Chip de morenaFrancisco Belín

Sostenibilidad de la pesca y de los recursos pesqueros

«No se entiende el futuro de los océanos y los mares sin la implicación absoluta de las nuevas generaciones, que se comprometan con él en sus diferentes parámetros, sobre todo en el de la conservación», cita Fran Belín al científico canadiense Boris Worm en su columna “Chip de morena”. [En PELLAGOFIO nº 97 (2ª época, junio 2021)].

columnista-fran-belinPor FRANCISCO BELÍN
Periodista gastronómico

Cuando ha quedado atrás –y en fechas insospechadas– el gran despliegue de Madrid Fusión, nuestras islas representantes (Tenerife, Lanzarote, Gran Canaria, La Palma) volvieron a poner el empeño en el producto local ante congresistas de todo el mundo. Entre las siempre potentes vivencias de las tres jornadas, los túnidos (especialmente en el stand de Tenerife, con ponencia y ronqueo incluidos) fueron, una vez más, vistosos protagonistas en diversas sesiones del encuentro gastronómico.

Una actividad pesquera la de estas especies en las que el archipiélago se empeñó hace dos siglos con el desarrollo de empresas de salazón y conservas. A día de hoy, la importancia socioeconómica de la actividad en las Islas es muy significativa. Precisamente, hace poco menos de un año y en formato online por las circunstancias que todos conocemos, otro congreso, Encuentro de los Mares, contó con una exposición de acento tinerfeño y canario con el título “La pesca artesanal de los túnidos en las Islas Canarias”.

Captura de otro bonito listado con caña y anzuelo frente a la costa de Gran Tarajal (Fuerteventura). | FOTO YURI MILLARES

En aquel encuentro de relevancia se imploró, prácticamente, por consensuar y coordinar acciones eficaces hacia una sostenibilidad de los océanos y la pesca que, ineludiblemente, atañe a Canarias. Los océanos como despensa y futuro, constituyó la base de este único congreso del mundo que vincula la gastronomía con la ciencia y el sector de la pesca.

La gestión de los océanos y los recursos pesqueros no es baladí, no vayan a descalabrarse por la sobreexplotación o erróneas estrategias económicas desaforadas y agresivas

Científicos como el noruego Vidar Helgesen o el canadiense Boris Worm difunden ideas en líneas incuestionables de la gestión de los océanos y los recursos pesqueros, algo para nada baladí, y que éstos no vayan a descalabrarse por la sobreexplotación o erróneas estrategias económicas desaforadas y agresivas.

El especialista nórdico, por ejemplo, comentó que su país ha lanzado una ambiciosa línea estratégica oceánica que incluye áreas clave como la tecnología verde (aplicación para saber si hay que devolver al mar determinadas capturas), el referido uso innovador de los recursos marinos, la digitalización, la colaboración internacional y la lucha contra la pesca ilegal. Helgesen considera que “no podemos ver los océanos aisladamente, hay que buscar fórmulas más respetuosas con el medio ambiente”. En un territorio archipielágico como el nuestro, y haciendo hincapié en el producto local y la sostenibilidad, esto tiene más vigencia que nunca. Más aún cuando el mar puede convertirse en una de las pocas y posibles fuentes de alimento humano sostenible y saludable en las próximas décadas.

En este sentido, la población mundial necesitará más alimentos, medicamentos, energía y minerales y, si se gestionan con prudencia, los océanos son fundamentales para satisfacer estas necesidades. En aquel encuentro, del que extraigo estos apuntes, Boris Worm insistió en que “no se entiende el futuro de los océanos y los mares sin la implicación absoluta de las nuevas generaciones y que éstas comprendan mejor el océano, y que se comprometan con él en sus diferentes parámetros, sobre todo en el de la conservación”.

“Que los futuros habitantes de la tierra aprendan de él y saber que la vida depende de las masas de agua que regulan las temperaturas del globo terráqueo”, insistió.

Toca llamar la atención acerca de las claves para preservar nuestra riqueza oceánica con la utilización de las nuevas tecnologías y para fundamentar un marco regulador muy fuerte, extensivo a la actividad de las granjas marinas

Entre otros ejemplos, Canarias puede mirar hacia el modelo del parque-zona protegida en Galápagos (Ecuador), en el que la vida marina va sobrepasando sus propias fronteras, lo que repercute en una mejora de los entornos, de la economía y, en definitiva, de la vida. Algo similar se persigue en varios espacios de Tenerife como el de Teno y Anaga.

Precisamente cuando termino de esbozar este análisis, en el Día de Canarias, toca llamar la atención acerca de las claves para preservar nuestra riqueza oceánica con la utilización de las nuevas tecnologías y la labor local-global para fundamentar un marco regulador muy fuerte, también extensivo a la actividad de las granjas marinas.

Consumir pescado y marisco, limpio y no contaminado ha de ser la razón de que celebremos la abundancia que proporciona este nuestro Atlántico como resultado de una óptima gestión

Otro aspecto relevante, en el que no caben despistes, es el de la contaminación que depende de las circunstancias locales y regionales, por lo que anteriormente las leyes tienen que garantizar el control en las franjas y que no se ubiquen granjas en lugares equivocados de las Islas. Ya saben: el mercurio, antibióticos, microplásticos, desperdicios… Canarias, además del consumo y la gastronomía, de la elaboración de derivados alimenticios o aditivos naturales, podría mirar hacia técnicas de reciclaje –tal como se apuntó en la cumbre– de las pieles de los pescados incluso para confección de bolsos o prendas de vestir.

Consumir pescado y marisco, limpio y no contaminado, con cocineros que han aprendido a tratar un género marino rico y saludable, ha de ser la razón de que celebremos la abundancia que proporciona este nuestro Atlántico, como resultado de una óptima gestión. En definitiva (e imprescindible): necesitamos liderazgo, paladines de los cambios, como así ha sucedido en disciplinas como la gastronomía o el medio ambiente. Confiemos, desde Canarias, en crear un mejor futuro para los océanos y llevarnos por prestigiosos biólogos que llevan años denunciando que estamos vaciando los océanos de peces más rápidamente de lo que la mayoría de las especies pueden repoblarse.

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