Sociedad rural

Pastores en el aula con certificado profesional y prácticas

Nuevas hornadas de ganaderos en las islas de El Hierro y Gran Canaria

Hombres y mujeres se forman en las islas de El Hierro y de Gran Canaria para convertirse en relevo generacional de un sector tan necesitado de savia nueva como el ganadero. Los cabildos de ambas islas tienen en marcha, respectivamente, un Centro de Formación del Sector Primario y una Escuela de Ganadería y Pastoreo donde aprenden a ordeñar, hacer queso, pastorear, silbo herreño, uso de maquinaria y hasta a llevar el papeleo [En PELLAGOFIO nº 95 (2ª época, abril 2021)].

Por YURI MILLARES

Preocupados por la necesidad de asegurar el relevo generacional y mano de obra formada que pueda desempeñarse en el sector ganadero, los cabildos herreño y grancanario han puesto en marcha iniciativas diferentes, pero con un programa de aprendizaje en aula y en prácticas, que persiguen el mismo objetivo y concluyen con la entrega de certificados de profesionalidad reconocidos por el SEPE (Servicio Público de Empleo Estatal).

En El Hierro, la fórmula (que ya va por su cuarta edición) es la convocatoria de planes de empleo a través de proyectos que se desarrollan en el Centro de Formación del Sector Primario que el cabildo de esta isla tiene en El Golfo, con una duración de once meses en cada convocatoria. En Gran Canaria se ha creado, de forma más estable, una Escuela de Ganadería y Pastoreo que tiene su sede en la Granja Agrícola Experimental en la costa de Arucas. Cada curso, y ya va por el tercero, convoca una docena de plazas con prioridad para jóvenes de familias ganaderas.

El aula de las clases teóricas para pastores y ganaderos en el Centro de Formación del Sector Primario del Cabildo de El Hierro, en El Golfo. | FOTO ISIDORO JIMÉNEZ

■ Sacando las ovejas a pastar
En los terrenos de la finca Los Palmeros, en Frontera, los alumnos sacan a pastar a las ovejas cada mañana temprano. “Se encargan de abrir los parques para que los animales salgan y si hay parcelas en producción los llevan allí para que coman. Después preparamos su alimento, se lo repartimos y ordeñamos”, explica Mónica Ojeda, docente de la parte de ganadería en el Centro de Formación del Sector Primario del Cabildo de El Hierro.

■ Carrucha de maralfalfa
Divididos en dos grupos cada mañana, los alumnos se van turnando en el centro de formación herreño para cortar la comida destinada a los animales (en la foto, una de las alumnas con una carretilla de maralfalfa). “Se lleva a una zona de secado para que se deshidrate y se da como forraje a los animales al cabo de dos días –dice Besay Pérez, docente de la parte de agricultura–. No se lo damos completamente seco como las pacas comerciales que vienen muy secas”.

■ Quesos, yogur y mantequilla
“Les enseñamos técnicas de fabricación de distintos formatos de quesos (desde un fresco a uno de pasta cocida) aplicando el manejo de las temperaturas. También yogur y mantequilla”, explica el maestro quesero Isidoro Jiménez, en la foto con algunas alumnas en El Hierro utilizando la desnatadora. Ulises Padrón, alumno de la segunda edición de estos cursos y ahora pastor con su propio ganado, asegura que “del queso aprendí que jode con Isidoro”.

EL HIERRO
En la Finca Los Palmeros, el edificio que acogía un centro para la mejora de razas ovinas lo ha convertido el cabildo en un centro de formación que cuenta con corrales, sala de ordeño e incluso gallinero. “Aquí tenemos cabras y gallinas camperas canarias de forma permanente, y durante el desarrollo del proyecto se le piden las ovejas a un ganadero y las mantenemos aquí para dar apoyo a la formación; al finalizar, se le devuelven”, explica Oel Candelaria, director del cuarto proyecto PFAE (Programa de Formación Asociado al Empleo) que se desarrolla aquí bajo el título “Economía circular agraria” y se convocó para 15 desempleados mayores de 30 años sin titulación previa.

