Arqueología

Cielo y tierra en Risco Caído, la potencia de un paisaje

LA HUELLA ABORIGEN. La declaración como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco de Risco Caído abarca un territorio de 17.982 hectáreas de “imponentes riscos, acantilados, profundos barrancos y formaciones volcánicas monumentales” en Gran Canaria. Se gestó en una propuesta moldeada por científicos y expertos centrada originalmente en una cueva singular como templo conectado con el cielo, pero acabó reconociendo la grandiosidad aún mayor del paisaje cultural que moldeó la población indígena. [En PELLAGOFIO nº 78 (2ª época, septiembre 2019)].

Por YURI MILLARES

Con el fin de “identificar y proteger el patrimonio natural y cultural más importante de nuestro planeta” la Unesco ha reconocido ya más de un millar de sitios en 167 países como Patrimonio de la Humanidad. Desde el 7 de julio de 2019, entre esos sitios se encuentra como paisaje cultural en la Lista del Patrimonio Mundial el que ha sido denominado “Risco Caído y los espacios sagrados de montaña de Gran Canaria”.

Ubicación del «Espacio cultural de Risco Caído y las espacios sagrados de montaña de Gran Canaria». En rojo la superficie del bien declarado Patrimonio Mundial (9.425 hectáreas) y en verde la superficie de la Zona de Amortiguamiento (8.557 has), que suman 17.982 has. | ILUSTRACIÓN INCLUIDA EN EL DOCUMENTO CON LA PROPUESTA DE NOMINACIÓN QUE PRESENTÓ EL CABILDO DE GRAN CANARIA

La propuesta elaborada por el Cabildo de Gran Canaria fue incluida en la lista provisional el 29 de enero de 2016 como candidata. Desde su gestación original previa, hasta que finalmente fue aprobada por el Comité del Patrimonio Mundial de la Unesco, reunido en Bakú (Azerbaiyan), fue evolucionando, modificando el ámbito de la misma.

Centrada inicialmente en una cueva singular del poblado troglodita de Risco Caído como templo conectado con el cielo, acabó reconociendo la grandiosidad aún mayor del paisaje cultural que moldeó la población indígena en todo el territorio que la circunda. Una propuesta que fue sometida a escrutinio y recomendaciones de contenido por científicos y expertos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y del Consejo Internacional de Monumentos y Sitios (Icomos, una organización mundial no gubernamental asociada con la Unesco).

«Siendo Risco Caído una pieza clave para una lectura nueva del mundo aborigen, lo que no existe en otros sitios del planeta es una cultura bereber aislada durante quince siglos»JOSÉ GUILLÉN, arqueólogo

Siendo Risco Caído el origen de la propuesta “por ser un elemento excepcional, empieza a moverse con asesoramiento internacional y se llega a la conclusión de que, siendo importante y pieza clave para una lectura nueva del mundo aborigen [en Canarias], lo que no existe en otros sitios del planeta es una cultura bereber aislada durante quince siglos que da forma a un paisaje que, además, es muy potente”, explica a PELLAGOFIO José Guillén, uno de los arqueólogos del Cabildo implicados en el proyecto.

Fue así como la propuesta de Patrimonio de la Humanidad para un monumento (las cuevas de Risco Caído), derivó en un paisaje cultural (las montañas sagradas de los indígenas isleños) “con unos elementos simbólicos todavía hoy como los roques Bentayga y Nublo: bajo el paraguas de un espacio sagrado con connotaciones astronómicas está todo un mundo cultural aborigen con un nexo hasta la actualidad: casas-cueva, cerámica, pastoreo, trashumancia, incluso todavía se cultiva la misma cebada que cultivaban los aborígenes”, destaca Guillén.

Tras el júbilo… el incendio
Apenas un mes y medio después de que la noticia llenara de júbilo a todos los canarios, el 17 de agosto la noticia de un terrible incendio forestal afectó de lleno al recién nombrado Patrimonio Mundial. El arqueólogo José de León, inspector de Patrimonio del Cabildo y director técnico del proyecto, realizó varias visitas a la zona en cuanto las condiciones lo permitieron, para evaluar los daños.

El pinar de Tamadaba, que forma parte del territorio declarado Patrimonio Mundial, durante el incendio de agosto de 2019. | FOTO TATO GONÇALVES

«Se quemó más del 50% de la zona núcleo, el patrimonio etnográfico o el pinar ha sido más castigado, pero el paisaje cultural está vivo, la trashumancia, la agricultura»JOSÉ DE LEÓN, arqueólogo

“Se quemó más del 50% de la zona núcleo, pero desde el punto de vista del Patrimonio Mundial, las montañas sagradas y los yacimientos arqueológicos se han visto muy poco afectados. Otro tema es el patrimonio etnográfico o el pinar, que ha sido más castigado, pero el paisaje cultural está vivo, la trashumancia, la agricultura, el centro locero”, responde al ser preguntado por PELLAGOFIO, señalando que urge “poner en marcha un plan estratégico de apoyo al sector primario” [ver artículo «Pese al devastador incendio, el paisaje cultural sigue vivo»].

