Carlos Cólogan

55 días en Pekín y un encuentro de embajadores canarios

En París, el grancanario León y Castillo fue el primer español que supo de las penalidades del tinerfeño Cólogan a su regreso de la capital china tras los famosos ’55 días en Pekín’, la rebelión de los bóxers. Un relato de Carlos Cólogan a partir de la amplia información documental de que dispone sobre su antepasado. [En PELLAGOFIO nº 75 (2ª época, mayo 2019)].

columnista-carlos-cologan-3bPor CARLOS CÓLOGAN SORIANO
Escritor e investigador especializado en el comercio atlántico del siglo XVIII.

Tras más de seis largos años en Pekín, y habiendo cumplido todos los mandatos del Gobierno, el embajador Bernardo Cólogan se trasladó a Takú y desde allí a Shanghái, para embarcarse en el Armand Behie, de la compañía naviera francesa Messageries Maritimes, al mando del capitán Le Orapellier (este mismo navío fue el que había llevado, en septiembre de 1900, al coronel Jean Baptiste Marchand, perteneciente al cuerpo expedicionario francés que participó en el conflicto de la rebelión bóxer).

En España se le esperaba con ansiedad, pues era el único testigo directo de las negociaciones del Protocolo Bóxer, tratado firmado por todas las potencias occidentales con China

Tras esta parada y cruzando el mar de la China y el océano Indico, Bernardo Cólogan atravesó el Mediterráneo para llegar al puerto de Marsella a primeros de diciembre de 1901. En España se le esperaba con ansiedad, pues era el único testigo directo de las negociaciones del Protocolo Bóxer, tratado firmado por todas las potencias occidentales con China. El diplomático había sido el negociador jefe, dirigiendo las sesiones y, además, interactuó con los representantes chinos por ser el decano y hablar un mínimo de mandarín. En Marsella se le entregaron decenas de cartas de bienvenida y los periodistas se agolpaban para conocer su testimonio directo.

Desde Marsella, y contra todo pronóstico, Bernardo decidió seguir hacia París para visitar a Fernando León y Castillo, embajador español en Francia, en vez de ir a España

Desde Marsella, y contra todo pronóstico, Bernardo decidió seguir hacia París para visitar a Fernando León y Castillo, embajador español en Francia, en vez de ir a España. La relación entre ambos es aún una incógnita y desconozco por qué fue a verle. La prensa de la época los calificaba como los más grandes diplomáticos que habían dado las islas Canarias en su historia, pero también se ocupaba de enfrentarles por sus tendencias políticas y por un inventado pleito insular. A Bernardo le tachaban de anglófilo y a Fernando, de francófono, en unos años en que ambas potencias europeas pugnaban por los territorios del norte de África. Estoy muy seguro de que ambos no mantenían conflicto alguno y que, por el contrario, les unía su profesión y amor por las Islas.

El caso es que Bernardo tomó el tren y, dos días después, se presentó ante su colega en la sede de la embajada. Ambos canarios disfrutaron, durante varios días, de algo del asueto y las añoradas comodidades de la sociedad europea que, como contaba por carta el propio Bernardo, estaban lejos de la situación en la China de finales del siglo XIX. Así que ducharse, cenar, tomar una copa de vino y fumar un puro fueron para él un alivio tras tantos años de restricciones.

León y Castillo fue el primer español que supo de las penalidades del asedio bóxer al Barrio de las Delegaciones de Pekín y de cómo se gestó la larguísima negociación que consumió más de un año tras el enfrentamiento

En esas conversaciones, León y Castillo fue el primer español que supo de las penalidades que se sufrieron los diplomáticos de España, Inglaterra, Francia, Italia, Bélgica, Rusia, Imperio Austro-Húngaro, Alemania, Países Bajos, Estados Unidos y Japón en los ya famosos 55 días del asedio bóxer al Barrio de las Delegaciones de Pekín y de cómo se gestó la larguísima negociación que consumió más de un año tras el enfrentamiento.

Cada cuatro o cinco días se reunían los representantes de todos estos países a debatir cada punto y cada coma que Bernardo, con su diplomacia y experiencia, luego trasladaba al gobierno chino, liderado por la emperatriz Ci-Xi. Los chinos, más puntillosos aún que los europeos, cambiaban de idéntica forma sus condiciones y vuelta a empezar. Así una y otra vez. Más de sesenta reuniones quedaron registradas y transcritas y fueron enviadas por telegrama a cada potencia en Europa, Norteamérica y Japón para que tuvieran conocimiento de cada avance.