En cuanto al perfil de los alumnos, señala que “los hay que han tenido o han trabajado con ganado, y otros para los se trata del primer contacto con este sector”. A todos ellos les toca pasar once meses participando en cuatro módulos de ganadería (producción, reproducción, pastoreo y mantenimiento de las instalaciones) y tres módulos de agricultura (preparación del terreno, cultivos e instalaciones).

En marzo han iniciado un nuevo curso de 30 horas de silbo herreño, que se imparte un día a la semana con docentes acreditados

Bienestar animal, lácteos y silbo herreño
“Como formación complementaria hay una variedad de cursos que certificamos como cabildo –detalla Oel Candelaria–: carnet de manipulador de productos fitosanitarios, higiene alimentaria, bienestar animal en el transporte o tomador de muestras de leche para Letra Q. También, elaboración de quesos artesanales y productos lácteos o, en apicultura, impartimos 20 horas de clases de manejo del colmenar”. Como novedad, desde mediados de marzo de 2021 han iniciado un nuevo curso de 30 horas de silbo herreño, que se imparte un día a la semana con docentes acreditados.

Cada día la jornada se divide en dos partes. La primera, cuando llegan por la mañana temprano, es la que llaman “de obra”, el trabajo que se hace fuera del aula para el mantenimiento de los terrenos de cultivo y de la explotación ganadera. La segunda es la formación con teoría y práctica. Los alumnos se dividen en dos grupos y van rotando con los respectivos docentes de ganadería y agricultura.

«Intentamos que haya más práctica que teoría, que aprendan trabajando»MÓNICA OJEDA, docente de los módulos de ganadería

“Un día normal –detalla Mónica Ojeda, docente de la parte de ganadería– un grupo de alumnos se encarga en la primera mitad de la jornada de la parte de agricultura (sembrar, cortar la comida) y el otro, de los animales (limpieza de corrales, manejo de los animales y alimentación). En la segunda mitad del día vamos al aula e impartimos la formación más teórica. Intentamos que haya más práctica que teoría, que aprendan trabajando”.

Los domingos, a currar
Los fines de semana también toca estar ahí, “como todos los ganaderos”, dice. De lunes a viernes “estamos de 8 a 15 horas, pero los fines de semana nos turnamos y venimos dos alumnos y un profesor para hacer lo básico: regar y atender a los animales. Es una forma de que conozcan la realidad del oficio, esto no es como un trabajo de oficina y los fines de semana y festivos hay que currar como todos los ganaderos”, añade.

Besay García (docente de los módulos de agricultura) durante el riego de las plantaciones para forraje en la finca Los Palmeros. Al fondo, los roques de Salmor. | FOTO YURI MILLARES

Besay García es el docente de la parte de agricultura y con él los alumnos se dedican a preparar el terreno, sembrar y plantar; un segundo módulo es para riego, abonado y tratamientos fitosanitarios; y en el tercero les toca instalaciones agrícolas con labores culturales.

«Tenemos cabras, ovejas y gallinas con los que cerramos el círculo y obtenemos el abono y plantamos forraje»BESAY GARCÍA, docente de los módulos de agricultura

“Tenemos cabras, ovejas y gallinas con los que cerramos el círculo, pues de ellos obtenemos el abono que incorporamos al terreno –explica–. Plantamos alfalfa, maralfalfa, archita, sorgo, millo, forraje para el ganado salvo una pequeña parcela de 300 m2 de hortalizas, para que los alumnos, en la parte de labores culturales, tengan la posibilidad de practicar con cultivos hortícolas”.

Al finalizar el contrato de formación y obra los alumnos obtienen dos certificados: el de Actividades Auxiliares en Agricultura y el de Actividades Auxiliares en Ganadería. Por la experiencia de convocatorias anteriores, “la mejora del currículum les facilita la reinserción laboral y sí, los hay que entran en el mundo laboral de sector por cuenta ajena o emprenden su propia empresa: hay alumnos que han montado su propia explotación o han entrado a trabajar en alguna quesería, aunque no en el porcentaje que nos gustaría”, dice Oel Candelaria.

“El primer año fue el más duro porque estábamos empezando y había que encajar todo –recuerda Mónica Ojeda–, pero de ahí salió una empresa formada por tres alumnos que se asociaron y montaron una ganadería de caprino que hoy entregan leche a la cooperativa quesera. Otros dos trabajaron para ganaderos cuando acabaron y hubo uno más que se incorporó a una empresa agroganadera que se dedica a la producción de piña tropical, plátano, verdura y tienen vacas. Y, esporádicamente, algunos de ellos han conseguido trabajos de temporada para momentos puntuales en trabajos con la viña o la vendimia”.

