Arqueología

Antiguo ingenio azucarero a salvo de piratas en Vilaflor

Arqueología del "oro blanco", el cultivo de la Conquista en Canarias

Los ingenios azucareros, que se pusieron en marcha con la conquista castellana de las Islas para obtener el preciado «oro blanco» de la época, poblaron las medianías y costas de Gran Canaria (cinco localizados y excavados) y Tenerife (uno solo excavado y a unos sorprendentes 1.000 metros de altitud). [En PELLAGOFIO nº130 (2ª época, junio 2024)].

■ El ingenio, una actividad más
Mientras otros grandes propietarios apostaron todo por el azúcar y luego se arruinaron con la competencia del azúcar de América, Pedro Soler diversificó sus negocios. Tenía el ingenio de azúcar de Vilaflor, pero producía sal en Los Cristianos (salinas del Guincho), trigo en las medianías y brea en la cumbre ●

■ Corsarios y piratas, al acecho
La costa de sur de la isla de Tenerife era frecuentada por piratas y apenas estaba vigilada por la Casa Fuerte de Adeje (construida en 1556). Aquí estaba el gran ingenio azucarero de Pedro de Ponte quien, sin embargo, «hacía trapicheos económicos con el corsario inglés Hawkins, que llegó a hospedarse en la misma fortaleza», explica el arqueólogo Sergio Pou ●

■ En busca del cubo perdido
Después de tres campañas (2019, 2020 y 2022), la próxima excavación esperan realizarla en 2024. Hasta ahora han excavado un 40% del yacimiento del ingenio, falta excavar otro 60% en el que esperan localizar la ubicación del cubo del molino, del que ya tienen algunas pistas observando el recorrido de la acequia del estanque del que se abastecía ●

Por YURI MILLARES

Cuatro islas canarias —Gran Canaria, Tenerife, La Gomera y La Palma— se dedicaron de inmediato a la elaboración de azúcar tras la conquista del archipiélago, un producto muy bien pagado entre la aristocracia europea de aquellos siglos XV y XVI. De hecho, «los primeros cañaverales de Gran Canaria se plantan en 1483 “cuando todavía subsisten núcleos de resistencia indígena en la isla y no se han producido los primeros repartos oficiales de tierras y aguas”», decíamos en el anterior número de Pellagofio.

En las dos primeras, el número de ingenios azucareros que se establecieron fue bastante numeroso. Hay inventariados unos 27 en Gran Canaria y 19 en Tenerife —una cifra sólo aproximada—, pero la inmensa mayoría están desaparecidos, sepultados, destruidos. Apenas han sido excavados o prospectados cinco en la isla de los guanartemes, frente a uno solo en la isla de los menceyes.

Topónimos como El Ingenio, Las Casas de Purgar, El Molino o El Cubo dan pistas a los arqueólogos para buscar sus localizaciones

Ortofoto del yacimiento. En el recuadro blanco, lugar de las excavaciones (E1, casa de purgar; E3, fogones). En E2 hay un horno de teja y en E4, la posible ubicación del cubo del molino. | FOTO SERVENTÍA PATRIMONIO INNOVACIÓN Y COMUNICACIÓN

Lo sorprendente de este último yacimiento radica en su ubicación. Pero no es la única curiosidad: tampoco era un ingenio azucarero al uso, por sus pequeñas dimensiones. Los arqueólogos Sergio Pou y Enrique Fernández (Serventía Patrimonio Innovación y Comunicación) son los codirectores de las tres campañas de excavación realizadas hasta el momento, tras un trabajo de investigación para localizar el ingenio que citaban documentos antiguos y las pistas que proporcionaba la toponimia.

«En Tenerife los ingenios están más o menos localizados por la toponimia: El Ingenio, Las Casas de Purgar, El Molino, El Cubo. “Aquí hubo algo”, piensas. Y luego la documentación escrita nos pone algunas pistas», detalla Pou. Pero en la isla, añade, «la población se ha centrado históricamente en medianías y ha ido creciendo y creciendo. De modo que tú vas a buscar el ingenio azucarero y tienes un desarrollo urbanístico, va a estar debajo».

«Para Tenerife se venía diciendo hace tiempo que sólo había 15 o 16 ingenios y se citaban los mejores, los más grandes. Pero funcionando en la periferia de estos sitios había otros pequeños que no se habían tenido en cuenta. Entre ellos el de Vilaflor», insiste. Pero si el azúcar «necesita que la caña esté a 300 metros en el norte, o a 350-400 m en el sur de la isla por el clima un poco más seco que permite subir un poco más el cañaveral, ¿dónde estaba el cañaveral si el ingenio estaba tan arriba?», se pregunta Pou.

Primera pista: en el Cabildo de Tenerife hay una ficha de excavación de una zona de Vilaflor con muchos restos de cerámica raros

Las pistas del hallazgo
En Serventía empezaron por investigar el inventario de excavaciones del Cabildo de Tenerife. Primera pista: hay una ficha de una zona de Vilaflor con muchos restos de cerámica raros. «No eran ni históricos a torno, ni aborígenes que es a mano, junto a unas estructuras gruesas de muros», dice.

