Sociedad rural

“Yo también fui pastor y me abrigaba con la manta”

OFICIOS DEL MUNDO RURAL. Con ocho años de edad, Felipe Marrero empezó a pastorear las cabras que aportaban la leche a su casa; en los inviernos acostumbraba a ir con una manta que le sirviera de abrigo. Muchos años después, su profesión de tejedor lo sigue vinculando a las mantas del pastor, que ahora confecciona. [En PELLAGOFIO nº 28 (1ª época, enero 2007)].

Por YURI MILLARES

“Yo también fui pastor y llevaba una manta para abrigarme; te tenías que abrigar en los tiempos de invierno”, explica Felipe Marrero Francés, aunque precisando enseguida que era una manta normal, igual a la que cubre una cama. No era una manta de pastor propiamente dicha, es decir, tipo capa. Pero a él se le ocurrió confeccionarlas como capas con los dibujos de las mantas de Fuerteventura y de eso sabe mucho, porque es un coleccionista de mantas antiguas y posee piezas que son auténticas joyas de la tejeduría de más de cien años.

«Mi hermano iba a la escuela hoy y mañana le tocaba el ganado; cuando a él le tocaba el ganado iba yo a la escuela…»

Algunas mantas antiguas con hilo teñido con tintes naturales./ FOTO Y. M.
Algunas mantas antiguas con hilo teñido con tintes naturales./ FOTO YURI MILLARES
Todo empezó en su casa familiar de Tuineje, donde a muy temprana edad pastoreaba las cabras de su padre. “Es que había que comer la leche y en aquella época había que tener, más que sea, media docena de cabras para eso. Y no había pienso que echarle, las cabras tenían que mantenerse del pasto. Ya tenía yo ocho años y como tenía un hermano, un día le tocaba a uno y otro día a otro. Mi hermano iba a la escuela hoy y mañana le tocaba el ganado; cuando a él le tocaba el ganado iba yo a la escuela. Y así nos turnábamos. ¡Los brincos que yo daba, descalzo, en esas montañas con las cabras, que me las conocía todas!”.

«…Y así nos turnábamos. ¡Los brincos que yo daba, descalzo, en esas montañas con las cabras, que me las conocía todas!»FELIPE MARRERO, tejedor

Se hacían hiladas
Nunca usó la lata (el garrote o lanza del pastor majorero), pero sí iba “con la mantita por si había algo de frío”. A mediados del siglo XX en Tuineje todavía había que hacerse uno mismo, o encargar a alguna vecina que tuviera telar, las mantas de la casa. Y se hacían hiladas, “vamos a hilar que fulana va a hacer esto”, se decían, porque una mujer hilando sola tardaba mucho tiempo en sacar la producción y había que ayudarla. En casa de Felipe Marrero no se hilaba, así que su madre mandaba hilar, pero hasta su padre hacía calcetines de cuatro agujas para el frío. “En fin, que antiguamente se vestía uno casi todo artesanal”, resume.

En su colección de mantas antiguas, este tejedor tiene muestras con dibujos muy singulares, tejidos en su día por manos artesanas que tenían mucha paciencia y, sobre todo, tiempo y necesidad. Y señala, por ejemplo, una manta para la silla del camello “toda dibujada, una preciosidad, porque antes no había coche y la gente venía a las fiestas montada en camello”, precisa, que “es una virguería, te quedas asombrado” por los dibujos que presenta su tela. “Si te sientas en el telar no haces sino 10 centímetros en el día. Era con lana teñida para darle el realce al dibujo”. Porque Felipe toma muchas de esas mantas que colecciona como modelo y hace muestras de ese tejido “para saber la técnica y tener los apuntes”.

Dibujos simétricos, flores, animalitos, las mantas presentaban diversos dibujos finamente trabajados, muchas de ellas “con un centro precioso que le costaría a quien la tejió, a lo mejor, un año de trabajo, porque había que irla bordando y tenía que tener revés y derecho. Y la tienes que bordar en el telar para que al pasar los hilos no se te salga por la parte de abajo”.

Una en La Laguna
En definitiva, verdaderas obras de artesanía. Por eso, un día se le erizaron los pelos durante un viaje a La Laguna (Tenerife) para participar en una escuela de verano con maestros, en la que él iba a enseñar el funcionamiento del telar. Aprovechó el viaje para visitar la casa de una de las muchas familias majoreras que habitan en el barrio de San Matías, en Taco, porque le dijeron “pues fulano tiene una manta”.

Los ojos se le abrieron al escuchar la palabra mágica: “¿Que tiene una manta?”. “Sí, de más de cien años”. Allí se presentó él de inmediato. La señora de la casa le explicó que la manta era de su marido, heredada de una tía en Tuineje, “pero me da vergüenza enseñarla, porque se la lleva todas las noches cuando va a pescar, para abrigarse, y está estropeada”.

Felipe le pidió verla (“Eso no importa, yo no vengo nada más que a mirar”) y entonces se la enseñó la mujer. “Yo vi la manta y los pelos se me pusieron de punta. Le digo: ‘Mire, yo vengo otro día. Me voy al Kilo, le compro una Paduana de esas buenas para que se abrigue cuando vaya a pescar, pero con ésta que no se abrigue más” –le pidió–. Pero al volver el otro día, el propietario de la manta le dijo: “Toma, llévatela para Tuineje” y se la regaló.

■ PASO A PASO
Dos lienzos para la capa
Fotos de YURI MILLARES
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A las ovejas las pelaban en abril o mayo, recuerda Felipe Marrero, se sacaban los vellones que había que lavar con agua salada antes de hilar. “Después, a escardarla, que a eso se dedicaba la que hilaba y se hacía el hilo para la tejedora. Hoy la mando buscar a la Península, hilada de fabricación. Si hubiera una hilandera que hilara aquí, ¿quién compraría esa lana?, costaría mucho” (reportaje fotográfico: YURI MILLARES).

manta-de-pastor-2807-11. Pedales y lanzadera.
El hilo de lana lo enhebra en el telar según el dibujo que le quiera hacer al lienzo. Va echando la lanzadera hacia un lado y hacia el otro, sucesivamente, a la vez que va pisando los pedales, y así va tejiendo en el telar.
manta-de-pastor-2807-22. Cortar y coser.
Cuando tiene el lienzo hecho en el tamaño que desea, lo corta y saca del telar. Para hacer una manta de pastor hacen falta de dos a tres lienzos, según la talla del pastor, que se cosen a la orilla para que no haya doblez.
manta-de-pastor-2807-33. Cuello de capa.
A diferencia de las mantas esperanceras, Felipe hace un cuello más sencillo: dobla la tela haciendo pliegues donde va el cuello y le cose por encima otro trozo de la misma tela que oculta todos los pliegos debajo.
manta-de-pastor-2807-44. Orilla.
Por último, a toda la manta le cose la orilla, dando unas puntas que dejan el hilo a la vista, decorando a la vez que protegiendo su borde.

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