«Del queso aprendí un montón; también aprendí apicultura pero, a mí, animales que no conozcan al dueño… no», ríeULISES PADRÓN, pastor en Guarazoca

Ulises Padrón se incorporó al sector ganadero tras pasar por la segunda convocatoria de los cursos del Centro de Formación del Sector Primario de El Hierro. | FOTO ISIDORO JIMÉNEZ

Experiencia personal
Pellagofio ha hablado con Ulises Padrón Pérez, uno de los alumnos de la segunda edición de estos cursos de formación y empleo, para conocer su experiencia. “Desde que tenía cinco años, muy chiquito, estaba con ganado –relata–. Mis padres tenían ganado en Guarazoca. No había trabajo y empecé a dedicarme también a la ganadería”.

Cuando se inscribió en el curso su padre acababa de quitar el ganado. “Fue donde aprendí un montón, aunque yo ya sabía (también a escribir, porque yo no fui a colegio), y al terminar me metí de lleno. Fui comprando cabras a señores mayores que las quitan, a los viejitos que me decían «voy a quitar tres», porque si vas a comprar a granjas te venden lo que no sirve”. Ahora tiene una manadita de cabras y cinco ovejas, a las que da maíz que planta él mismo. “Antes plantaba juelgo (archita, avena, todo mezclado), pero no me lo comían”.

Lo que más le gustaba hacer cuando estuvo en el Centro de Formación del Cabildo de El Hierro, dice, era ordeñar. “Del queso sí aprendí un montón, porque yo sólo sabía hacer un poco para el que lleva las quesadillas. También aprendí apicultura, pero, a mí, animales que no conozcan al dueño… no”, ríe.

Alumnos de la Escuela de Ganadería y Pastoreo de Gran Canaria experimentan su primera (mini)trashumancia con las ovejas de Fran y Tania (Quesería La Caldera), de mudada entre El Pedregal y Palomino (en el municipio de Gáldar). En la foto, con el pastor Emilio, las profesoras (las veterinarias Tara Niño y Eva Muñoz, camiseta naranja) y alumnos (camiseta azul). | FOTO YURI MILLARES

GRAN CANARIA
La Escuela de Ganadería y Pastoreo de Gran Canaria, una iniciativa del Cabildo grancanario en colaboración con la Asociación Insular de Desarrollo Rural Aider-GC, funciona desde 2018 y es una de la decena que existen en España (la primera nació en el País Vasco en 1997, Artzain Eskola, en Arantzazu; le siguió la Escola de Pastors de Catalunya, en 2009; y, a partir de 2010, las escuelas de pastoreo Campo Adentro en Madrid y Asturias; la Escuela de Pastores de Andalucía; las de Cooprado y de Castuera, en Extremadura; y la Escuela de Pastores de la Comunitat Valenciana).

“Yo creo que se debe ofertar de serie, como la Educación Pública, para que la gente que se quiere dedicar al sector primario (sobre todo, a la ganadería en este caso) tenga una formación integral completa”, decía a Pellagofio el pasado febrero el veterinario Elizardo Monzón, uno de los coordinadores (ver “Escuela de pastores para el relevo generacional en Gran Canaria”, en Pellagofio de febrero de 2021).

Un grupo de alumnos y su profesora visita la granja del Cortijo de Caideros. | FOTO YURI MILLARES

La convocatoria de cada curso, que es gratuito, selecciona a 12 candidatos con prioridad para “jóvenes con experiencia en el sector ganadero o con tradición familiar en el mismo”, pero también a “personas activas y dinámicas interesadas en la ganadería y pastoreo como trabajo por cuenta ajena o como opción de autoempleo”, según Tara Niño, veterinaria, la otra coordinadora.