Bernardo recibió las distinciones de todas las naciones, incluso la Legión de Honor de Francia, pero, ¡qué curioso!, ninguna de Gran Bretaña el país que más ventajas sacó

Finalmente, el Tratado se firmó el 7 de septiembre de 1901 y concluyó con una fabulosa fortuna en compensaciones chinas a las potencias occidentales. Gracias a ese tratado, Bernardo recibió las distinciones de todas las naciones, incluso la Legión de Honor de Francia, pero, ¡qué curioso!, ninguna de Gran Bretaña el país que más ventajas sacó.

También el tinerfeño y el grancanario departieron sobre la situación en España y sus cambiantes gobiernos. Desde Madrid llegaban a la embajada parisina múltiples telegramas, como este del 4 de diciembre de 1901, del Ministro de Estado al Embajador de España en París:

Ruego V.E. que en mi nombre y en el de todo el personal del Ministerio salude al Señor Cólogan y le felicite por su llegada a Europa después de las penalidades sufridas en Pekín donde tan alto puso el prestigio de España y su carrera diplomática, dirigiendo con sin igual acierto como Decano, las Conferencias internacionales que han dado por resultado el restablecimiento de la paz con el Celeste Imperio. Almodóvar.

Durante esos días, Fernando León y Castillo hizo un alto en su compleja tarea de hilvanar los intereses de la decadente España de principios de siglo con los de las agresivas potencias europeas, cuyo desenfreno colonial vivía su apogeo. Así contestó el 6 de diciembre al Ministro de Estado.

He visto al Señor Cólogan, le he saludado y le he felicitado en nombre de V.E. y personal de este Ministerio y profundamente reconocido me encargó envíe a V.E. las gracias más expresivas mientras tiene el gusto de hacerlo directamente, León y Castillo.

Ambos, amigos y compañeros de profesión, se dejaron ver por París durante tres semanas, pero Bernardo ya ansiaba pasar la navidad en Madrid, junto a su mujer Carmen y sus dos hijos. En sus paseos les abordaban los periodistas de toda Europa, ávidos de conocer al personaje del momento. Entre ellos numerosos diarios españoles, como La Época, de Madrid, que publicaba el 9 de diciembre de 1901:

La Época (Madrid, 9/XII/1901):
«El movimiento contra los extranjeros no lo atribuye a la acción exclusiva de los bóxers, sino al carácter de un verdadero movimiento nacionalista contra la invasión comercial o guerrera de los europeos»

…como se han publicado ya numerosas relaciones y diarios del asedio de las Legaciones, no podía el Sr. Cólogan, en el breve espacio de la interview con un periodista, decir cosas ni dar pormenores de verdadera novedad. El movimiento contra los extranjeros no lo atribuye a la acción exclusiva de los bóxers, sino que le da, como la mayoría de los que han estudiado el problema chino, el carácter de un verdadero movimiento nacionalista contra la invasión comercial o guerrera de los europeos, al cual vino a favorecer y a dar elementos materiales la excesiva codicia y el afán de lucro mercantil de los fabricantes de armas, que inundaron de fusiles y cañones los arsenales chinos, proporcionando a estos un material de guerra con el cual se figuraron fácil la empresa de vencer y expulsar a los occidentales.

Otro punto de vista tocó el Sr. Cólogan en la conversación a la que nos referimos. El de los excesos, depredaciones, y latrocinios achacados a los europeos, y que han dado materia para una campaña de escándalo en la prensa francesa e inglesa, alcanzando a todos las acusaciones, desde las señoras del cuerpo diplomático, a quienes se presentan saqueando las tiendas de telas y objetos preciosos de Pekín tan pronto como entró el ejército libertador, hasta los misioneros, a los cuales se pinta repartiendo metódicamente vales entre los soldados el producto del saqueo. Calmada la impresión del entusiasmo que produjo la liberación de las Legaciones, ha faltado poco, si algo ha faltado, para presentar a los héroes de ayer como malhechores.

El Sr. Cólogan dice que se ha exagerado bastante al hablar de estos desmanes, y añade con orgullo legítimo esta misma frase, que a él le honra mucho, pero que deja entender que no todo han sido exageraciones: Puedo hablar así, porque soy el único que trae solamente fotografías y autógrafos.

Viendo lo expuesto por el embajador, toma sentido aquello de que la historia siempre se repite. “Arma a tu enemigo y luego busca una justificación para agredirle y consumir aún más armas”.

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