En una época de ataques piráticos, el corsario John Hawkins fue socio de las familias Soler y Ponte. | FOTO WIKIMEDIA COMMONS

Segunda pista: la documentación de la familia Soler, en algún caso un poco ambigua, pues decía que «traficaban con azúcar». ¿Comerciaban porque la compraban a su vecino Ponte, propietario del gran ingenio azucarero de Adeje, o porque la producían? La respuesta la dio otro documento con la solicitud en 1602 de un mayorazgo por parte del nieto de Pedro Soler, fundador de Vilaflor.

«Este catalán llega a Tenerife tardíamente. No es de los primeros colonos, que consiguen tierras y aguas por ayudar a la conquista los primeros años tras 1496 —explica Sergio Pou—. Él llega en torno a 1515, se compra una casa en La Laguna y empieza a relacionarse con la oligarquía local». Estas relaciones lo llevan a casarse con la hija de Juan Martín de Padilla y heredar sus propiedades en la comarca de Chasna.

Pedro Soler puso en marcha un ingenio azucarero en Vilaflor en torno a 1520. Se estima que pudo estar funcionando apenas unos 50 años, según se desprende de ese documento de su nieto solicitando mayorazgo, pues menciona el tanque de agua que abastecía al ingenio. «…debajo [del tanque] estava el yngenio» dice en pasado, indicando que ya en 1602 el ingenio era historia.

Tercera pista: con la información recopilada, consultan la toponimia en los mapas. «Aparecen los Hornitos del Ingenio en una zona al sur de Vilaflor, casi al límite con el municipio de San Miguel. Tenía que ser la fornalla, donde estaban los fogones. Otros topónimos próximos eran Barranquillo del Ingenio y Gangorra (vocablo, cree Pou, para denominar al palo con el que se removía la melaza que estaba dentro de las grandes ollas para que espesara homogéneamente).

Excavaciones, explicaciones
Con la ficha de la prospección arqueológica del Cabildo que cita esa cerámica extraña y la documentación de los Soler como argumento, deciden ir al sitio en una primera campaña en 2019. Comprobaron que, en efecto, había mucha cerámica rota en el suelo. «Observamos que eran fragmentos de piezas cónicas, no eran de uso doméstico y su pasta rojiza indicaba que era cerámica importada».

Clasificación de materiales y estudio ceramológico integral del registro arqueológico de la primera campaña de la intervención arqueológica en el yacimiento del antiguo ingenio azucarero de Vilaflor. | FOTO SERVENTÍA PATRIMONIO INNOVACIÓN Y COMUNICACIÓN (haz CLIC para verla a tamaño mayor)

La cosa estaba clara. Eran los restos de los conos (hormas o formas) donde se vertía la melaza del azúcar, se purgaba, secaba y refinaba, con una boca ancha por arriba y un pequeño agujero (furo, en la terminología azucarera portuguesa) por debajo. De ahí se extraía el pan de azúcar, rompiendo a veces la pieza de cerámica para poder sacarlo. La fortuna quiso que al excavar al pie del grueso muro donde estaban esos restos lograran desenterrar uno en muy buen estado. «Podemos presumir de que tenemos en el yacimiento la primera horma del siglo XVI casi entera de Tenerife», sonríe.

Tenían identificado el estanque que abastecía el ingenio un poco más arriba y lo que habían localizado, junto a ese muro, es el área de purgar y lo que parecen ser dos fogones, aunque muy deteriorados. «Este recinto era donde se colocaban, en unos entarimados de madera, las hormas —esos conos— con su azúcar para que fuera goteando el sobrante de la melaza con la que luego se hacía otro azúcar de segunda calidad».

Los ingenios azucareros de la época y su «oro blanco» eran muy visibles con las humaceras que desprendían

En un lugar apartado
«En este yacimiento no hemos encontrado muchos más indicios. Las excavaciones están empezando. Está en un lugar apartado a mil metros de altura respecto a la costa y del cañaveral, que estaba a 400 metros por debajo. El pueblo de Vilaflor está todavía a 700 metros más arriba. Eso sí, está junto al camino real que lleva de Vilaflor al ingenio y del ingenio a la costa para la comercialización del azúcar, transporte que se hacía con bueyes hasta los lugares de embarque», dice Sergio Pou.

Queda resolver la gran pregunta: ¿por qué a mil metros de altura?  «Pensamos que por tres razones», destaca. Una es que el ingenio necesita agua y en el sur de Tenerife está arriba en la cumbre. Había que hacer canalizaciones de madera, embreadas, para llevarla hasta el cañaveral, algo muy costoso. Dos, la madera necesaria como combustible y para construcciones. La tercera y poderosa razón es que la isla era frecuentada por piratas y corsarios que buscaban como botín el azúcar. Era el oro blanco de la época y los ingenios azucareros eran muy visibles con las humaceras que desprendían.

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