Lluís Serra

El saludable aguacate que no es sostenible cultivar

El aguacate es salud para el ser humano, pero es un derroche medioambiental, sostiene el doctor Serra en este artículo de su serie “Come con ciencia”. Por el elevado consumo de agua para su cultivo «se convierte en un dilema: al comprarlo, y consumirlo en abundancia, contribuyes a empeorar las consecuencias del cambio climático», señala. [En PELLAGOFIO nº127 (2ª época, marzo 2024)].

Las plantaciones de aguacate se han hecho un hueco en Canarias sustituyendo plataneras y viñedos

Por LLUÍS SERRA
Catedrático de Medicina Preventiva y Salud Pública (Universidad de Las Palmas de Gran Canaria)

El aguacate se ha convertido en los últimos años en una de las frutas más vendidas en España. Es el segundo país consumidor en Europa, detrás de Francia. Existe una especie de fiebre del aguacate que se cuela como ingrediente o protagonista principal en desayunos, comidas y cenas, invadiendo las redes sociales y las cartas de nuestros restaurantes.

Esta fruta contiene una gran cantidad de grasas monoinsaturadas (ácido oleico, como el aceite de oliva), fibra y otros micronutrientes necesarios para nuestro sistema cardiovascular, como el ácido fólico y algunos minerales. Según un estudio de Harvard, consumir uno o dos aguacates a la semana reduciría el riesgo cardiovascular entre un 15 y 20%. Pero hay que señalar que las personas que consumen regularmente esta preciada fruta tienen un mayor nivel socioeconómico y cultural, con unas dietas y unos estilos de vida más sanos que quienes no la consumen.

Un estudio publicado recientemente en The American Journal of Medicine recomienda consumir más de un aguacate al día para prevenir enfermedades cardiovasculares o inflamatorias intestinales. Este estudio, sin embargo, está financiado por el poderoso sector de esta fruta.

Originario de México, llega a Europa tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, aunque no es hasta mucho más tarde cuando se convierte en uno de los indispensables de la cesta de la compra

Es cierto que el aguacate tiene múltiples propiedades para la salud, pero siempre he insistido en estas páginas en el hecho de que un solo alimento no condiciona por sí solo un beneficio sanitario, pues lo importante es el patrón alimenticio. Quizás la única excepción a este concepto es el aceite de oliva virgen extra que, en sí mismo nos proporcionará el 20% de las calorías que consumimos. Otros beneficios descritos para el aguacate han sido la reducción del colesterol y la diabetes, así como las dolencias articulares, y la mejora de la piel y el cabello, entre otros.

Las plantaciones de aguacate se han hecho un hueco en Canarias entre las plataneras, cañas de azúcar y viñedos, siendo La Gomera uno de los lugares en los que más se cultiva.

Originario de México, llega a Europa tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, aunque no es hasta mucho más tarde cuando se convierte en uno de los indispensables de la cesta de la compra. Los aztecas de México y Guatemala lo conocían como ahuacatl, que significa «testículo». Los españoles denominaron a esta fruta «pera de las Indias» antes de traerla a España. En Canarias no hace su aparición hasta el siglo XVIII. En Estados Unidos se populariza en la década de los años ochenta del siglo XX. En nuestro país su fiebre empieza hace menos de una década.

Producir un kilo de aguacates consume casi 1.800 litros de agua. ¿Te imaginas que al llevar un kilo de aguacate del mercado a casa tuvieras que transportar las 360 garrafas de agua que se necesitan para su cultivo?

En Canarias, sólo durante los últimos diez años, se ha duplicado la superficie cultivada, existiendo más de mil agricultores dedicados a este árbol. En cuanto a su cultivo, son diferentes las variedades de aguacates en las Islas: Fuerte, Hass, Bacon, Pinkerton o el Reed.

El riego del aguacate es uno de los aspectos a tener en cuenta para su cultivo. Las raíces de la planta absorben muy rápido el agua y los nutrientes debido a que se encuentran casi en la superficie. Por ello su consumo de agua es uno de sus aspectos más críticos. Se calcula que Producir un kilo de aguacates consume casi 1.800 litros de agua. ¿Te imaginas que al llevar del mercado a casa un kilo de aguacates tuvieras que transportar las 360 garrafas de agua que se necesitan para su cultivo?

Si además tenemos en cuenta que cerca de un 30% de los mismos se desperdician, haz un cálculo de su impacto real. Una persona que consuma un aguacate diario, al final del año ingiere 365 aguacates: representan unos 66 kilos al año. Está consumiendo 120.000 litros de agua: el 1% de la que bebe en ese mismo año, el equivalente a llenar la cuarta parte de una piscina reglamentaria de 25 metros de largo, o la totalidad del agua de una piscina privada de 12 x 5 metros y 2 de profundidad. Y además has invertido más de 500 euros en su compra, algo totalmente prohibitivo para la mayoría de familias.

El consumo diario de aguacate es algo totalmente inasequible e insostenible. Otra cosa es un consumo ocasional

Por ello el consumo diario de aguacate es algo totalmente inasequible e insostenible. Otra cosa es un consumo ocasional de una o dos raciones por semana, como recomienda la Universidad de Harvard.

Como ya he dicho, para cultivar el aguacate (alguna especie más que otra) durante todo el año y en cualquier clima se necesita muchísima agua. En California lo plantan en laderas regadas como campos de golf. En México ha ocupado cada centímetro fértil del estado de Michoacán. En Chile está dejando sin agua de consumo humano a los mismos campesinos, que pierden sus hectáreas conforme las multinacionales del sector invaden tierra y selva.

Lo mismo en nuestro Levante, donde se arrancan cítricos para plantar aguacates y luego los agricultores se quejan de la falta de agua para sus regadíos. O lo mismo que sucede en la Palma con los viñedos. El aguacate encarna el drama mundial del agua, con lo cual se convierte en un dilema: al comprarlo y consumirlo en abundancia contribuyes a empeorar las consecuencias del cambio climático y eludes tu responsabilidad para contribuir a su mitigación.

Eso sí, nutricionalmente todo son bondades. A veces más o menos exageradas, según quien financie los estudios. O según el influencer de turno, que nos invita a desayunar tostadas de pan integral de espelta con aguacate y leche de coco o de avena, en lugar de un buen tazón de gofio con leche de cabra. Y lo peor es que, incomprensiblemente, muchos bobos les hacen caso.

En esto de la alimentación, mi refrán de hoy es: “Aunque creas saber mil cosas, pregunta al sabio que sabe una”.

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