que el hispano-bretón fue poco utilizado en las islas. A excepción de un artículo de Miguel A. González, es muy difícil encontrar bibliografía al respecto, aunque algunas fotografías pueden ayudarnos a recordar sus rasgos morfológicos.

A tenor de las labores para las que se criaban, debían ser rústicos y bastante duros

Eran animales pequeños y, a tenor de las labores para las que se criaban, debían ser rústicos y bastante duros. Su uso como equinos de montura probablemente fue menor que en labores de campo, donde una excesiva alzada le perjudicaba a la hora de ser cargados sobre la albarda. Competían con los mulos, más sobrios y resistentes, si bien éstos necesitaban una población de yeguas madres para su existencia.

Con grupas algo derribadas y articulaciones finas, también fueron utilizados en carreras de gran resistencia, que a veces iban desde el mar hasta la cumbre. Hace mucho tiempo me hablaron de una antigua competición que finalizaba en las Cañadas del Teide. Al final de la misma, cuando ya estaba el primer equino adentrándose en Ucanca, su rival pudo observar, desde atrás y lejos, cómo el cuadrúpedo que iba en cabeza caía reventado. El jinete de cola, animado por la posibilidad de ganar la carrera, aumentó la velocidad del suyo con el mismo resultado que el anterior: el caballo muerto.

No sé si es una historia real o una leyenda, pero nos da una idea de la tremenda resistencia de esos animales, sin duda debida a su origen bereber.

El caballo ‘Chispita’ sólo fue batido en su primera carrera, cuando aún estaba apotrado y falto de preparación

La carrera más famosa de ‘Chispita’
La que sí es cierta es la historia de Chispita, en La Palma. Este caballo sólo fue batido en su primera carrera, cuando aún estaba apotrado y falto de preparación. Eran los años 60 del pasado siglo XX y todas las competiciones se hacían a pelo (sin silla) y los equinos pugnaban de dos en dos, siendo todos nacidos en la isla, producto de los mencionados cruces entre hembras descendientes de las antiguas jaquitas canarias y sementales del ejército. Chispita no fue una excepción, pero era el mejor, imbatible. Posiblemente fue también hijo de un árabe, pero en su morfología eran identificables los rasgos locales, adquiridos vía línea materna.

Su carrera más famosa fue la que le enfrentó al ‘Jerezano’, caballo que incluso una vez batió a tres monturas que se relevaron

Su carrera más famosa fue la que le enfrentó al Jerezano, caballo de Garafía hasta ese momento ganador de todas las competiciones que había hecho, incluso una en la que batió a tres monturas que se relevaron. La salida se iba a dar junto a la plaza vieja de El Paso y la meta estaba en el Pino de la Virgen, donde se celebraban las fiestas. En total, un recorrido de cuatro kilómetros y medio con un desnivel de 350 metros, muy acentuados cerca de la salida y, especialmente, en la llegada.

En el ecuador de la carrera, el Jerezano ya le había sacado una notable distancia, entre 200 y 300 metros. Sin embargo, a partir de ese momento Chispita aceleró de tal forma que, cuando llegaron a la parte final, muy empinada, la ventaja se había reducido a la mitad y terminó adelantándolo entre el rugido del público.

Los que nos involucramos más tarde en las competiciones de resistencia equina (raid) y teníamos memoria vieja, a veces comentábamos con nostalgia hasta donde podíamos haber llegado con aquellas jaquitas.

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