Carlos Cólogan

Las pipas de vino sorteaban las cumbres de Tenerife por mar

La cordillera Dorsal de Tenerife la atravesaban agricultores, arrieros y pastores para llevar ganado, frutas o paja de los pinos de una vertiente a la otra de la isla; «pero cuando se trataba de mover pipas de vino, el asunto era diferente para los bueyes y camellos y requería de una alternativa más viable» escribe Carlos Cólogan en su 32ª entrega de la serie “Virtus probata florescit”. [En PELLAGOFIO nº 86 (2ª época, julio 2020)].

columnista-carlos-cologan-3bPor CARLOS CÓLOGAN SORIANO
Escritor e investigador especializado en el comercio atlántico del siglo XVIII.

Los canarios sabemos muy bien lo difícil que es moverse por el interior de nuestras islas. Vivimos en un paisaje agreste, cosido por barrancos, bordeado por acantilados y caminos intransitables que, al menor descuido, te hacen despeñar. Ahora estamos habituados a recorrerlos con la relativa tranquilidad de nuestros coches, pero hace más de 80 años no era tan sencillo, no había carreteras, sino simples caminos para animales.

La exportación de vinos estaba monopolizaba en el puerto del valle de La Orotava, pues allí tenían su sede las principales compañías de exportación

Documento firmado por Joseph Marti con los barcos y las partidas de vino claro y madres enviadas desde el valle de Güímar al puerto de La Orotava. | FOTO ARCHIVO FAMILIA CÓLOGAN

Usando la imaginación para retroceder en el tiempo, se vería lo difícil que era cruzar una isla como Tenerife por los montes llevando cualquier tipo de mercancía, al menos las pesadas. No digo con ello que no se atravesaran las cumbres para llevar ganado, frutas o la paja de los pinos; pero cuando se trataba de mover pipas de vino, el asunto era diferente para los bueyes y camellos y requería de una alternativa más viable.

Esto ya sucedía en 1819, que no es viajar mucho en el tiempo, cuando los viticultores o cosecheros del hermoso valle de Güímar, en el sur de la isla, querían transportar sus mercancías que, como en otros lugares de este lado de Tenerife, mantenían una respetable producción de vinos.

A diferencia de los viticultores del norte, éstos no disponían de un puerto para exportar sus vinos a Europa, por lo que se veían obligados a trasladar cientos de pipas al puerto de La Orotava, situado a sus espaldas en la vertiente opuesta de la isla y con el Teide (3.718 m) y su cordillera Dorsal (1.600 m de promedio) de por medio.

Los bueyes bajaban las pipas desde las medianías del valle de Güímar al embarcadero de Candelaria y desde allí, mediante pequeños barcos de cabotaje, daban un rodeo a la isla

Por aquel entonces la exportación de vinos estaba monopolizaba en el puerto del valle de La Orotava, pues allí tenían su sede las principales compañías de exportación de vinos de Canarias, con casas de comercio como Pasley, Cólogan, Barry, Cullen, Sarmiento y varias más que, como se ve, eran casi todas extranjeras. Estas compañías disponían de enormes bodegas cercanas al muelle, donde acopiaban el vino que les llegaba desde diferentes puntos de la isla. Así, tanto viticultores de Güímar como de Adeje y Garachico, tenían su particular hándicap y, por supuesto, un sobrecoste.

Imposibilitados para cruzar por las montañas, los bueyes bajaban las pipas desde los lagares, situados en las medianías del valle de Güímar, y las llevaban al embarcadero de Candelaria. Desde allí, mediante pequeños barcos de cabotaje, daban un rodeo a la isla, normalmente por Anaga, hasta llegar al puerto de La Orotava. La travesía les llevaba no más de un día y, tras desembarcarlas, quedaban un tiempo en reposo antes de mezclarlas con otras pipas.

Esto, sin duda, generó una pequeña industria de astilleros en varios puntos de la isla, para disponer de los suficientes barcos con los que atender esta necesidad. Estos astilleros proliferaron en los puntos más alejados al valle de La Orotava no sólo para sacar los vinos de otras zonas de Tenerife, sino también para traer los de El Hierro, La Gomera y La Palma.

Nota de las Pipas de Vino y Madres que en varias remesas he recivido de Dn. Francisco Hernández Marrero de Güimar por cuenta de los Sres. Dn. Bernardo y Dn. Juan Cólogan. Reducidas a Aguardiente de embarque.
Desde 5 de diziembre de 18181 hasta 12 de Enero de 1819
• Con el barco de Ángel Delgado, vino claro, pipas 21.
• Con los barcos de Candelaria, vino claro, pipas 65.
• Con los mismos, madres 8.

Desde 15 de febrero de 1819 hasta 15 de abril del mismo
• Con el barco de Ángel Delgado, vino claro, pipas 22.
• Con los barcos de Candelaria, vino claro, pipas 56.
• Con los barcos de Candelaria, vino claro, pipas 8.
Resultaron 164 pipas de vino claro y 16 de madres, total 180 pipas.
Conforme a las dos últimas cuentas que les produje a dichos Sres.
Joseph Marti

En el documento adjunto [ver foto] se reflejan las partidas de vinos con los barcos y las personas que hacían esas travesías, algo bastante raro de localizar y que muestra el trasiego de vinos entre Güímar y el puerto de La Orotava. Ni que decir tiene que este transporte era muy arriesgado y que muchas de esas pipas acabaron en el fondo del litoral, pero no había otra forma de hacerlo. No obstante, los marinos de cabotaje eran diestros y conseguían que las pesadas cargas entraran en el puerto con seguridad. Esta pequeña pero eficaz industria naval, pocas veces estudiada, se complementaba con la propia de la pesca y merece un reconocimiento.

Ahora que tanto se habla de viticultura heroica, refiriéndonos al difícil cultivo de pequeñas parcelas situadas en terrenos escarpados, se puede añadir un plus de heroicidad si añadimos el transporte de pipas por el litoral de nuestras islas.

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