El pastor trashumante José Mendoza (Pepe el de Pavón) atraviesa un pinar de la cumbre con sus ovejas. | FOTO YURI MILLARES

La huella aborigen pervive
El “Paisaje cultural de Risco Caído y los espacios sagrados de montaña de Gran Canaria”, ocupa una extensa zona montañosa del centro de la isla, delimitada por la Caldera de Tejeda e incorporando gran parte de su cuenca, el cauce y laderas de Barranco Hondo y el macizo boscoso de Tamadaba, explica el documento con la “Propuesta de inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial” que finalmente se presentó en Bakú.

“A pesar de la enorme presión poblacional y urbanística que ha sufrido la isla de Gran Canaria en las últimas décadas, el paisaje natural y humano” de este espacio, dice el documento, “se encuentra escasamente alterado, constituyendo una «isla» de autenticidad en la geografía insular”.

«La huella aborigen ha pervivido en este territorio a través del tiempo y el espacio, manteniendo la cultura troglodita en todo el ámbito o conservando prácticas ancestrales como la trashumancia»Propuesta de inscripción en la Lista del PATRIMONIO MUNDIAL

“La huella aborigen ha pervivido en este territorio a través del tiempo y el espacio, modelando el paisaje, manteniendo la cultura troglodita en todo el ámbito o conservando prácticas ancestrales de manejo de los recursos como la trashumancia, los singulares cultivos aterrazados o la gestión del agua y sus estanques cueva”, podemos leer. Una huella que se remonta a una cultura insular desaparecida que evolucionó durante 1.500 años en total aislamiento, desde los primeros bereberes o amaziges que llegaron del norte de África, hasta que se produce la Conquista castellana en el siglo XV.

Ganado trashumante de ovejas de raza canaria atraviesa la cumbre (al fondo, el roque Bentayga) yendo de la vertiente norte de la isla a la vertiente sur. | FOTO YURI MILLARES

Los criterios en los que se ha basado y aceptado la inscripción de este paisaje cultural son dos de los posibles para incorporar un sitio en el Patrimonio Mundial de la Unesco.

Son los denominados III (“Aportar un testimonio único, o al menos excepcional, sobre una tradición cultural o una civilización viva o desaparecida”) y V (“Ser un ejemplo destacado de formas tradicionales de asentamiento humano o de utilización de la tierra o del mar, representativas de una o varias culturas, o de interacción del hombre con el medio, sobre todo cuando éste se ha vuelto vulnerable debido al impacto provocado por cambios irreversibles), que la Propuesta desgrana y argumenta.

Del primer criterio, destaca que esa civilización desaparecida desarrolló “una cultura astronómica en íntima sintonía y relación con el medio natural y el paisaje circundante. Buena prueba de ello son los templos con conexiones astronómicas entre los que destacan los almogarenes del Roque Bentayga y la cueva en Risco Caído, que representa la cúspide de la evolución de estas manifestaciones”.

Del segundo criterio, detalla que “los asentamientos trogloditas aborígenes de la Caldera de Tejeda y su entorno, constituyen una muestra irrepetible de este tipo de hábitats humanos en las antiguas culturas insulares (…). El colosal escenario geológico y los paisajes naturales se fusionan con los asentamientos de cuevas rupestres, santuarios, obras y bancales agrícolas, desarrollando un auténtico paisaje cultural que aún mantiene sus referencias principales, así como sus connotaciones simbólicas y cosmológicas”.

Singularidades de una cultura única
La “Propuesta de inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial” detalla profusamente todos los elementos materiales (monumentos naturales, yacimientos arqueológicos, poblados trogloditas, etc.) e inmateriales (los conocimientos de procedencia prehispánica sobre alfarería, pastoreo, trashumancia, aprovechamiento del agua, utilización de las plantas, etc.) que justifican pertenecer a ella. Son muchos como para poder nombrarlos todos en el espacio de este artículo. A modo de ejemplo, vayan algunos botones.

La Vía Láctea sobre el roque Bentayga. Conocida como El Camino de Santiago en el agro canario, su posición en el cielo marcaba los tiempos de lluvia en distintos ambientes ecológicos (costa, medianías, cumbres) y por tanto el calendario agrícola en cada una de esas zonas. | FOTO CEDIDA POR CABILDO DE GRAN CANARIA (FOTÓGRAFO: NACHO GONZÁLEZ)

Se sabe que el sol, la luna y otras estrellas y planetas fueron las principales deidades de los indígenas canarios (explica citando a investigadores que lo detallan: Jiménez 1990, Tejera Gaspar 1992). También hay numerosas referencias sobre sus conocimientos astronómicos que se habrían plasmado en calendarios solar y lunar del que hay evidencias en cerámicas con inscripciones halladas en diversas islas.

