Francisco Belín

Saborea Lanzarote 2023, crónica de mil sabores anunciados

«Si el Festival Enogastronómico Saborea Lanzarote fue desde su minuto cero in crescendo hasta esta que fue la décima edición, desde luego los adjetivos equivalen a ‘todo superlativo’» en la edición de 2023 tras el parón de los últimos años, escribe Fran Belín en esta entrega de su columna “Chip de morena”. [En PELLAGOFIO nº124 (2ª época, diciembre 2023)].

Por FRANCISCO BELÍN
Periodista gastronómico

¿Cómo te fue en la caza del mamut? El parroquiano quiere saber el alcance de la hazaña con tamaño bicho y el cazador le responde: «¡Muchacho, descomunal, como nunca. Tremendo lebrancho!». Permitan este simpático guiño como entradilla de lo que ha sido, para este periodista, la incursión por el Festival Enogastronómico Saborea Lanzarote 2023 en la Villa de Teguise. Efectivamente, la pregunta no se dejó esperar: «¿Cómo fue eso Fran?». Respuesta a la velocidad de vértigo: «Impresionante, extraordinario, sin palabras… Sin exageraciones».

Así fue, tal cual. Si el Festival fue desde su minuto cero in crescendo hasta esta que fue la décima edición, desde luego los adjetivos equivalen a «todo superlativo» si visualizamos la organización, el despliegue de contenidos, la animación, el diseño de las estructuras de arquitectura efímera, los distintos diseños del uniforme del personal del encuentro, y tanto y tanto más.

Batatas del jable con mojos. | FOTO SABOREA LANZAROTE

Efectivamente, ya en la presentación previa en Tenerife se anunciaban sabores como nunca. Se cumplieron con creces las expectativas de lo que aconteció posteriormente a finales de noviembre en un casco histórico, como el de la Villa de Teguise, que parece haber sido diseñado exprofeso para tamaño acontecimiento que volvía a escena este año.

Luis Benito, que no pudo ofrecerme un plato de su elogiado arroz: la paella para 400 raciones se había agotado en tiempo récord

Cuaderno de bitácora, todo en su sitio. Cogí el equipaje ligero de costumbre y me encaminé a la electrizante andadura que aguardaba en Lanzarote. Antes tenía que pasar por una clase magistral de tuestes de café y variedades del grano vivificante en la capital tinerfeña junto al colega Sergio Lojendio. Con ese buen regusto me encaminé, ya relajado, al aeropuerto.

A Saborea Lanzarote ya había acudido anteriormente una buena ristra de ocasiones. En algunas de ellas para desempeñar cometidos profesionales y presentaciones de ponencias. Pero esta vez tocaba apreciar el impresionante despliegue e informar del mismo.

Aparqué como pude, eso sí. A medida que me internaba en el meollo de la Villa, me atrapó ese punto de bienestar cuando uno piensa que está donde debe estar y en el lugar adecuado. Fue cuando perdí la orientación y me dejé mecer por el colorido, por una euforia entre el gentío muy animado y los saludos. Vino al rescate Luis Benito, que no pudo ofrecerme un plato de su elogiado arroz: la paella para 400 raciones se había agotado en tiempo récord.

¡Telegrama! (wasap). La querida Vanessa Arrocha (AVA Selección): «¿Dónde te metes?». Me esperaba junto con su mano derecha, Rober Morales, en Oporto. Sí, en una de mis ciudades (gastronómicas) favoritas en el mundo, porque en Saborea Lanzarote se afina la magia de pasar, en unos cuantos pasitos, de Cabo Verde a La Coruña, de Lisboa a El Hierro… Antes de llegar a destino (Oporto, como afirmé), me habían secuestrado, definitivamente. Y yo, por supuesto, más que encantado por el lance.

Agradecí enormemente la sopa herreña de Lorena Machín y Arabisén Quintero, pues andaba con las últimas moléculas alimentarias del cafecito mañanero

Sopa herreña reparadora. En el mar de gente y entre más saludos, alguien me felicitó por el programa de Agrocanarias.tv, que ya se despidió después de culminar su segunda temporada en la Televisión Canaria. Agradecí enormemente el cuenco, material reciclable, de sopa de lapas, burgaos y cangrejos de los herreños Lorena Machín y Arabisen Quintero. Yo, que andaba ya con las últimas moléculas alimentarias que me había brindado el buen cafecito mañanero del maestro tostador Jhon Ardila Pinto.

Dudas razonables. En la imponente carpa de los Saborea de Canarias saludé, consecutivamente, a la palmera Mariana Hernández (que estaba a tope, despachando su hamburguesa ganadora en el campeonato del Salón de Gourmets de Madrid de este año); al majorero Demian Zambrana; a Aridani Alonso por Saborea Gran Canaria (que me ofreció una exquisita croqueta de conejo); o a Fabián Mora, que estaba desplegando en ese momento, desde un caldero gigante, su magnífico potaje gomero de berros con su reglamentaria porción de gofio.

Participantes en el Concurso de Ensaladillas. | FOTO SABOREA LANZAROTE

Dieta atlántica. Me fui en busca del Atlántico y su dieta —los sabores de la Macaronesia y de Portugal—. Avancé entre el hervor de un ambiente festivo del que me dejé embelesar («de perdidos al río»). Como se podría aseverar, no sabía dónde mirar y mucho menos en qué fijar mis objetivos periodísticos.

Todo irradiaba un tono especial, entre aromas y pinchos de rejos de pulpo, entre copas de vino de La Geria y los puestos atestados en busca de la tapa preferida y los productos canarios para llevar a casa.

