Carlos Cólogan

El sangrado que practicaban en Tenerife guanches y hacendados

«Del uso del sangrado no se escapaba nadie, pues no se puede vincular exclusivamente ni a las clases populares ni a la nobleza», relata Carlos Cólogan que «como demostración palpable traigo a colación a Matías de Gálvez y Gallardo», residente en Tenerife  en 1762 y virrey de Nueva España unos años después. [En PELLAGOFIO nº 74 (2ª época, abril 2019)].

columnista-carlos-cologan-3bPor CARLOS CÓLOGAN SORIANO
Escritor e investigador especializado en el comercio atlántico del siglo XVIII.

¡No, tranquilidad, no voy a hablar de impuestos!, sino de algo que, afortunadamente, quedó en el pasado y era práctica habitual en todo el mundo, también en las Islas Canarias. Cuando alguien presentaba altos niveles de fiebre, tenía dolores estomacales o sufría de gota, se le aplicaba el sangrado. Para ello, al paciente se le realizaba una incisión en una vena (flebotomía) y con un catéter se le extraía sangre. La realidad era que, a la postre, tal medida terminaba por debilitar aún más al paciente. Esta técnica, practicada desde la antigüedad, se aplicaba en Francia desde 1130 y se la conocía como saignée, traduciéndose al castellano como sangría o sangrado.

Dicha técnica ha sido identificada en un alto porcentaje de momias guanches

Algunos autores, como Conrado Rodríguez Martín y Mercedes Martín Oval, en su trabajo Los guanches, una historia antropológica, han identificado esta técnica en los propios guanches y cito, literalmente de ese trabajo, la siguiente frase: “…realizando pequeñas incisiones en la piel, con ventosas aplicando un cuerno con presión negativa, por cortes en las venas, o usando sanguijuelas”. También Abreu Galindo, Viera y Clavijo y, más recientemente, Juan Bosh Millares han mencionado en sus escritos que dicha técnica ha sido identificada en un alto porcentaje de momias guanches. Lo que nos lleva a desacreditar a los que tachan de atrasados a los guanches.

Doctor realizando una sangría médica en 1860. | THE BURNS ARCHIVE

La técnica del sangrado se aplicó hasta muy entrado el siglo XIX en la isla de Tenerife, así como en las demás islas, y era ejecutada por sanadores ya que el concepto de médico, como profesional, no aparecería hasta un siglo después. Del uso del sangrado no se escapaba nadie, pues no se puede vincular exclusivamente ni a las clases populares ni a la nobleza. Como demostración palpable traigo a colación a Matías de Gálvez y Gallardo, un usuario habitual de estos sangrados.

Para el que no le conozca, este malagueño fue virrey de Nueva España desde abril de 1783 a noviembre de 1784 y padre de otro virrey, su hijo Bernardo de Gálvez. Matías vivió en El Realejo (Tenerife) desde 1757 a 1778, año en que su hermano, el poderoso José de Gálvez, ministro de Indias en el reinado de Carlos III, le nombró segundo comandante e inspector de los cuerpos militares del Reino de Guatemala.

Durante su larga estancia en Tenerife, Matías administró la hacienda de la Gorvorana, en El Realejo, unos enormes viñedos de malvasía cuya cosecha vendía a los cosmopolitas exportadores de vinos del Puerto de La Orotava. Repasando sus cartas, localizadas en los archivos tinerfeños, había pasado por alto algunos comentarios suyos que adquieren valor cuando se miran con más detalle. En la siguiente carta, dirigida a Juan Máximo de Franchi y firmada el 2 de junio de 1762, debaten sobre las disputadas canalizaciones de aguas –atarjeas o, simplemente, tajeas– que suministran el preciado líquido a los viñedos de la zona.

Señor don Juan Franchi Grimaldi

Muy señor mío con motivo de haver recibido cartas de Su Excelencia que en sustancia dize que haviendo recivido de Vuestra Señoría con la copia del auto de 26 del presente por la que le consta esta llano, que este lugar pueda tomar el agua que necesite en el barranco de Pedro Gil, y que para ello se haga Junta del vecindario y determinen lo que mejor les combenga y necesiten para la conducción de ella; en cuya atención estando determinado a ser Junta de Domingo próximo venidero para salir él una vez concluido el asunto de dicha agua, espero que Vuestra Señoría me diga, si tomada en el citado barranco de Pedro Gil ha de venir o si incorporado en la tagea algún macho para mayor facilidad de su conducción.

Espero que Vuestra Señoría me responda a los particulares para hablar con certeza en la enunciada Junta; Y si no me hallara sangrado en el día de hoy, y en el de mañana, subcederá lo mismo, y después purgarme pasaré un día de estos a ver a Vuestra Señoría y no le molestará con esta.

Quedo para servir a Vuestra Señoría en todo lo que gustare mandarme y a su Señoría hago ruego por su vida muchos años les de Dios.
La Orotava, 7 junio de 1762.

Besa la mano a V.S. su más atento y seguro servidor
Mathías de Gálvez

Lo cierto es que Matías, además de administrador de la finca, era director de la Casa de la Aduana del Valle de la Orotava y oficial de milicias. Era también un hombre culto y bien relacionado, al que no se le presumen disparatadas creencias, pues sin duda era un cristiano devoto. Lo mismo habría que decir de Juan Franchi Grimaldi y, por tanto, se demuestra que las clases más pudientes practicaban esta técnica con naturalidad y asiduidad.

En las islas Canarias se empleaba el jugo del cardón para cicatrizar los cortes de los malos sangradores

Aún no he conseguido averiguar en qué parte de su cuerpo se hacía las sangrías, ni para qué tipo de dolencias presumía que esto le iba a ayudar. Lo cierto es que por sus comentarios se deduce que el tratamiento le dejaba muy afectado, impidiéndole desplazarse. Tampoco menciona al sanador, que debía ser alguien habilidoso con los cuchillos, pero sin ánimo de ser escabroso.

Hay bibliografía en las islas que detalla esta técnica y especifica que el jugo del cardón se empleaba para cicatrizar los cortes de los malos sangradores. Afortunadamente, este asunto del sangrado pasó a mejor vida y, poco a poco, esta inútil técnica médica se abandonó definitivamente en las islas Canarias y en el resto del mundo.

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