“La investigación arqueoastronómica ha aportado evidencias suficientes sobre los santuarios con conexiones astronómicas que permiten deducir su uso como marcadores equinocciales y solsticiales”, insiste el documento.

Menciona “el uso de la posición del sol y la luna y, probablemente de algunas estrellas, como Sirio o las Pléyades, para el cómputo de tiempo que regiría las actividades agrarias”. Ello “podría haber quedado reflejado en las tradiciones de los campesinos canarios después de la conquista para los que ciertas estrellas (en particular Sirio, el cinturón de Orión y las Pléyades) servían como marcadores de tiempo y para el pronóstico de la predicción meteorológica” (referencia a Barrios García 1997 y Belmonte y Hoskin 2002).

Los almogarenes o santuarios de Risco Caído y del Roque Bentayga son templos “conectados con el cielo, lugares utilizados ya sea para la medición del tiempo, para marcar fechas conmemorativas o celebrar rituales”

Lo que parece claro es que los indígenas canarios, y en este caso, los de Gran Canaria, poseían amplios conocimientos astronómicos. Muchos “estudiosos siguen ignorando los conocimientos matemáticos de los guanches”, decía a PELLAGOFIO el investigador José Espinel Cejas durante una entrevista sobre los juegos de inteligencia de los guanches y las evidencias de calendarios encontrados en La Palma y Fuerteventura.

En el almogarén de Risco Caído, la cúpula de la cueva 6 demuestra el conocimiento de los aborígenes relacionado con la geometría, la geología y la astronomía. | FOTO CEDIDA POR CABILDO DE GRAN CANARIA (FOTÓGRAFO: TAREK ODE)

Conectados con el cielo
Los almogarenes o santuarios de Risco Caído y del Roque Bentayga, por ejemplo, son templos “conectados con el cielo, así como determinadas alienaciones de cuevas y marcadores (…), lugares utilizados ya sea para la medición del tiempo, para marcar fechas conmemorativas o celebrar rituales”. Entre ellos, Risco Caído constituiría “la expresión más compleja en términos constructivos y funcionales”.

El antiguo poblado troglodita de Risco Caído es un asentamiento formado por 21 cuevas excavadas en la toba volcánica, sobre un escarpado acantilado en la margen izquierda de Barranco Hondo. “Este antiguo poblado se encuentra abandonado desde mediados del siglo XX –describe el documento–. No todas las cuevas de Risco Caído fueron viviendas, también se encuentran otras que fueron destinadas a guardar pasto y ganado. Pero llama la atención especialmente el conjunto formado por tres cuevas artificiales alineadas con sus entradas orientadas al naciente. (…) Sobresalen por sus connotaciones astronómicas, ceremoniales y simbólicas (…), dotadas de gran profusión de grabados púbicos y cazoletas”.

Grabados de triángulos púbicos en la cueva 6 de Risco Caído. | FOTO CEDIDA POR CABILDO DE GRAN CANARIA

La denominada por los investigadores “cueva C6” sería específicamente un almogarén o santuario con la singularidad de haber sido excavado con planta circular con una cúpula perfectamente labrada que “dispone de un ingenio óptico o canal de luz excavado que proyecta la luz del sol o la luna llena en una de las paredes de la cámara principal, donde se encuentran precisamente las manifestaciones rupestres en forma de cazoletas y triángulos púbicos grabados en bajo relieve”.

«La Caldera de Tejeda y sus aledaños albergan uno de los conjuntos de manifestaciones trogloditas más singulares y extensos en las culturas insulares del planeta», destaca la Propuesta de inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial

Este poblado se enmarca dentro de la cultura troglodita en las montañas sagradas que este espacio cultural delimita con profusión de ejemplos. “La Caldera de Tejeda y sus aledaños albergan uno de los conjuntos de manifestaciones trogloditas más singulares y extensos en las culturas insulares del planeta –destaca la “Propuesta de inscripción en la Lista del Patrimonio Mundial” –. Se trata de una de las mayores concentraciones conocidas de este tipo de hábitat humano, bien preservada, que expresa una singular concepción de los asentamientos en las culturas antiguas insulares, y que constituye la manifestación más destacada y original de estas expresiones en las islas oceánicas del planeta”.

Y añade: “Muchos pueblos bereberes continúan desarrollando un hábitat troglodita muy similar al canario. En zonas de Túnez, de la Kabilia y del Atlas, por ejemplo (…). Una obra de ingeniería colosal que [en Gran Canaria] perforó montañas enteras, que fabricó pasadizos, galerías, puertas, escaleras, graneros y ventanas colgadas en impresionantes precipicios (…). Gran parte de los asentamientos trogloditas de la Caldera de Tejeda estaban fortificados, porque se construyeron en sitios inaccesibles, siempre en lo alto de roques o cerca de las cimas escarpadas de ciertas montañas”.

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba