Arqueología

Canarias, el único archipiélago sin navegación indígena… ¿o no?

LA HUELLA ABORIGEN. Con alguna información de fuentes escritas y sin evidencias arqueológicas que lo confirmen aún –si bien hay grabados que representan embarcaciones o restos de obsidiana en islas sin vetas similares–, el debate sobre los conocimientos y las prácticas náuticas de los aborígenes canarios sigue abierto. [En PELLAGOFIO nº 89 (2ª época, octubre 2020)].

■ FUENTES ETNOHISTÓRICAS
Datos para sustentar la comunicación interinsular de los guanches

Por FRANCISCO GARCÍA-TALAVERA

El geólogo, paleontólogo y explorador hace un repaso, en este artículo que ofrecemos íntegro (incluyendo la bibliografía), por leyendas, toponimia y fuentes escritas para poner en duda la afirmación de muchos investigadores de que los guanches (“me refiero a todos los primeros pobladores de origen norteafricano líbico-bereber que arribaron al archipiélago”) no navegaban…
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■ REFLEXIONES
Un debate abierto, ¿navegaban los indígenas canarios?

Escriben JOSÉ FARRUJIA, CARMEN GLORIA RODRÍGUEZ, JORGE PAIS, MARCOS MORENO Y JAVIER VELASCO

Tras la difusión del artículo de Francisco García-Talavera aportando información documental sobre el tema, PELLAGOFIO ha pedido a algunos historiadores y arqueólogos una pequeña reflexión, ¿Navegaban los aborígenes canarios entre las islas del archipiélago?, para acompañar el reportaje de esta página…
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■ El ataúd que parece canoa

Encontrado en la desaparecida necrópolis del Maipez de Abajo (Agaete) y hecho de madera de pino, “es una pieza excepcional y única. En Canarias no hay minerales de los que obtener metales; el tronco lo vacían y de la misma pieza sacan la tapa sin que se les parta” dice Teresa Delgado, conservadora de El Museo Canario (en la foto, junto al ataúd). Excavado por los indígenas de Gran Canaria en el s. X, que tenga tapa y un sistema de cierre parece descartar que fuera una canoa reutilizada como ataúd ●

■ Grafitos barquiformes

“Aunque seguramente el panel recoge elementos diacrónicos, como parece deducirse de la falta de proporción entre el gran barco mercante y la barca que lo acompaña. El conjunto de Barranco Hondo [en Tenerife] nos proporciona información sobre dos tipos de embarcaciones (…), una tal vez aborigen y otra indiscutiblemente tardorromana”, escribe Víctor M. Guerrero Ayuso (“Canarias en el contexto de las navegaciones Atlánticas de la antigüedad”, Sagvntvm nº 40, 2008, pág. 48) ●

■ La vela, una estera de palma

Después de leer Descripción e historia del reino de las Islas Canarias: antes Afortunadas, con el parecer de sus fortificaciones, escrito por Torriani en 1590, a Francisco Peraza se le metió una idea en la cabeza. “Me encuentro con la lectura donde describe lo que le contaron los guanches, referente a sus embarcaciones conocidas por el nombre de arguin. ¡Tenía que hacer una embarcación para demostrar que los guanches navegaban!”, dice mostrando la vela de estera que utilizó ●

Por YURI MILLARES

La reciente publicación de un artículo por el investigador Francisco García Talavera en el que argumenta que los guanches navegaban en barcos de drago, ha vuelto a poner de actualidad una incógnita que sigue sin resolverse: ¿son los indígenas canarios los únicos habitantes de un archipiélago del planeta que no navegaban? Entre otros datos, cita el documento notarial de 1525 incluido en el libro Testamentos de canarios, gomeros y herreños (1506-1550) (2018) [1], por el que se obliga “al canario Pedro Luis” a pagar cierta cantidad de monedas de oro “por una barca de drago” que había comprado. “Corrobora fehacientemente lo que narraba Torriani acerca de la navegación de los antiguos canarios en embarcaciones construidas con troncos de drago”, insiste.

También cita la incógnita no resuelta de la aparición de obsidiana (una roca volcánica de la que se pueden extraer lascas muy afiladas útiles para cortar con ellas) en algún yacimiento de La Gomera, isla donde aún no se ha encontrado ninguna veta de este vidrio volcánico.

«Al leer ‘Historia del pueblo guanche’ comienzo a descubrir un montón de cosas y pensé que tenía que comprobarlas»FRANCISCO PERAZA

Francisco Peraza, escultor autodidacta de piedra chasnera en Arico (Tenerife), ha llevado su pasión por la lectura de publicaciones sobre el pasado de las islas Canarias a documentar experimentalmente lo que iba leyendo. “Cuando salió el libro de Juan Bethencourt Alfonso [Historia del pueblo guanche] comienzo a descubrir un montón de cosas y pensé que tenía que comprobarlas, lo que se llama arqueología experimental o trabajo de campo”. Como ejemplo cita haber leído que un solo junco podía soportar 80 kilos de peso. “Entonces cojo un junco, lo divido en cuatro y lo contorsiono para hacer una cuerda enrollada, no una trenza, y lo someto a la carga que dice Bethencourt y, efectivamente, resistió 80 kilos (no le puse más)”, ríe.

La barca de drago que se fabricó Francisco Peraza, en la playa del Porís de Abona y navegando por la costa sur de Tenerife. | FOTOS CEDIDAS POR FRANCISCO PERAZA

Pero el mayor hito que su curiosidad le ha llevado a experimentar llegó tras la lectura de Leonardo Torriani, que en 1590 escribió de los indígenas de Gran Canaria: “Pescaban con cuerdas de cuero y con anzuelos de huesos de cabras; y hacían las redes de yerbas y de palmas, parecidas a las que se usan en los ríos de Lombardía, que son cuadradas y cuelgan de una percha larga. También hacían barcos del árbol drago, que cavaban entero, y después le ponían lastre de piedra, y navegaban con remos y con vela de palma alrededor de las costas de la isla; y también tenían por costumbre pasar a Tenerife y a Fuerteventura y robar” [2].

Encontrar un drago, una especie protegida, iba a ser “muy complicado” pensó. Sin embargo, la casualidad quiso que, un día de finales del siglo XX, cayera un drago justo enfrente de su casa. Inspeccionado por técnicos del Cabildo, el drago enfermo era irrecuperable, así que obtuvo el permiso del vecino en cuya propiedad estaba el Dracaena draco para llevárselo. Primero tuvo que aliviar peso para poder transportarlo, pues su interior fibroso contiene gran cantidad de agua. “Le quité las ramas mayores y lo abrí para vaciarle el interior. Después ya lo pudimos traer a mi casa entre dos personas. El vaciado es muy fácil, porque es una fibra muy jugosa, hasta con la mano coges y aprietas. Luego se raspa el interior”, recuerda.

Tratada con látex de tabaiba y dotada de un mástil de granadillo, se hizo a la mar con la barca de drago

Una vez concluida la barca, tratada con látex de tabaiba y con la proa y popa terminada en unos ramales, dotada de un mástil de granadillo (Hypericum canariensis) y una vela de estera de palma, se hizo a la mar. “Pesó unos 38 kilos. Da la impresión de pesar más, pero no es madera. Tiene una ventaja: lo hundí intencional conmigo dentro ¡y flota igual! Comencé a vaciarle el agua y recuperó la flotación”, relata. Precisamente, su poco peso es lo que explica que Torriani detallara que llevaban lastre de piedras en su interior y así lo hizo él también “para que fuera más estable”.

Con ayuda de unos remos salió de la playa de la Punta de Abona “que es buena de arena, para que el barco no se pueda dañar y salí de la bahía hasta coger los vientos en el Porís de Abona”, continúa relatando. “Fue todo un éxito, porque salí de la bahía y me fui como a un kilómetro con las brisas, navegando un poco”. La experiencia la repitió varios días más.

Peraza pone sobre la mesa todavía algunos libros más, todos ellos refrendando el argumento de la navegación entre las aborígenes. Entre ellos, el libro de Rafael González Antón y María del Carmen Arco Aguilar Los enamorados de la Osa Menor. Navegación y pesca en la protohistoria de Canarias, editado por el Museo Arqueológico de Tenerife en 2007. Citando a Gomes Scudero (s. XVII), Marín y Cubas (1687) y, especialmente, a Sosa (1678), insisten en que los indígenas canarios utilizaban nasas de junco para pescar sardinas, lisas o lebranchos, y “llévanlas en barquillos a una legua poco más o menos al mar”. Que calaran nasas en el mar significa, dicen los autores, “la existencia de barcos, propuesta negada reiteradamente por los estudiosos canarios”.

«El grabado de una barca de varillas forrada en piel en Tenerife sugiere una creación aborigen, pues no existe en el occidente africano ni europeo»VÍCTOR GUERRERO

En el artículo de Víctor Guerrero Ayuso “Canarias en el contexto de las navegaciones atlánticas de la Antigüedad” [3], quien fuera profesor de Prehistoria de la UIB (Universitat de les Illes Balears) analiza grabados rupestres canarios de temática naval, algunos de los cuales pudieron corresponder a barcas indígenas. “Las comunidades aborígenes no habrían tenido ninguna dificultad en guarnir con aparejos elementales, como por ejemplo velas de fortuna sobre berlingas, a sus artilugios navales”, opina después de observar en El Museo Canario “una magnífica muestra de tejidos de palma y cordelería”.

El conjunto de Barranco Hondo (en Tenerife), detalla, incluye “dos tipos de embarcaciones muy distintas, que con toda probabilidad obedecen a otras tantas tradiciones de arquitectura naval con raíces diversas, una tal vez aborigen y otra indiscutiblemente tardorromana”. De la primera de ellas escribe que “barcas con estos perfiles las encontramos en el Bronce Chipriota, por citar un ejemplo claro y suficientemente conocido. La posibilidad de que estas barcas chipriotas tuviesen el casco forrado de piel introduce un nuevo elemento de discusión que igualmente podría ser aplicado a la barcaza de Barranco Hondo”.

Grabado que representa una barca de varillas forrada con piel en el barranco de Adonai (Tenerife). | REVISTA SAGVNTVM nº40 (2008)

También en Tenerife, se detiene a analizar el grafito barquiforme en el barranco de Adonai, “cuya ejecución tiene elementos que permiten sugerir que nos encontramos ante una barca de varillas forrada con piel”, dice. “Un problema irresoluble por el momento es su cronología. El lugar donde ha aparecido carece de contexto que nos permita una propuesta fundamentada de datación. En principio puede admitirse que se trate de un artilugio para navegar de la población guanche, tal vez precastellana, aunque este tipo de tradiciones puede sin duda perdurar mucho. Lo que por fuerza debe resaltarse es que las poblaciones europeas occidentales, tanto en la Edad Antigua, como posteriormente, no conocían ni emplearon este tipo de artilugio naval”, detalla.

Y añade: “Tampoco existe el más mínimo rastro, ni arqueológico, ni etnográfico, de este tipo de barcas en el occidente africano. Lo que podría sugerir que estamos ante una creación propiamente aborigen, utilizando tal vez pieles curtidas e impermeabilizadas de las cabras, que tan abundantes eran en la cabaña ganadera de todas las islas”.

En su visita a El Museo Canario, por cierto, no pasó por alto el ataúd excavado en el tronco de un Pinus canariensis de la necrópolis del Maipez de Abajo (Agaete), que pudo observar en una de las vitrinas. “A ojo desnudo, presentaba las mismas estrategias operativas para la construcción que todas las canoas monóxilas que conocemos desde el mesolítico y que en muchos entornos geográficos siguen utilizándose en la actualidad. Su amortización definitiva como ataúd es perfectamente compatible con una utilización primigenia como canoa”.

«El proceso de manufacturación del ataúd de Agaete es parecido al de una piragua neolítica, vaciando el tronco del árbol, pero tiene una particularidad relevante: va asociado a una tapa»PALOMA VIDAL

Pero confirmar “un diagnóstico definitivo de esta eventual canoa-sarcófago debería ser sometida a un minucioso estudio”, advierte. Es algo que sí ha hecho, años después de que Guerrero escribiera este artículo, la antracóloga Paloma Vidal Matutano. “El proceso de manufacturación que presenta es parecido al de una piragua neolítica, vaciando el tronco del árbol”, responde, preguntada por PELLAGOFIO. “Sin embargo, el acabado presenta una menor inversión de esfuerzo que el que se puede observar en las piraguas. Además, el ataúd de Agaete presenta una particularidad relevante: estaba asociado a una tapa. Dicho elemento de cubrición no es más que la sección tangencial del tronco, extraída en primer lugar (probablemente mediante cuñas de madera) para posteriormente comenzar con el vaciado del tronco”.

“Si bien las fuentes narrativas hablan de la existencia de ataúdes confeccionados con madera de tea, siendo una práctica funeraria reservada en principio a los «nobles», este es el único caso detectado en todo el archipiélago –añade–. Por tanto, se trata de una evidencia excepcional con paralelos en otras culturas geográfica y cronológicamente diferentes”.

En su opinión, “a pesar de que no podemos descartar un posible uso como embarcación, previamente a su amortización como ataúd, es una cuestión difícil de determinar. Cierto es que en el análisis de maderas desecadas que estamos llevando a cabo en El Museo Canario hemos detectado, mediante la combinación de la tafonomía antracológica junto con la arqueoentomología, posibles evidencias de reutilización de maderas como tablones funerarios. Sin embargo, en el caso del ataúd de Agaete yo me inclino por pensar que su fabricación estuvo ligada al propósito de servir como ataúd. De lo contrario, no tendría sentido la presencia de la cobertura del ataúd, a no ser que esta tapa perteneciera a otro pino y se fabricara posteriormente para su uso como ataúd… Pero todo parece indicar que no, puesto que sus dimensiones y forma encajan con la obertura que presenta el ataúd”.

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[1] Leopoldo Tabares de Nava y Marín y Lorenzo Santana Rodríguez, Testamentos de canarios, gomeros y herreños (1506-1550), Fontes Rerum Canariarum LIII, Instituto de Estudios Canarios, La Laguna (Tenerife), 2018, 505 pp.

[2] Leopoldo Torriani, Descripción e historia del reino de las Islas Canarias: antes Afortunadas, con el parecer de sus fortificaciones, Goya Ediciones, Santa Cruz de Tenerife, 1959, p. 113.

[3] Víctor M. Guerrero Ayuso, “Canarias en el contexto de las navegaciones Atlánticas de la antigüedad”, Sagvntvm nº 40, 2008, pp. 37-62.

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