Come con cienciaLluís Serra

El agua, recurso natural que mueve la vida

«El consumo adecuado de agua es útil para la prevención de enfermedades y trastornos y también de la obesidad y la patología cardiovascular», escribe el doctor Serra en esta entrega de la serie “Come con ciencia”. [En PELLAGOFIO nº 103 (2ª época, enero 2022)].

Por LLUÍS SERRA
Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria)

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), 2.100 millones de personas no tienen acceso a agua potable y disponible en el hogar. Y unos 4.500 millones, más del doble, carecen de un saneamiento seguro. Este escalofriante cálculo es el resultado de dos factores principales: la escasez de agua en ciertos puntos del planeta y el uso incorrecto de la misma por quienes la gestionan. A su vez, este recurso natural, patrimonio de todos, fuente indispensable de vida, supone un impulso económico vital; crea un círculo virtuoso en el que, a mayor cantidad de agua, mayor desarrollo. Y viceversa: sin ella, poco o nada es posible. Sin embargo, se malgasta, se obstaculiza su porte, se mira a otro lado cuando su desaparición parece inevitable.

El 70% del agua se utiliza en la agricultura, pero, en España, este importante recurso apenas se traduce en un 4% del Producto Interior Bruto (PIB). El restante 30% es para todo lo demás, limpieza, higiene, jardinería, ocio, industrias… Si tenemos en cuenta que el 30% de los alimentos se desperdician y no son consumidos, podemos decir que más de un 20% del agua que utilizamos diariamente se desperdicia también.

Para producir alimentos se requieren cantidades muy variables de agua: 15 litros para una lechuga, 25 litros para una papa, 250 litros para un aguacate y 2.000 litros para una hamburguesa

En las islas Canarias no existen ni ríos ni lagos y, además, tenemos un clima poco lluvioso. Por esos motivos hay muchos problemas para obtener agua. La existente procede de las lluvias y de la lluvia horizontal que se ha filtrado en el interior de la tierra a lo largo del tiempo, acumulándose en lo acuíferos. Existen excelentes aguas de manantiales en las islas, pero la disponibilidad es, en general, insuficiente para la población existente, tanto la permanente como la temporal (turismo).

En una isla se puede obtener el agua de cuatro maneras diferentes mediante:

    –aprovechamiento del agua superficial,
    –aprovechamiento de las aguas subterráneas,
    –aprovechamiento del agua del mar, mediante desaladoras,
    –aprovechamiento de las aguas residuales depuradas.

Para conocer un poco más el complejo tema de las aguas en Canarias aconsejo la lectura de la obra de Francisco Suárez Moreno, El Agua en Canarias: Historia, Estrategias y Procedimientos Didácticos, además de los artículos de esta misma revista. Recientemente, en la erupción del volcán de La Palma hemos visto lo mucho que deja de desear aún la gestión del agua en muchas islas de nuestro archipiélago.

El consumo de agua necesario para cubrir las necesidades medias en humanos es de 2,5 litros diarios en los hombres y 2 litros en las mujeres. De esta agua, una parte proviene de agua y bebidas, y otra de los alimentos. Para producir alimentos se requieren cantidades muy variables de agua: 0 litros para un par de sardinas, 5 litros para un plato de legumbres, 15 para una lechuga, 25 para una papa, 50 para una naranja, 150 para un panecillo, 250 para un aguacate y 2.000 litros para una hamburguesa. Es obvio que una dieta más pro vegetariana reducirá las necesidades de agua en la cadena alimentaria.

En una dieta mediterránea tradicional, ahora llamada flexivegetariana (dieta omnívora, pero que minimiza el consumo de carnes rojas y lácteos de vacuno), el “consumo diario de agua o huella hídrica” de una persona en nuestro entorno puede ser de unos 2.000 a 5.000 litros diarios, contando alimentación, higiene y limpieza.

En una dieta de una persona que ingiera grandes cantidades de carne roja, derivados, lácteos de vacuno (por ejemplo 300 o 400 gramos de carne roja y embutidos, que representa el consumo de más de una quinta parte de la población en España) este consumo puede ser de 15.000 a 25.000 litros diarios. ¡Entre 5 y 15 veces superior! El equivalente al agua de casi una piscina olímpica por persona y año ¿Quién ha dicho que la solución no está en nuestras manos? Por desgracia, hay muy pocos profesionales que se hayan preocupado de estos aspectos de la alimentación, que englobamos bajo el concepto de sostenibilidad: algunos llevamos ya casi 20 años intentándolo.

La ingesta inadecuada de líquidos puede tener relación con la litiasis renal, infecciones del tracto urinario, cefaleas, cáncer colorrectal, cáncer de vejiga, enfermedad dental, estreñimiento, alteraciones del metabolismo…

El reconocimiento de la importancia de una correcta hidratación se ha incrementado en los últimos años, y es a partir de este siglo que esta área de la nutrición gana importancia. Existe, no obstante, una información tergiversada y un desconocimiento por parte de la población acerca de su relevancia. Aparte de los efectos agudos sobre la deshidratación, que puede conducir a la muerte, la ingesta inadecuada de líquidos puede tener relación con: la litiasis renal, infecciones del tracto urinario, cefaleas, cáncer colorrectal, cáncer de vejiga, enfermedad dental, estreñimiento, alteraciones del metabolismo proteico y lipídico y patología gerontológica y cognitiva. El consumo adecuado de agua es útil para la prevención de estas enfermedades y trastornos y también de la obesidad y la patología cardiovascular.

Las recomendaciones para una correcta hidratación incluyen:

  1. Tomar bebidas en cada comida y entre las mismas.
  2. Elegir el agua preferentemente al resto de bebidas y, a ser posible, agua con un adecuado contenido en sales minerales.
  3. Aumentar el consumo de frutas, verduras y ensaladas, sopas y caldos.
  4. No confiar en la sensación de sed para beber y tener una botella de agua a mano.
  5. Mantener el agua a aquella temperatura moderada que nos apetezca más.
  6. Niños y ancianos son colectivos que presentan mayor riesgo de deshidratación.
  7. Elegir las bebidas de acuerdo con el nivel de actividad física y estilo de vida.
  8. Si está vigilando la ingesta calórica o el peso utilice siempre agua; ocasionalmente, bebidas sin o con bajas en calorías.
  9. Aumentar la ingesta de líquidos en época de calor y antes, durante y después del ejercicio.
  10. De 8 a 10 vasos al día es una buena referencia.

Consumir más sano es beber agua y derrocharla menos. Se trata de un bien escaso que debemos preservar. Es un elemento crucial de la transición ecológica. Es la clave para la vida. Y para terminar, un proverbio chino:  Cuando bebas agua, recuerda la fuente.

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