Me dejaba llevar, pues, por la marea de sensaciones humanas y gustativas. Y, como avancé, en Oporto esperaban Vanessa, Rober y Borja. Me brindaron un pulpo sazonado al estilo de la preciosa ciudad del Douro, riquísimo, acompañado de una salvadora cerveza artesanal helada. No había francesinha (una especie de sándwich de salchicha a la brasa), pero aproveché para dar cuenta del «cachorrillo», una especie de perrito caliente (pero pequeño), que me encantó por su punto amable de brasa y estela picantona.

Pura Macaronesia. Prácticamente girando sobre nuestro eje se encontraba la ubicación de Cabo Verde. Rememoré el sabor de la cachupa, una suerte de combinación de plato de cuchara-puchero con judías pintas. Me transportó a aquella tierra africana con más conexiones gastronómicas con nuestras islas de lo que podamos pensar.

Ya en estado de placidez (que no de alicoramiento), me dejé llevar a través del circuito con sucesivas escalas: Pescatrón (puro Lanzarote) y esos especímenes de túnidos, pescado rutilante y marisco, con el chef Germán Ortega al frente que me ofrecía un plato del excepcional género marino con salsa de tomate-tomate natural.

Esta vez sí probé la croqueta de conejo de Aridani Alonso (chef de Casa Romántica, en Agaete). Recién hechas: «¡Déjala reposar!»

De vuelta por la zona de los Saborea canarios, esta vez sí probé la croqueta de conejo de Aridani Alonso (chef de Casa Romántica, en Agaete). Recién hechas: «¡Déjala reposar!». Por el ansia de querer comerla ya mismo nos perdemos los sabores genuinos y lo que el cocinero quiere expresar. Seguimos las instrucciones a pies juntillas (y aun así Vanessa se quemó hasta el alma: buchito de vino para aliviar).

Insisto, estuve muchas veces en los distintos espacios de Saborea Lanzarote. Recalamos en La Pecera. Así se denomina históricamente al recinto que durante años fue el lugar en el que, bajo la dirección de los colegas Jaime Puig y Fernando Núñez, se presentaron incontables recetas de chefs locales.

En ‘pugna’ con Jordi Cruz. No sin razón, Puig anunció: «Les presento a Luis Benito (Chiringuito Tropical, Playa Blanca), que va a explicar cómo el gazpacho manchego se transforma y, en lugar de liebre, va carabinero de La Santa». Ovación para el chef y el pinche que en esta ocasión —y en tantas otras— fue Gonzalo Calzadilla, chef del restaurante Isla de Lobos.

Allí estaban, ante la vista, los carabineros: por mucho que se observan, cuantas veces sea, no se cansa uno de reafirmar que podría ser algo extraterrestre, tanto en morfología y como en profundidad de sabor. En otro “Chip de morena” explicaremos cómo la fusión canario-manchega de Almansa cobra un especial sentido con esta apuesta del gazpacho, al igual que con el atascaburras en el que Benito recurre a la batata del jable, en lugar de la papa.

Preparados para el ronqueo de un gran atún. | FOTO SABOREA LANZAROTE

La anécdota no se hizo esperar: Jaime Puig exclamó: «¡Que sepan que al lado, en el Aula del Gusto, hay ponencia de Jordi Cruz! Que sepan también que el que vaya se pierde lo mejor de la noche». Nadie se movió de su sitio, obviamente.

Salmón ahumado, mermelada de vino, vermut de malvasía volcánica. Entre la riada de gente alegre acudimos a la Casa del Producto Canario. Al lado de la plaza de los Leones y previo paso por el foodtruck del vermut de David Musci. Un cacharrazo a gusto y directos a la ponencia, en la que el citado elaborador (junto a Carmen y Fefo) defendieron un maridaje que no se quedaba en la teoría. Y que pedía a gritos la práctica en cada una de nuestras casas: tosta de salmón ahumado con mermelada de vino y el aludido vermut.

No sólo se trataba de una demostración: esos productos locales los podemos adquirir y en nuestros hogares pasar un rato formidable con esa combinación que vitoreó la mayoría de los presentes en la ponencia.

Digno de ‘Cuarto Milenio’. El domingo por la mañana estuve por llamar a Iker Jiménez para que tratase mi caso, «El extraño espacio aparcamiento en zona céntrica» donde, a priori, no existía posibilidad alguna de hacerlo. Viajamos juntos a Teguise, desde nuestro alojamiento en la costa, el colega de El Hierro Sergio Gutiérrez y yo.

Tal era la potencia de Saborea, que los vuelos estaban colmatados y tenía de margen hasta el mediodía. Aproveché y saludé al colega de Asturias Eufrasio Sánchez (lo acompañé a que se tomara la sopa herreña de lapas) y más abrazos con varias personas, antes de tomar mi puesto como miembro del jurado del Campeonato de Ensaladilla para no profesionales. Entre ellos, Diego y Miguel, que representaban las buenas viandas —embutidos de caza y pan de cruz, entre otras— de Saborea Ciudad Real.

Un rato fantástico y con joven ganadora aunque todas las presentaciones brillaron a gran altura, doy fe. Me perdí el ronqueo de un espectacular túnido en el que se contó con Juan Carlos Clemente, coordinador de los Saborea de Canarias, aunque del minucioso despiece me tuvo al tanto Vanessa Arrocha. Queda pendiente para otra ocasión, pero andaré más listo.

Desde las alturas, en el Binter, divisé la Isla de los Volcanes y repasé mentalmente las claves de esta décima edición de Saborea Lanzarote. Me dije: ¡Caramba, siempre ha estado impactante, pero lo de este año ha sido descomunal!

Me preguntaron cuando llegué a casa, claro. «¡Descomunal!», exclamé con todos los argumentos (anteriormente expuestos) a mi favor.

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