Come con cienciaLluís Serra

Comida rápida, comida basura, el verdadero problema

«Resulta que el Happy Meal es, en realidad, la dieta mediterránea, no la ‘fast food’; hagamos felices a nuestros hijos y a nuestras familias con dieta mediterránea», escribe el doctor Serra en esta entrega de la serie “Come con ciencia”. [En PELLAGOFIO nº 106 (2ª época, abril 2022)].

El modelo de comida rápida ‘made in Spain’ del «plato combinado», o el clásico americano ‘fast food’, erosionan nuestra cultura alimentaria tradicional, fruto de un legado cultural único

Por LLUÍS SERRA
Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria)

El término fast food, palabra inglesa que indica comida rápida, engloba un gran número de conceptos que van desde los platos precocinados hasta las hamburguesas, pollo frito, pizzas, frankfurts, la comida china y la comida mejicana dispensados en establecimientos que en muchas ocasiones se rigen por el modelo de la franquicia. Se sirven con refrescos azucarados, papas congeladas fritas, helados y se consumen rápido, a menudo incluso de pie. En la actualidad, las cadenas de restaurantes que ofrecen comidas rápidas se están esparciendo por todo el mundo, incluyendo los países del tercer mundo.

La comida rápida se podría definir como platos preparados comprados en un self-service o en locales para llevar, sin casi espera, y se caracteriza por ser de pésimo perfil nutricional. De hecho, la comida basura es una expresión coloquial para comidas de bajo valor nutritivo. Cada uno tiene su idea de comida basura.

Traducido literalmente del inglés junk food, el término de comida basura hace referencia a los alimentos con alto contenido en azúcares añadidos, carbohidratos refinados, grasas saturadas y trans, aditivos alimentarios y bajo contenido en fibra y micronutrientes, que tienen un alto aporte calórico pero un pobre aporte nutricional. Mientras que una dieta equilibrada nos puede aportar 1500 o 2000 calorías al día, la comida rápida lo puede hacer en una sola comida.

En los jóvenes, la comida rápida o basura, aparte de sobrepeso y obesidad, aumenta el riesgo de padecer depresión, provoca fatiga, trastornos digestivos, aumenta el riesgo de enfermedades cardiovasculares, provoca trastornos renales, daños hepáticos, mayor riesgo de diabetes tipo 2 y enfermedades respiratorias y asma.

La comida basura incrementa el riesgo de obesidad, diabetes, infarto de miocardio, ictus cerebral, cáncer de mama y de colon, Alzheimer y deterioro cognitivo y depresión

Fruto de nuestras investigaciones, podemos afirmar que la dieta mediterránea es el modelo alimentario más descrito por sus bondades en todo el mundo. Es, quizás, el modelo alimentario saludable de referencia por excelencia y se basa en una preferencia de alimentos mínimamente procesados y, en la medida de lo posible, frescos, de temporada y cultivados localmente; es decir, no solamente un conjunto de alimentos, sino la forma cómo se producen y se consumen.

La dieta mediterránea sustenta sus bondades en los vegetales, las frutas, las hortalizas, el aceite de oliva virgen extra, también en los frutos secos, aceitunas, queso (preferentemente de cabra y oveja), el consumo de carnes blancas y pescado. Es una dieta lenta, llamada también slow food por su ritmo pausado y consciente. Está claro que la dieta mediterránea ejerce un papel protector sobre una serie de enfermedades y, de alguna forma, está considerada como el modelo contrapuesto al patrón de dieta occidental o dieta fast food que ejerce un papel perjudicial en estas mismas enfermedades.

La comida basura incrementa el riesgo de obesidad, diabetes, infarto de miocardio, ictus cerebral, cáncer de mama y de colon, Alzheimer y deterioro cognitivo y depresión, por ello, frente a la dieta fast food, nuestro modelo alimentario mediterráneo-canario-tradicional reduce la depresión. Resulta que el Happy Meal es, en realidad, la dieta mediterránea, no la fast food. ¿Qué más podemos pedir? Pues que hagamos felices a nuestros hijos y a nuestras familias con dieta mediterránea, no con comida rápida, refrescos azucarados y dulces por mucha felicidad que nos prometan en su publicidad.

El grupo de clientes al que se dirigen los establecimientos de comida rápida son: trabajadores que comen fuera de casa, turistas y público de fin de semana o jóvenes

Estamos ante un tipo de restauración al que acude la mayoría de la población, sobre todo en edades comprendidas entre los 15 y 45 años. El grupo de clientes al que se dirigen los establecimientos de comida rápida son: trabajadores que comen fuera de casa, turistas y público de fin de semana o jóvenes que acuden a este tipo de establecimientos como una manera de reunirse con sus amigos a bajo coste. Canarias es una de las regiones que más gasta en estos establecimientos. Un consumo ocasional no supone un problema, pero si su frecuentación habitual.

Siempre menciono el modelo de comida rápida made in Spain del «plato combinado», o el clásico americano fast food que el turismo de masas nos ha vehiculizado: erosiona nuestra cultura alimentaria tradicional, fruto de un legado cultural único e irrepetible. Es muy difícil comer tradicional en nuestros grandes territorios turísticos. De alguna forma estamos perdiendo una ocasión muy importante, única, de difundir nuestra dieta canaria como modelo cultural y como modelo alimentario excelente para la salud pública a los turistas que nos visitan.

No me cabe duda de que se puede utilizar, incluso, como motor para la reactivación del sector primario y la alimentación de proximidad, respetando las tradiciones y las estaciones que suelen venir juntas. Es un reto y una oportunidad para el turismo y para el medio rural de defender nuestro modelo alimentario frente a la comida basura.

Y para cerrar, el refrán de hoy: el buen alimento cría entendimiento.

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