Informática y trashumancia
La formación que ofrece en cada curso anual (de septiembre a mayo) combina las clases teóricas en el aula (manipulación de alimentos, manipulación de productos fitosanitarios, tomador de muestras de leche, elaboración de productos lácteos, normas de sanidad y protección animal durante el transporte, manejo de maquinaria, formación empresarial, iniciación a la informática e, incluso, formación como agentes turísticos aplicada a la ganadería), con la práctica y aprendizaje en las labores cotidianas de las explotaciones ganaderas con las que tiene convenio (las visitas a ganaderías incluyen realización de prácticas de pastoreo y hasta la participación en alguna pequeña trashumancia). Al finalizar el mismo, se les expide el certificado de profesionalidad en Actividades Auxiliares en Ganadería.

«Hacemos prácticas en todos los tipos de ganadería, pero nos centramos, sobre todo, en cabra y oveja y sin desvincularnos de la tradición» TARA NIÑO, coordinarora en la escuela de pastoreo

Un grupo de alumnos se va turnando para hacer la podología, recortando pezuñas para que las cabras puedan caminar más cómodas. | FOTO YURI MILLARES
En una de las clases prácticas para que conozcan la apicultura. | FOTO Y. MILLARES

“Hacemos prácticas en todos los tipos de ganadería, pero nos centramos, sobre todo, en cabra y oveja y sin desvincularnos de la tradición –explica Tara Niño–. Siempre invitamos a pastores a que den talleres, igual que a otros especialistas”. También dan un par de clases de apicultura de modo puntual. “La mayoría de ellos no ven a las abejas como ganado, que sí lo son. Les interesa más el ganado rumiante”, dice.

Una yunta de dos… niños
Muchos de los alumnos vienen del mundo ganadero y a veces son los profesores los que también aprenden. “Por supuesto –afirma–. En el primer curso me quedé embarazada y al verme crecer la barriga, un alumno me preguntó: «Profesora, ¿usted va a hacer yunta?» ¿Cómo? «¿Que si va a por la parejita?» Me hizo muchísima gracia –ríe–. Siempre aprendo algo. Yo tengo los conocimientos teóricos, pero ellos tienen la experiencia y cada uno lo hace de una forma distinta y todas son correctas”.

«En la visita a la Consejería aprenden todo el papeleo y le ponen cara a las personas que están detrás de toda esa burocracia»EVA MUÑOZ, profesora en la escuela de pastoreo

Eva Muñoz, veterinaria y genetista, es profesora en la escuela y acompaña a los alumnos en las prácticas que realizan. “El martes estuvimos en una granja de porcino y estuvieron viendo cómo se hacían ecografías. El viernes pasado, en una granja de vacuno estuvieron haciendo podología, arreglando pezuñas. Otras veces hay que dar de comer a los chivos, o limpiar los corrales y las salas de ordeño. En cada granja, cada día, van haciendo una actividad diferente para que vean, en su conjunto y con diferentes especies, cómo se hacen y que vayan aprendiendo”.

Entre las visitas destaca Muñoz la que realizan a la Consejería de Agricultura “para que aprendan todo el papeleo, que se lo explicamos en clase, pero es mejor que vean dónde está el servicio y que le pongan cara a todas las personas que están detrás de toda esa burocracia, que es muy importante. El año pasado fue una de las visitas que más les gustó, porque lo vieron muy útil”.

Alumnos durante una trashumancia: el más alto es Saúl Medina (18 años), a la izquierda, con sombrero, Martín López-Trejo (55 años). | FOTO YURI MILLARES

El veterano y el más joven
Entre los alumnos del curso 2020-2021, Martín López-Trejo es de los más veteranos, 55 años. “Tengo la intención de poner en explotación una finca familiar de 10 mil metros cuadrados en Tejeda como turismo rural y, en una cuadra en la que había vacas, quiero poner unas cabritas y hacer queso. También quiero poner un observatorio de aves para el pinzón azul”, explica. Por eso, dice, “las clases prácticas en el exterior es lo mejor, para ver cómo se hacen las cosas”.

El más joven del grupo, a sus 18 años, es Saúl Medina. “Desde chico estoy entre ganado. Tengo una explotación de vacas en Moya a nombre de mi madre, que en el futuro pasará a mí, y estoy aquí para mejorar”. Por ahora, lo que más le ha gustado es la pela de ovejas a máquina, “me gusta la pela tradicional con tijera, pero a máquina es más interesante”, decía unos días antes de participar en una trashumancia, una cita en la que todos los alumnos que acudieron mostraron gran entusiasmo.

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